Lunes, 10 Septiembre, 2018 - 20:50

La semilla que sembró abuela Pilar
Por Mónica Persoglia

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La abuela Pilar sembraba en su “quinta” y me llevaba de la mano enseñandome a distinguir las plantas y tomar las flores.
 
Plantó varias semillas y me dijo: “son plantas que curan, verás como crecen”.Asi poco a poco se fue descubriendo lo que sería el árbol de ambaú, con sus hojas grandes y plateadas, las mismas con que me hacía el té para calmarme la tos y yo la usara también para dársela a mis hijos con  miel.
 
Muchos arboles desaparecieron de la ciudad, pero que fuerza y vida tiene una semilla!!!! Habrá volado por el aire cuando talaron algún árbol por allí. Y nació en mi casa  otro ejemplar, con un tronco firme,  erguido, casi orgulloso, y alcanzó gran altura albergando en su copa las hermosas hojas plateadas.
 
Como cambian los hábitos, cambian los tiempos, ya no tenemos una   quinta, aunque seguimos curándonos con los té de ambau y miel, nuestros terrenos son más pequeños, compartimos los límites con vecinos o consorcios, hay nuevas normas legales de convivencia y del municipio.
 
Miré mi frondoso árbol, y supe que tenía que despedirme de él, su gigantesco tamaño  es un riesgo en esta nueva Resistencia, así, como éstá.
 
Primero juntaré sus hojas y le agradeceré la lección de lo que es una semilla en buena tierra. Pediré lo siembren en donde sea libre y pueda regalar sus curas milagrosas.
 
Buscaré quien lo quite sin dañarlo, y que conozca el oficio. Sacar un árbol, no es un acto reflejo, se lo hace con maestría , casi un arte aunque sea un hachero.
 
Una semilla, la que da fruto en tierra, la semilla de la palabra, que puede cambiar los corazones hacia la sabiduría y la paz.
 
Pensar, que todo empieza con una buena semilla.