Viernes, 28 Agosto, 2020 - 14:10

¿Justicia? ¿Qué justicia?
Por Aldo Daniel Ávila (*)

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Durante el mes de julio del año 2.001, Ersélides Dávalos fue encontrada muerta en su domicilio. Se trataba de una jubilada que había quedado viuda hacía poco tiempo. La asesinaron a golpes, al parecer con un martillo.

Todo ocurrió en el Barrio El Palomar de la ciudad de Posadas. Misiones. La víctima era vecina de los padres de Cristina Vázquez que, por entonces, tenía 19 años.

Las pesquisas no arrojaron ningún resultado positivo y no había manera de esclarecer el crimen de la viuda y jubilada.

Sin embargo, un día, la policía se apersonó en la casa de los padres de la adolescente y la detuvieron. Sólo contaban con presunciones conspirativas. 

Salía mucho. Fumaba. Le gustaba el baile e ir a los boliches. Era promiscua con los varones de su edad, decían. Los vecinos no hablaban bien de ella. En realidad, lo hacían despectivamente. 

No podía ser buena persona, algo la tenía que vincular con ese horrible crimen.

Cristina Vázquez poseía una muy buena coartada que probaba su inocencia: La noche del homicidio había estado en casa de una amiga que vive en otra localidad e incluso se había quedado a dormir allí, como solía hacerlo a menudo. Lo ratificaban su propia amiga y su novio.

Los tres fueron detenidos. Ella, su amiga –Cecilia Rojas- y su novio, Ricardo Omar Jara.

A pesar de las torturas (sí, fue torturada) debieron liberarla al mes de esa detención absurda, por falta de mérito.

Por supuesto que los medios se regodeaban con este caso. Era la chica de la noche, sufría de adicciones, su vida transitaba en los excesos y, finalmente, “la reina del martillo”.

A los cinco meses volvió a ser detenida y estuvo encarcelada por siete meses más. Es que las pruebas de ADN tomadas, que demoraron una vida en ser incorporadas a la causa, dieron resultados negativos.

Volvió a recuperar su libertad. Tan sólo un año había transcurrido desde ese último atropello, cuando volvió a ser encarcelada. Pero esta vez, la enviaron a un Penal de Mujeres a las afueras de Posadas. 

Un testigo falso declaró que ella le había confesado el crimen de su vecina y el primer juez de la causa entendió que era prueba suficiente y un segundo magistrado resolvió que no.

Cristina, volvió a recuperar, nuevamente, su libertad. Esta joven con sólo 20 años resuelve trasladarse a Buenos Aires. Le resultaba imposible seguir viviendo en su ciudad natal.

Lo hizo, y pudo intentar rehacer su magullada vida durante cuatro años en los que trabajó en un restaurante de la zona de Recoleta. Allí con espectacularidad inusual fue detenida en 2008 por un grupo de personas compuesto por efectivos de la SIDE, Interpol, Policía Federal y Policía de Misiones.

Esta vez, recién recuperaría su libertad a fines de 2019. Por supuesto que no tenía la menor posibilidad de contratar un estudio de abogados de prestigio. Que su reputación quedó deteriorada. Y, demás estar decir que contó con los servicios de una Defensoría Oficial.

Sabemos lo que hacen los defensores oficiales y duele que todos ingresen en la misma bolsa. Pero, siempre pidiendo el mínimo de la pena. Estudiando poco con la excusa de estar, eternamente, superados de trabajo. 

Es lo que eligen y tienen un sueldo nada despreciable. Pero en nuestro actual sistema de justicia es duro caer en manos de un/a Defensor/a Oficial. Cualquier abogado de escasa antigüedad haría un trabajo con más corazón y responsabilidad. 

Es doloroso. Es la verdad. Y no cuento las denuncias por maltrato que hay contra defensores/as oficiales que, en la profesión libre, serían unos perfectos/as desconocidos/as.

Cristina Vázquez fue sometida a un juicio sin pruebas. No tenían ADN, no tenían huellas, no tenían nada. Sólo la perversa convicción de que alguien debía responder por el crimen de la jubilada.

Esos alguien, fueron Cristina, su amiga y su antiguo novio. Los tres fueron condenados a prisión perpetua en 2010.

El Superior Tribunal de Justicia de Misiones confirmó la sentencia frente a los recursos interpuestos.

La causa terminó en la Corte Suprema de Justicia de la Nación quien ordenó que el fallo condenatorio fuese revisado. Insólitamente, el STJ misionero decidió no valorar las pruebas de la defensa y ratificó el fallo.

La “desobediencia” a las resoluciones de la CSJN no son exclusivas de la provincia en cuestión, también sucedió en nuestro Chaco con revocaciones y nulidades que aún no están integralmente resueltas (todavía coletazos del corralito).

Lo cierto es que, intervinieron organismos de DDHH y la causa recaló otra vez en el Máximo Tribunal de la Nación.

Y eran tan groseras las irregularidades, que fue la misma Corte Suprema quien ordenó la libertad de Cristina Vázquez y su amiga Cecilia Rojas en diciembre de 2019.

Luego de estar 11 años presa por un delito que no cometió.

Cristina recibió la propuesta de un subsidio que le pareció insuficiente para el tremendo daño sufrido, y decidió accionar buscando una reparación más justa contra el Estado.

La cuarentena (aislamiento social preventivo y obligatorio) la encontró en una situación de extrema vulnerabilidad.

El Estado la había abandonado hacía mucho tiempo.

La encontraron muerta esta semana. Se había ahorcado con una sábana.

"Es preferible que cien personas culpables puedan escapar a que un solo inocente sufra”, escribió en 1785 Benjamin Franklin. Este aforismo, en realidad, le pertenece al jurista inglés William Blackstone del siglo XV, y hoy en día se considera uno de los pilares fundamentales del derecho penal.

Los magistrados que la condenaron, como podemos ver, no pensaban de esta manera. 

Peor, no piensan de este modo. Siguieron progresando y ascendiendo en sus respectivas carreras, sin culpas. Sin autocrítica. Imperturbables.

Quien fuera Fiscal, es actual Ministra del Superior Tribunal de Justicia de Misiones.

Me preguntan por justicia. ¿Qué justicia?

(*) Abogado.