Jueves, 7 Agosto, 2014 - 11:17

La Convención de la UCR tiene la palabra
Por Rubén Darío Escalada (*)

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En estos tiempos de cambios en el marco de un proceso de maduración de nuestra joven democracia y ante el claro fracaso de un modelo político de concentración de poder donde se sucedieron gobiernos provinciales y nacionales que provocaron la sistematización de la corrupción pública y como consecuencia directa la profundización de la pobreza, se hace imprescindible que los partidos políticos, células básicas de un sistema democrático, adapten sus estructuras para convertirse en las herramientas de ese cambio que nuestro pueblo reclama.

Hoy en todas las tribunas políticas se suceden las voces que pregonan una mayor participación ciudadana como medio de lograr una verdadera democratización de todas las instituciones que rigen la vida de nuestra sociedad, como elementos fundamentales para lograr una representación genuina de quienes gobiernan esas instituciones, camino este que haría posible que respondan fielmente a los objetivos e intereses de quienes representan: el pueblo.

Una democracia sin partidos políticos cabalmente democráticos es difícil que funcione como corresponde, toda vez que dos de los poderes del Estado, en una República, ejecutivo y legislativo, se nutren de los partidos Políticos y sus representantes (órgano ejecutivo y legisladores ) designan a los miembros del tercer poder, el judicial, y dicta las normas para la Selección de los mismos. Por ello es fundamental que los Partidos Políticos sean la fuente de una genuina representación de todos los sectores y estamentos de una sociedad. Cuando ello no ocurre se produce una crisis de representación y la democracia no canaliza como corresponde las respuestas y soluciones que el pueblo reclama y necesita.

En el caso especifico de la UCR, el partido político centenario de nuestra historia democrática, toda una escuela política para distintas generaciones, su dirigencia en particular tiene la obligación moral, ética y fáctica de estar a la altura de las circunstancias. Sus órganos ejecutivos y deliberativos deben canalizar para que la masiva participación ciudadana haga realidad no solo una democracia formal sino una verdadera democracia que sea reflejo de una representación popular donde todos se sientan integrados y contenidos. No se puede cometer errores grotescos que atenten contra la democratización de nuestra institución partidaria. Hoy el pueblo exige horizontalidad, no verticalidad; autoridad, no autoritarismo; distribución justa y equitativa del poder, no concentración del poder. Por ello nuestro Sistema de representación debe ser la más genuina posible respondiendo al pueblo y no a grupos que solo buscan detentar o perpetuarse en el poder. El retroceso del Radicalismo en la consideración popular no es casualidad. No se puede seguir subestimando la inteligencia popular. El discurso debe estar acompañado con acciones concretas. La convención, órgano maximo de la UCR, tiene la palabra y la posibilidad de demostrar que el radicalismo es nuevamente esa herramienta de cambio que el pueblo necesita y reclama.

(*) Convencional de la UCR – Barranqueras.