Jueves, 9 Agosto, 2018 - 12:40

La ley de Aborto en manos de unos carcamanes
Por Cristian Muriel (*)

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A las 4:25 de la madrugada del 17 de julio de 2008, el vicepresidente de la Nación y presidente del Senado, Julio Cobos, pronunciaba una frase que se haría famosa: “Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco. Mi voto no es positivo”, y luego precisaba: “Mi voto es en contra”. Así, desempatando la votación, sellaba la suerte de su gobierno y pasaba a la Historia ¿trágica? ¿heroica? del país.
 
Este jueves, quince minutos antes de las tres de la mañana, el Senado volvió a votar en un debate casi igual de parejo, casi igual de histórico: la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), cuyo proyecto con media sanción de Diputados finalmente fue rechazado por 38 votos a 31, con dos abstenciones, y no podrá volver a discutirse hasta el año que viene.
 
Naturalmente algunos salieron a festejar el resultado, otros sintieron alivio porque todo sigue igual, y miles se angustiaron y se dieron fuerza entre ellas porque una batalla no es la guerra y porque en un rato amanece y en unos meses volvemos a dar pelea. Tan cerca y tan lejos.
 
Para pintar el nivel de estupidez de ciertos sectores, en Resistencia, la capital chaqueña, y seguramente en muchas ciudades del país, la Catedral estaba vallada y el obispado tenía una guardia reforzada, como si la lógica indicara que después de perder una votación en el Senado correspondiera salir a matar curas.
 
Lo que hay detrás del proyecto de IVE no es un impulso o una disputa coyuntural: la 125 era un esquema de retenciones móviles a la soja que llevaba la firma del entonces ministro de Economía Martín Lousteau, y fue la respuesta “alternativa” a una propuesta del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, de elevar las retenciones al 63 por ciento. Desde que fue ideada hasta que fue rechazada por el Senado, pasaron tan solo cinco meses. 
 
El proyecto de IVE es el resultado de un proceso que se originó en el XIX Encuentro Nacional de Mujeres que tuvo lugar en Mendoza en 2004 y nucleó a 20 mil mujeres. Allí se dio el puntapié inicial para lo que desde 2005 sería la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito. Es decir que hace al menos trece años vienen debatiendo y analizando escenarios, relevando realidades que nadie quiere ver y buscando operar un cambio definitivo.
 
En 2007, con casi un centenar de organizaciones detrás (hoy son más de 300) se presentaba por primera vez una iniciativa en el Congreso de la Nación, y habría seis más. Nunca se obtuvo el tratamiento de la norma durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, quien estaba en contra del aborto y recién cambió su posición meses atrás, cuando “las miles de chicas que se volcaron a la calle” la convencieron.
 
Si la lucha por tocar o no tocar las ganancias extraordinarias del “campo” duró unos pocos meses y se resolvió en una batalla fugaz, la lucha por legalizar el aborto es un proceso que ya lleva, sólo en el Congreso, once años. Su dimensión social y política es transversal, una necesidad sistémica, y por eso mismo logró a lo largo de años de supuestos fracasos que se avanzara en la despenalización del aborto, y que se sancionaran la ley de identidad de género y el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, entre otras normas. 
 
Esta madrugada se vivió la que tal vez sea la última votación en contra de un cambio que la sociedad reclama a gritos desde hace años, y que tarde o temprano será ley. Los únicos que no se dieron cuenta son los 38 carcamanes, Julio Cobos entre ellos, que, por esas cosas de la democracia representativa, le dijeron que no a esa realidad, en el entendimiento de que sus secretas convicciones morales son la vara con la que se miden las libertades individuales de toda la población. Pudo haber sido una votación histórica pero se quedó en el camino. Igual que esos senadores. 
 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.