Lunes, 14 Enero, 2019 - 18:23

Isla del Cerrito, olvidada
Norberto José Piñero

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Isla del Cerrito, olvidada. Esperando la próxima pesca del “tigre del río”. Nos conmueven y movilizan una serie de hechos que pasan de ser meros accidentes a respuestas lógicas de lo  mal que se encuentra.
 
Si un árbol vetusto y peligroso, como muchos otros que hay, se cae sobre una mujer y su hija matando a la madre la situación desgraciada puede prevenirse con una simple poda, lo irreversible ya sucedió. Si un motociclista alcoholizado a toda velocidad se mata en la calle hay controles que no se están haciendo o no resultan efectivos. Si niños manejan el peligro de que suceda una tragedia está latente. Estos, en particular, son hechos catastróficos e irreparables pero todos previsibles. Ni hablar de nimiedades respecto a lo anterior como por ejemplo que haya un solo cajero electrónico que no funciona hace 15 días. De un mantenimiento de calles internas que brilla por su ausencia. Transporte público a Resistencia inexistente salvo por quienes actúan como remises brindando un servicio particular por un precio accesible salvo algunos vivos del momento.
 
Párrafo aparte para el camino que está desde hace bastante tiempo en pésimo estado y que hasta impide el tránsito normal de una ambulancia. Y  aquí me detengo especialmente ya que en la entrada de la Isla hay un predio destinado a Vialidad Provincial, grande y cuidado, sobre el río, parquizado. Hermoso. Es de suponer  que, aparte de ser una base operativa, allí irá el personal de la misma a pasear, descansar y demás. En ese lugar, a simple vista, hay máquinas  que podrían ser utilizadas junto al combustible que seguramente se les manda para arreglar el ripio o lo que va quedando de él.
 
En realidad el cuasi abandono, no de ahora, perjudica inicialmente a los habitantes de la Isla del Cerrito y después al turista con servicios paupérrimos ahondando el daño y afectando los ingresos económicos que por ello se pudieren obtener.
 
Dos municipios atraviesa el camino, inicialmente el de Colonia Benítez y después el de la Isla del Cerrito. Quizás entre ambos encuentren soluciones. No me cabe la mínima duda que la Isla del Cerrito es un paraíso natural totalmente desaprovechado y que muchos se encargaron y encargan de correr a los turistas sin darse cuenta que finalmente el único perjudicado es el mismo habitante. Sin un acceso mínimamente cómodo, con mantenimiento y que no rompa los vehículos, con servicios simples  para todos, con control y seguridad se podrá lograr un pueblo de características mejores y un fomento al turismo que, finalmente, es la fuente de ingresos real y genuina.
 
Un pueblo que sufre inundaciones periódicas, que necesita, como muchos otros, del empleo estatal para vivir no puede desdeñar las posibilidades que la naturaleza generosamente le dio. La isla no es una pesca del dorado al año, es un pueblo que necesita atención constante pero, a diferencia de cualquier otro, con una ventaja sideral, tiene espacios envidiables para el turismo.
 
Quizás la mirada deba ser otra. Me niego a creer que hay quienes desean mantener el “status quo”, me niego a creer que no quieren el crecimiento, me niego a creer que desean el estancamiento y aislamiento de algo tan hermosos y natural como nuestra isla del Cerrito. No pido, como muchos otros, nada fuera de lo común e imposible, solo lo sencillo y elemental. ¿Será ello posible?