Martes, 20 Octubre, 2020 - 19:42

La historia y los mitos
(*) Por Vidal Mario

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Invitado por el escritor y promotor cultural boliviano René Aguilera Fierro, diserté en el marco del XIII Encuentro Internacional de Escritores y Artistas que se está desarrollando en Tarija (Bolivia) con los auspicios de las autoridades gubernamentales de esa región.

Elegí el tema de la diferencia que hay entre un mito y una historia, que parecen ser la misma cosa, pero no lo son. El mito y la historia corren en forma paralela, pero son mundos diferentes.

Una historia es una narración objetiva de los sucesos públicos y políticos de los pueblos. Relata objetivamente los acontecimientos de un pueblo o de un personaje.

Lo contrario de la historia es el mito, que no es otra cosa que una narración inventada, una fábula.

Un mito es, justamente, eso: una narración inventada, una fábula, una ficción alegórica.

El fraile dominico brasileño Carlos Alberto Líbano Christo (Frei Betto) fue aún más lejos: definió al mito como una mentira. Una vez, declaró: “Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella. Por eso parece que el mundo se hunde cuando oímos la verdad”.

Los mitos o mitologías abundan mucho en el mundo religioso, un mundo poblado de santos, de reliquias y de fantásticas historias que no son historias reales sino fábulas.

Otros ejemplos de mitos los encontramos en los llamados libros sagrados, los cuales no son libros de historia sino colecciones de narraciones inventadas en tiempos primitivos de la historia.

Entre los mitos incorporados a libros como la Biblia están los que cuentan cómo fue creada la especie humana, cómo comenzó la vida, y cómo entró la muerte en la vida de los hombres.

Dos clases de mitos

Los mitos se dividen en dos, sociológico e historiográfico, y son primos hermanos entre sí.

El mito sociológico es una creencia muy valiosa y muy enraizada en una determinada comunidad humana que se va transmitiendo de generación en generación.

Muchas de las historias patrióticas de un país en realidad son mitos sociológicos deliberadamente inventados para magnificar algún suceso o para endiosar la figura de algún gobernante.

Fabricar un mito de ésta clase esa fácil: se toma un hecho que realmente ocurrió, se lo somete a una operación de reelaboración, y se lo presenta como algo que realmente ocurrió.

El paso del tiempo y de las distintas generaciones hace que una historia convenientemente readaptada y reelaborada termine haciéndose carne en la mente de mucha gente.

Después vienen los mitos historiográficos. Son muy similares a los mitos sociológicos, pero están limitados solamente a personajes, hechos o determinados períodos históricos.

Aunque estos tampoco tienen el respaldo de ningún documento, también están profundamente metidos en el corazón y en la mente de mucha gente.

La misión del revisionista

Una de las misiones del historiador revisionista, objetivo e imparcial es investigar y desmentir mitos, ímproba campaña generalmente destinada al fracaso.

Es que romper mitos es casi imposible. Aunque el historiador muestre montones de pruebas indicadoras y reveladoras de que una historia tenida por cierta es pura ficción, lo más probable es que termine chocando con el más rotundo fracaso.

Ello se debe a que esas fábulas vestidas de historias reales ya tienen raíces muy profundas. Están, desde hace generaciones, profundamente metidas en una cultura.

Especialmente en la cultura de los fanáticos.

Es por eso que al fanático no le interesa ni la historia, ni la verdad, ni la realidad; sólo le interesa el triunfo a cualquier precio del motivo de su fanatismo.

(*) Por Mario Vidal (Autor de “Los Secretos de la Historia” y “Nuevos Secretos de la Historia”, entre otros libros).