Viernes, 22 Mayo, 2020 - 12:38

Las ventajas de pertenecer
Por Aldo Daniel Ávila (*)

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Comenzó a circular en el inconsciente colectivo la creencia de que los empleados del rubro de comercio, poseen ciertos súper poderes o gozan de alguna inmunidad que desconocemos.

Es que el edificio de tribunales -dónde funcionan la mayoría de los juzgados- trabaja de manera muy limitada y sin atención al público ni profesionales. El motivo: la contagiosidad que representa operar con papel.

Ese es el mayor peligro o la principal razón por la que, la flexibilización del aislamiento de dicha actividad, fue más un discurso de ocasión que la posibilidad concreta de poner en marcha los procesos que habían quedado paralizados.

Los cajeros/as de un supermercado manejan billetes (papel), monedas (metal), tarjetas de débito y crédito (plástico), posnet (lector de tarjetas) y, hasta, ayudan en la carga de la mercadería adquirida. Idéntica situación, se da en las farmacias. Ni hablar de las oficinas de los rapipagos donde, no sólo, se maneja dinero sino que deben manipular facturas de agua, luz, teléfonos, prepagas, etc. Todo, por supuesto, en papel.

Y, agreguemos, vienen desarrollando sus tareas desde el inicio del aislamiento. Para ellos no hubo cuarentena. Son servicios, esenciales.

Ahora bien, no se ha registrado un sólo caso de contagio en ninguno de estos rubros. Tampoco en verdulerías, carnicerías, rotiserías ni bancos, y ya se puede ver a la gente jugando pádel y regresando al gimnasio.

Sin embargo, el servicio de justicia sigue funcionando de manera remota y se improvisa sobre la marcha.

La realidad es que, lejos estamos de poder desempeñarnos, cabalmente, con los medios electrónicos disponibles.

Además, los juicios sólo podrán registrar un avance hasta un punto determinado en el que, indefectiblemente, se suspenderán al no haber actividad presencial.

Tanto los procesos sumarios laborales como los del fuero civil y comercial al llegar a la audiencia preliminar (conciliación para que se entienda), no podrán continuar avanzando. Y, no hay recursos operativos para que ello se perfeccione de modo remoto. Al menos, con las seguridades jurídicas que el caso exige.

El Poder Judicial carece de una estructura básica que permita la realización de audiencias de vista de causa, de audiencias de debate en los procesos penales, de funcionamiento de los equipos interdisciplinarios (entrevistas, cámara gesell), etc. etc. Muchos etcéteras.

Esa es nuestra realidad.

Pero, sin embargo, no se habilita la actividad presencial.

Será que hay sectores del servicio público que están siendo preservados porque es imperioso mantenerlos fuera del alcance del virus?

Será que son el reaseguro de la continuidad de las futuras generaciones de la raza humana, en un extremista escenario apocalíptico?

Han aumentado tanto los grupos de riesgos de ese sector, que ver la dignidad con que se desempeñan los empleados del comercio mañana y tarde de todos los días, emociona. Además, lo hacen con alegría y esmero. Ellos sí estarían representando la resistencia.

El otro sector, provocará futuras generaciones de diabéticos, hipertensos y vaya uno a saber con qué clase de enfermedades preexistentes. Hoy todos son de riesgo. Llueven los pedidos de certificados médicos.

En verdad, no me imagino un futuro halagüeño en estos términos. Déjenme nomás con la limitada genética heredada que quiero morir contento, no sé si batiendo al enemigo, pero en el campo de batalla.

No es que uno pretenda ser hijo de Clark Kent o Bruno Díaz o Peter Parker, pero que, tampoco, nos engañen con soluciones inconducentes.

Dejando de lado la ciencia ficción lo único cierto es que, al servicio de justicia lo están suministrando a cuenta gotas, y ello no puede ser posible. No es un servicio esencial. Es fundamental.

Además, no todos están de acuerdo con la falta de trato con abogados, o a determinadas personas en puntuales situaciones. Si nos cuidamos entre nosotros no habría problemas sostienen con franqueza muchos funcionarios y empleados.

Es que sería mejor tratar de ayudarnos en estas circunstancias no deseadas, que intercambiar recetas de cocina por la redes.

De lo contrario la sociedad deberá acordarse de quienes estuvieron bancando la parada en los momentos difíciles.

Acordarse y recordarles cuando se quejen, como siempre, de sus flacos sueldos y del lugar que ocupan en el comparativo con otras provincias, que no estuvieron a su lado cuando los necesitaron.

Puede morir un empleado judicial o un Juez/a? Si, es perfectamente posible. Y? No han muerto médicos y enfermeros y policías y docentes y periodistas y ex-combatientes y, también, niños? Hay riesgos que todos debemos asumir.

La Ley de Exención Impositiva al personal de la sanidad es un golpe directo al corazón de la justicia. Hay que saber mirar.

No se enamoren de la excepcionalidad ya que la misma, únicamente, genera privilegios. No son excepcionales, sólo disfrutan las ventajas de pertenecer.

(*)Abogado.