Miércoles, 17 Octubre, 2018 - 20:01

La Patria también tiene madres: la historia de Juana Azurduy

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Hubo en nuestra historia una mujer que supo romper todos los moldes que imponía su época.

Juana nació en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, el 12 de julio de 1780. Aprendió las labores del campo junto a sus padres, y allí comenzó a rebelarse contra las injusticias, reclamando un trato más respetuoso a los trabajadores, en su mayoría de los pueblos originarios.

Nunca aceptó la obligación de sometimiento que imponían a su género, y esperó hasta encontrar una pareja que comprendiera esta idea, tanto que se casó a la “tardía” edad de 25 años. Su esposo sería Manuel Ascensio Padilla, que se transformaría en el padre de sus hijos, que compartía sus ideas libertarias y más tarde sería su compañero de armas.

Era una excelente jinete, y aprendió el manejo del sable y el trabuco.

Durante los primeros años de la pareja, pudieron criar a sus primeros cuatro hijos en un ambiente de paz y prosperidad. Pero el 25 de mayo de 1809 los movilizó a sumarse al “primer grito de libertad” de la revolución en Chuquisaca. Su vida estaría signada por el sacrificio de la lucha contra el opresor español durante las siguientes dos décadas.

Junto a Padilla comandaron fuerzas milicianas integradas por criollos e indígenas, que vencieron en más de treinta combates a los realistas. También conocieron las derrotas y las persecuciones, ya que perdieron sus tierras y debieron huir de su casa con las garras de los españoles tras de ellos. Su ascendiente sobre los sectores populares fue cada vez mayor, tanto que llamaban “padre” a Manuel y Pachamama a Juana.

En más de una ocasión, su rol de madre se mezcló con su tarea revolucionaria. Sus hijos fueron con ella a los distintos campamentos y se ajustaron a las dificultades de la guerra. Al entablar un combate, quedaban al cuidado de los pueblos indígenas amigos, que apoyaban a Juana y su marido. Tantas privaciones hicieron mella en la salud de los niños, que fueron falleciendo como resultado de distintas dolencias, ante la dificultad de conseguir los cuidados médicos necesarios.

El dolor de la madre que vio morir a sus hijos por la guerra, se tornó en mayor decisión en la lucha por la libertad.

Cuenta una anécdota que debió enfrentar la traición de algunos miembros de su guardia, que intentaron entregarla a los realistas. Ella llevaba en su pecho, a la usanza de los pueblos andinos, a su quinta hija recién nacida, cuando descubrió las intenciones de los conjurados. Montó su caballo y sable en mano los enfrentó, uno de ellos intentó detenerla pero no pudo contra el brazo de Juana que lo terminó matando. Pudo de esa manera salvar la vida de la niña Luisa, y por un tiempo más siguió provocando serios inconvenientes al poder español.

Aunque durante su vida gozó poco de la gratitud de sus compatriotas, en la actualidad es una figura cada vez más destacada en la memoria social de Argentina, Bolivia y todo el continente. El arte también da cuenta de la valoración de su persona. La canción con su nombre compuesta por Félix Luna y con música de Ariel Ramírez es un himno del folclore latinoamericano. El film “Juana Azurduy, Guerrillera de la Patria Grande”, del director Jorge Sanjinés, es una de las obras más acabadas en cuanto a dar cuenta de las diferentes facetas de la vida de la heroína.

Perdió a su esposo, a cuatro hijos, sus propiedades, todo para dar a luz una nueva sociedad. Combatió con Belgrano, Güemes, y el propio Bolívar hizo un reconocimiento. Hoy podemos decir que junto a los próceres de la independencia americana, la Patria tiene en Juana a una de sus madres.