Domingo, 12 Abril, 2020 - 21:35

La peste, reacción social y las injusticias de siempre
Por Aldo Daniel Avila (*)

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Hay que aplanar la curva dicen. Hay que hacer efectivo el distanciamiento social pregonan. Estamos alargando, exitosamente, el período de contagio afirman. Porque el 80% del 40% del 15% del teorema de Pitágoras así lo indica de modo inapelable, explican.
 
Lo cierto es que, este aislamiento social, preventivo y obligatorio está generando desigualdades muy fáciles de ver, pero sólo para quienes quieren ver.
 
Y cuando digo desigualdades, hablo de situaciones injustas y dispares para amplios sectores de la sociedad.
 
Porque la reacción social lejos de despertar una actitud solidaria y altruista, puso de manifiesto mezquindades impropias para la emergencia.
 
Los médicos/as, los enfermeros/as, mucamas, camilleros, los policías, gendarmes, los cajeros/as de supermercados y farmacias, etc. etc., se pueden morir pero tienen que seguir cuidándonos y abasteciéndonos, mientras nosotros respetamos el aislamiento de un modo ejemplar, como buenos ciudadanos que somos. Y, de paso, hacemos bullying a los médicos.
 
Es que los judiciales (ya empleados, ya funcionarios) siguen percibiendo sus haberes. Los diputados/as y su lista interminable de “asesores”, también. En realidad todos los empleados públicos están cumpliendo la orden presidencial pero con un ingreso asegurado y gastando menos. Casi diría que están ahorrando. En nafta, como mínimo.  
 
Ahora bien, los pequeños comercios, los peluqueros/as, restaurantes, profesionales independientes y  emprendedores del día a día sufren otra peste: no poder generar ingresos. 
Es evidente y se confirma que, el empleo público es un formidable negocio en este país.
Es que ellos podrían hacer una cuarentena infinita pues tendrán depositados a fin de mes la manutención necesaria para no sufrir sobresaltos. 
 
A nadie escapa que existe un Estado enorme al que se hace imposible sostener y que al gobierno no le preocupa que siga creciendo, menos ahora. Sólo piensan en crear algún impuesto que no altere el humor social mientras hacen patrullaje cibernético para auscultarlo, por las dudas. Tenemos muy pocos políticos con imaginación y encima son caros y bastante egoístas.
 
Los que reciben su mensual, inexorablemente, aplauden al que decidió priorizar la vida y critican por las redes a quienes no usan barbijos y violan la cuarentena. Mientras miran por la ventana como recogen la basura.
 
Algunos dicen que sus superiores no les dieron alcohol en gel y que el repelente off estaba vencido, mientras que en los barrios “de menos recursos” (para no estigmatizar) no saben cómo se usa. La miserabilidad a tope. 
 
Hasta las feministas más entusiastas están felices de ser protegidas por el patriarcado. Hoy, su seguridad está dada #quedandonosencasa, y en los barrios los/las voluntarios/as son los de siempre. 
Rarezas de la pandemia.
 
Así, con este Estado elefantiásico es imposible reducir el gasto público. Peor aún, lo están aumentando.
 
Imaginemos a todos los empleados de la Casa de Gobierno de la Provincia (Poder Ejecutivo), de los Ministros y sus asesores, de la Cámara de Diputados y sus asesores, de las Municipalidades de cada ciudad/localidad. De las Empresas del Estado Provincial y Nacional. Del Poder Judicial en su conjunto, y traslademos esto a nivel Nacional.
 
Gastamos más que países europeos y tenemos menos reactivos para test de COVID-19 que Chile.
 
Toda esta gente vive del Estado. Y, el Estado se sostiene con los impuestos que aportan los miserables empresarios o el campo que está mal distribuido y que hay que expropiar para su justa distribución.
 
Si a esto le sumamos la AUH, los planes, bonos y demás beneficios, es inacabable. En este momento planeros y empleados públicos tienen un punto de coincidencia. Ambos cobran sin trabajar. 
 
Esto no significa afirmar que todos los que dependen del Estado perciban sus haberes en razón de su laboro, algunos ni siquiera viven donde, supuestamente, prestan servicios o asesoran. Rarezas de la política.
 
Toda esta situación injusta y despreciable queda en evidencia con esta cuarentena que cambió nuestras vidas.
Lo cierto es que, no todos la pasarán de igual manera. Como siempre sucede.  
 
Esto me recuerda al filósofo del fútbol (César Menotti) que asegura: “No existen verdades absolutas sino mentiras evidentes”.
 
(*) Abogado