Domingo, 26 Julio, 2020 - 19:45

La democracia desencantada
Por Amalia Isabel Rivero (*)

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Desde aquellos años hermosos de la primavera democrática de 1983, cuando asume el Dr. Alfonsín como presidente de todos los argentinos, al año 2020, el desencanto se fue apoderando de cientos de miles de ciudadanos.
 
Familias enteras, miles de jóvenes, están pensando y proyectando irse del país, aun cuando el mundo es una incertidumbre absoluta por los efectos de la pandemia y por las medidas cada vez más rigurosas para los inmigrantes.
 
Son o pertenecen a la “generación democrática”, nacieron desde 1983 en adelante, sin embargo, casi cuarenta años transcurrieron y el sistema democrático no supo cumplir con las expectativas de las mayorías, esta deuda impaga, motiva el desencanto y siembra la duda seriamente sobre la viabilidad de nuestra identidad como nación, en la desesperanza, en la credibilidad de un proyecto colectivo, en recuperar la nación para todos los habitantes de nuestro suelo.
 
La tristeza que provoca la situación provincial y nacional debe motivarnos y recurrir a la imaginación para, una vez más, insistir e intentar mejorar como ciudadanos. Cumplir y hacer cumplir la ley. Consenso amplio para revalorar lo mejor que tenemos como humanidad. Abandonar el lobo que tenemos, establecer la cooperación como valor humano esencial, las organizaciones de la sociedad civil deben fijar, un nuevo horizonte que nos lleve a desandar este largo camino del desencanto. 
 
Hay un imperativo irrenunciable: encariñar a la república, la democracia tiene que dejar de ser un enunciado.
 
Hay que estar atentos contra los conspiradores, contra los asaltantes del poder, que con las herramientas del sistema –voto-, van destruyendo las aspiraciones de las mayorías (trabajo digno, educación seria, salud eficiente, servidores y funcionarios públicos decentes e idóneos), comercio, industrias y servicios públicos y privados, que respeten a consumidores, usuarios, clientes, en definitiva, al ciudadano. Reconocer y fomentar al medio ambiente como una extensión de nuestra humanidad.
 
Reforzar la participación y la cooperación, aún en tiempos de aislamiento y confinamiento, individual y social. Tenemos que esquivar la muerte absurda por la pandemia.
 
Avanzar definitivamente hacia un republicanismo popular construido en democracia. Abandonar las actitudes personalistas y autoritarias. 
 
Por nuestra libertad la de nuestros hijos. Es hora de construir una sociedad libre.
 
(*) Abogada