Miércoles, 17 Julio, 2019 - 09:41

La cátedra del encuentro y nuestra participación
Por Luis Alberto Cabrera (*)

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Favaloro, quien acaba de cumplir 96 años, decía que: “…debemos comprender que todos somos educadores, procuremos entonces educar con el ejemplo…”.

Arranco con estos dichos del Doctor y las correspondientes felicitaciones al rector de la UNCAUS German Oestman, al vicerrector Manuel Garcia Solá y un reconocimiento muy especial al Padre Refael Del Blanco, en quien nos resulta imposible no encontrar una fuente de inspiración para ese camino del encuentro y arribo hacia un nuevo contrato social, hoy inexistente. Y por este reconocimiento al Padre Rafael y la UNCAUS es que se hace necesario también diferenciarlos de la expositora y de los pre candidatos a senadores que tuvieron la posibilidad de expresarse.

Aunque son muchas las cosas que podría decir, respecto de la ponencia de la académica de la UBA Carolina Mera Figueroa. Simplemente diré que es necesario delimitar geográfica y políticamente el análisis ya que, si pasamos del “todes” a los refugiados de Siria y de vuelta al partidismo del vamo a volve mezclado con los chicos de la calle, difícilmente podremos encontrar un rumbo común. Si hablamos de todos los temas del mundo y es lo mismo un grupito de niñas que buscan llamar la atención quemando iglesias, que un grupo de personas que escapan de la guerra, ni siquiera sabemos de qué estamos hablando.

De todas las problemáticas del mundo, de todas sus divisiones, de todas las violencias que pudiéramos abordar, sin ninguna duda la primera que debemos resolver es la nuestra, la de los argentinos. De hecho, al decir de la académica Mera Figueroa y en esto estamos de acuerdo “…Construiremos el mundo que queremos, a partir del país que construyamos”.

Es decir, empecemos por casa en la construcción de ese nuevo mundo y ese nuevo contrato social. El contrato social, explicado de manera simple, es un contrato no escrito por el cual todos los integrantes de una comunidad a fin de un proyecto y un destino común resignan parte de sus libertades para obtener mejores resultados como conjunto social, formando un cuerpo nuevo con una identidad y un sentido nacional común a pesar de las particularidades de sus componentes.

Imaginemos un cuerpo donde la mano va para la derecha, la pierna para la izquierda y la cabeza intenta elevarse mientras los ojos intentan mirar el piso. No tiene mucho sentido ¿no?.

Entonces, sería bueno destacar que, a la unidad, al contrato social, a las causas comunes no se las convoca ni desde las individualidades, ni desde los partidismos, ni desde la mentira o las verdades parcializadas, se las convoca desde las causas comunes, colectivas; se la convoca desde los elementos comunes, los símbolos, la cultura el idioma, la literatura, desde las instituciones fundadoras de esa comunidad como la iglesia que con aciertos y errores pario este país, se la convoca desde la biblia y el Martin Fierro.

No concuerdo con que la identidad nacional sea enemiga ni negadora de rasgos individuales como lo afirmara Mera Figueroa. Donde alcanza con mencionar que en Argentina fue realidad el famoso “Crisol de razas” es decir un cuerpo con cohesión y destino común a pesar de sus particularidades. Una identidad que todos con sus particularidades abrazaron. Digo esto, porque casi tengo la sensación después de escuchar a la académica de la UBA que la sociedad argentina está invitada a desbaratar o al menos olvidar su identidad nacional única para convertirnos en una suma de individualidades sin cohesión ni destino común.

Lo que ha pasado en la sociedad argentina, sobre todo en los últimos 60 años es que el discurso de la unidad nacional se ha regado con nafta. El 90 % de la violencia y las divisiones argentinas nace de las dirigencias por acción u omisión. Los piquetes son violencia, los aprietes sindicales son violencia, la mentira institucionalizada como forma de gobierno es violencia, las candidaturas testimoniales son violencia, habilitar plazas para acampes por mera interna partidaria es violencia, financiar movimientos violentos es violencia, destruir o deformar nuestros valores comunes como los símbolos patrios, nuestro lenguaje, nuestra literatura, nuestra historia. Todo esto y mucho más es violencia conspirativa contra el contrato social.

Gandhi decía que no estaba de acuerdo con la democracia si eso significaba que las mayorías aplasten a las minorías, pero lo que ha pasado aquí es mucho peor, un grupo de clanes aplastan todos los días a la mayoría de los ciudadanos.

Y la usina de estos males esta antes que nada en las dirigencias, por simple interés sectorial, personal o partidario. En los últimos 60 años el ciudadano argentino se acostumbró a perder y el dirigente sindical, piquetero o político se especializo en ganar. Entonces esa sea tal vez la primera premisa para construir un nuevo contrato social, reformular el corazón y la sesera de nuestros dirigentes.

Tenemos que apuntar a construir un nuevo contrato social desde la verdad y la no violencia, desde la verdad y la no violencia genuina, no la cosmética, con miras hacia un proyecto común de nación, desde el corazón apasionado humeante de sentimientos colectivos y no desde el zapallo frio y calculador, desde la visión de la nación y no desde el partido, desde las próximas generaciones y no desde las próximas elecciones, desde el futuro y no desde el pasado, de otra manera no es viable el contrato social que se busca. Y no solo no es viable, sino que es innecesario, ya que por acción u omisión estamos disolviendo de hecho el motivo que nos juntó que es la causa y el destino común de una nación.

Son muchas las premisas que deberíamos mencionar a la hora de la construcción de un nuevo contrato social, pero todo camino comienza con un paso y ese paso es el que a nuestro criterio empieza con nuestros dirigentes.

En el final, el mismo punto donde arranque, nuestras dirigencias deben comprender sus roles de educadores, deben educar con el ejemplo y si quieren una sociedad en paz debe haber paz entre ellos y en sus corazones.

Por último y a modo de cierre como decía Fierro: Mas naides se crea ofendido pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo por encontrarlo oportuno no es para mal de ninguno sino para bien de todos.

(*) Precandidato a diputado Nacional por UNIR Chaco.