Viernes, 8 Marzo, 2019 - 09:37

La Educación como bandera y arma para comenzar a discutir políticas de Estado
Por María Elena Vargas*

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Al hablar de Educación siempre vienen a mi mente las bases que colocaron aquellos pedagogos  considerados precursores por iniciar nuevos cauces. Uno de ellos es Paulo Freire. Aferrados a los nervios de ese pensamiento podemos coincidir con él sobre la educación como elemento fundamental para la praxis, la reflexión y la acción humana sobre el mundo para su transformación. Ahora bien, esa educación transformadora hunde en el ser humano y en el mundo las bases de su ideología, al estar inmersa en la realidad. Una práctica y una reflexión que exige mirar la actualidad social, económica y política. Al mismo tiempo debe permanecer atada a la fibra del pueblo, a sus necesidades y anhelos más profundos.

De esta manera dos temas se abren, por un lado el brazo ejecutor del cambio que espera y necesita la sociedad, que es el educador, maestro o docente,  y por el otro, la existencia en este país que envuelve y resume esa actualidad social y los valores que reflejan la época.

Así  las cosas, como brazo ejecutor de semejante responsabilidad (cambiar nada más y nada menos que el mundo) tiene que ser un “SER”  apreciado en todos los sentidos. Considero que con la palabra aprecio se resume todo. Es un término abarcativo, que implica la valoración social, el respeto, pero sobre todo el reconocimiento de su tarea, que es medular para cualquier sociedad. No es casual que a nivel mundial los países ubicados en los primeros lugares de las escalas, según los informes PISA -Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes que lleva a cabo la OCDE-, como ser Japón, Corea del Sur, Singapur, Estonia, Finlandia, Canadá, Suecia, o Suiza son asimismo los que tienen los docentes mejor remunerados y con un alto nivel académico. Es verdad que son países con culturas y políticas disímiles, pero la regla es el alto lugar en el cual se halla cualquier docente allá.  ¿Quién puede estar en contra o dudar de números concretos  que brinda un organismo internacional como la OCDE?

A esta altura uno se debe preguntar ¿Por qué nosotros estamos como estamos? ¿En qué fallamos? ¿Cuándo comenzamos a desbarrancarnos? ¿Cómo podemos modificar esto?

La única respuesta que barajo es implementando políticas públicas serias en cuya raíz la educación sea el norte. Ahora bien, Educación como Política de Estado, como un tema que  deba respetar cada partido, ideología o como se llame y nadie pueda cambiar por nada. Un plan educativo acordado y respetado por todos, que no pueda llegar cualquiera por razón alguna a   modificar. Acordarán conmigo que los países serios tienen políticas de estado y si alguien por ventura quiere quitar o cambiar algo, de ese núcleo duro, es pasible de juicio político. Alguien  pensará que esto es utopía. Puede ser, pero sin utopías la política se convierte solo en números fríos. Miremos nuestro triste presente. ¿Dónde están las políticas de Estado? ¿Qué esperamos de la Educación, del maestro y de los alumnos? Parecen preguntas sencillas, casi perogrulladas, sin embargo no sé si tenemos respuestas a algo tan simple.

Como docente, que es mi profesión de toda la vida, considero que el respeto y reconocimiento al educador debe ser prioritario. En correlación con eso debe ir el salario o como se lo denomine. Un buen salario lleva a tener  calidad de vida, a querer y poder alcanzar mejores niveles académicos.  Coincido que el dinero no es todo, pero es un elemento indispensable para comenzar a transformar este mundo. Quizás no se pueda arrancar con salarios como los de Finlandia, Suecia o Suiza, pero tenemos que comenzar por algo.   Este tema sé que no se agota con esto y requerirá otras intervenciones. Por eso dejo abierta la cuestión para un diálogo profundo y futuro.

En cuanto al otro tema, que salta a la vista, como menciono más arriba,  es la penosa realidad Nacional que nos aplasta, la  que no se puede obviar al abordar un tema tan profundo y que involucra a todo el país. La realidad social, económica y política chaqueña es una consecuencia y el espejo, salvo algunos detalles, de lo que pasa a nivel Nacional. No son mi fuerte los números, aunque hasta las criaturas hablan del dólar, del riesgo país, de las empresas que cierran, de lo mal que estamos los Argentinos. De alguna manera, este es un ejemplo de país sin utopía que se reduce  solo a números. Analistas, ceos, expertos, asesores y funcionados de toda índole solo hablan de números. Claro sin gente.

Quienes me conocen saben que no soy de chocar. Estoy segura que las utopías son construcciones colectivas que se alcanzan entre todos. Asimismo, creo  que lo que hoy vivimos no es responsabilidad solo del pequeño grupo que forman quienes hoy nos gobiernan. Por supuesto que a mayor altura, a los lugares preeminentes se les debe exigir más, pero debemos preguntarnos por qué llegamos a esta situación.

La respuesta me la pudo dar uno de mis alumnos más jóvenes. “Profe: Tal vez nosotros nos dejamos”.

¿Nos dejamos estar?  ¿Nos dejamos colonizar siempre?  ¿Cada día nos conquistan? ¿Los que deberíamos hacer algo? ¿Qué hacemos desde el lugar que ocupamos?  Nos dejamos avasallar. Nos dejamos… Después, tarde nos quejamos.

Volviendo a  Freire que dice junto a Enrique Dussel, sobre la educación, que es el arma vital para liberar a un pueblo y transformar la sociedad, eso demanda tener  connotación ideológica y política clara. Debe ser un compromiso serio, una empresa común impregnada de ideología para la liberación y así levantarnos. Un mecanismo contundente para comenzar a salir del precipicio es atender la cuestión docente ya. Pensar quienes deben tomar decisiones y hacer “como si” cada uno fuera docente. “Como si” con ese salario debiera hacer todo lo que tiene que hacer el docente cada día, además de vivir su vida y entrenarse  o capacitarse. Tener empatía a la hora de pensar el salario de ese prójimo que es el maestro. 

Recién entonces estaremos en condiciones equitativas para comenzar a discutir Políticas de Estado que cambien el mundo, teniendo a la Educación como bandera y arma para encarar esa lucha.

(*) Diputada provincial.