Miércoles, 6 Agosto, 2014 - 18:45

La irritativa presencia de Boudou en el Senado buscó también mostrarle al bloque oficialista quien manda
Por Hugo E.Grimaldi

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A esta altura de la investigación judicial del caso Ciccone, quién puede creer que Amado Boudou tenga las espaldas tan anchas como para salir a desafiar sólo él a los senadores de la oposición con su sorpresiva presencia en el estrado de la Presidencia del Senado, un gesto provocador e inútil a la vez.

Ni sonrisa forzada ni puñito cerrado, esta vez hubo gravedad de gestos y rigidez en los músculos de la cara. Igualmente, la mojada de oreja quedó de manifiesto y la inutilidad de la aparición sorpresiva del vice sólo sirvió para irritar más aún.

Además, fue bastante evidente que a Boudou lo mandaron allí y por su jerarquía es muy claro también que la orden partió de la Presidenta, aunque igualmente, nadie, ni de adentro del Congreso ni de afuera, ha cambiado su opinión por este episodio de intrigas de Palacio.

 

Si hay que atenerse a los resultados de la incursión del vice, hay que decir que logró que su pares se pusieran colorados, pero de la bronca de tenerlo allí arriba, en silencio desafiante, sobre todo cuando resonaron las voces que describieron la situación que se había generado como de "falta de decoro", "incomodidad" o "intolerancia". También fue bastante claro que la prolija transmisión televisiva que llegó algo complicada técnicamente desde el recinto, lugar donde no entran otras cámaras que las del monopolio oficial, tenía la orden de casi no mostrarlo, sobre todo cuando los legisladores lo apostrofaron de lo lindo y le pidieron de mil maneras un paso al costado. Sin embargo, las mismas cámaras registraron las demudadas caras de los senadores del Frente para la Victoria, que escuchaban con mucha vergüenza los argumentos de sus pares opositores. Fue todo un testimonio y sería bueno que se vieran. A algunos sólo les faltaba asentir con la cabeza. Luego, fue la mismísima oposición quien se la dejó servida a Boudou, porque fueron ellos quienes se mostraron como intolerantes, ya que no se quedaron a escuchar a los senadores del FpV. Pudieron haberlo hecho, porque estaban casi knock out, pero de esa manera, le dieron el aire que necesitaba el oficialismo y con la salida en masa del recinto hicieron revivir a más de uno.

Algunos pueden pensar que la Presidenta quizás buscó mandarlo de una vez por todas al muere a Boudou. Sin embargo, al mejor estilo Cristina, zarandear a la oposición, pero también a los mismos senadores oficialistas a partir de esta bravuconada hostil, una más en su eterna lucha dentro de la política, fue un modo de imponer nuevamente su conducción en un territorio que la mismísima degradación de Boudou casi había entregado.

Fuente: 
Agencia DyN