Domingo, 23 Agosto, 2020 - 12:02

La marcha del 17 de agosto
Por Germán Perelli (*)

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La calle fue siempre el escenario donde se demuestra fortaleza, es, en el ranking de la política, quien la maneja se considera el ganador de ese tema en cuestión. Esta afirmación, en estos tiempos, tiene un poco de verdad y un poco de relato. Lo que sí es cierto es que el día en el que el General don José Francisco de San Martín pasó a la inmortalidad, para pasar a ser nuestro máximo prócer; en el año 2020, hubo una marcha multitudinaria que copó las plazas, y las calles, de las ciudades más grandes del país. Las causas y la convocatoria fueron varias, si bien, primeramente, era para rechazar la Reforma Judicial, varios temas se han sumado y, bien sabemos, que la mayoría de las personas va por un motivo personal, que a veces coincide con el general, o no.
 
En este mundo globalizado y tecnológico, las personas se convocan por redes sociales, más allá de que algunos pocos políticos convocaron. Ese es otro tema que ha cambiado la forma de participación y militancia. Las convocatorias te representan y por eso asistís, independientemente de quien lo haga (Twitter y WhatsApp son las redes sociales más usadas para ese fin).
 
Las reacciones que dejó la marcha son las esperadas: al gobierno no le gustó y sabe, claramente, que esto complica la Reforma Judicial Express, apuró el despacho de comisión en el Senado (donde tiene mayoría) y la semana que viene el proyecto tendrá media sanción en la Cámara Alta.
 
La oposición, con esto, se agrupa y resiste. Al presidente Alberto Fernández se le empieza a terminar uno de sus latiguillos preferidos, el de mediador.
 
La urgencia de esta Reforma Judicial, como bien lo explicaran en esta página dos prestigiosos abogados, suena y sabe a impunidad. La sociedad, cada vez más descreída, hace lo que puede para sobrevivir.
 
Nos alejamos, cada vez más rápido, de aquel país que queríamos ser y que nuestros padres, abuelos y bisabuelos ayudaron a construir. Primero, respetándose, luego poniéndose de acuerdo en lo que queríamos para desarrollarnos. Suena lejano ese país posible que supimos tener. Ojalá estemos a tiempo, entre todos, de volver a sentarnos en la mesa grande donde las coincidencias se vuelvan a encontrar.
 
“Hay silencios, y son atronadores. Echeverría dice –lee- y alrededor crecen silencios. Silencio que quienes saben que el que habla –el que no calla- se juega todo en sus palabras: el arrojo, su camino de ida. Silencio de quienes saben que las palabras que ahora escuchan, que los momentos que ahora viven lo precisan: silencio de quien oye los susurros de su miedo, las voces de su sorpresa, los alaridos de su excitación. Saben que es un momento excepcional, que vivirlo puede definir sus vidas y que definirá, seguramente, a la nación. Y que está sucediendo, aquí y ahora: que les sucede a ellos. No hay nada tan extraño como vivir algo que quedará en la historia –sabiéndolo”. 
 
(Del libro “Echeverría” de Martín Caparrós. Editorial Anagrama)
 
(*) Exlegislador provincial UCR