Domingo, 10 Febrero, 2019 - 21:14

Opinión
Gabinete de campaña

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Por Cristian Muriel (*)

El jueves, mientras se preparaba el anuncio del nuevo Gabinete, Domingo Peppo avisó a la prensa y el público en general que lo que se buscaba con el cambio era “una gestión cercana a la gente”.
 
Con esto no habrá querido decir que el Gabinete saliente –o “recirculante”– estaba lejos de la gente. Lo habrá dicho por él. Insinuaba un cambio de ritmo: de la gestión pertinaz pero silenciosa –alejada de la gente– a la gestión ruidosa y agitada –cercana a la gente–, a la hipergestión.
 
De más está decir que con estos cambios el Gobernador no parece haber castigado a nadie: lo que sea que hiciese Juan Chaquires como secretario de Inversiones, Asuntos Internacionales y Promoción, ahora lo hará Mali Serrano, y él hará algo por el estilo en una vocalía de Secheep. Y los que se fueron, se fueron porque la pileta ya estaba honda y no hacían pie. Nadie se tiene que enojar por eso.
 
AIRE DE FAMILIA
Hubo un marcado aire de familia en las designaciones más importantes de cara al año electoral: Roberto Acosta, de la cartera social a la Secretaría General de Gobierno; Jessica Ayala, de la Subsecretaría de Legal y Técnica al ministerio de Gobierno y Relación con la Comunidad; Alcides Argüello, de la Subsecretaría de Asuntos Institucionales a la Secretaría de Municipios y Ciudades.
 
En el resto de los casos se advierten los usuales movimientos de manual: el 'Muchas gracias por los servicios prestados' a los funcionarios menos cercanos –con la consecuente bienvenida a los cuadros expectantes, ilustres desconocidos y 'sparrings' recurrentes, con más algún pollo que venía pidiendo pista–, y el traslado de cargos gravitantes a puestos testimoniales para aquellos que bancaron la parada cuando la cosa venía mal o que tienen un peso específico propio.
 
EL 33%
En el PJ chaqueño se habla del “33%”, una proporción que no responde a ninguna ley matemática y hace referencia a las parcelas de poder que ostentan Domingo Peppo, Jorge Capitanich y Gustavo Martínez, y que fluctúa como una pizza de gelatina según cómo le vaya a cada uno en el minuto a minuto. En esa misma relación vacilante se reparten indistintamente billetera, prestigio y territorio. 
 
Una de las preguntas que no obtuvo respuestas categóricas fue: ¿condicionó la relación de fuerzas del 33% al Gobernador a la hora de decidir los cambios? Pues bien, si Mauro Flores es 'coquista', entonces Peppo premió a un coquista con la presidencia del Instituto de Turismo, pero si Bety Bogado es coquista, entonces la castigó mandándola a Secheep. 
 
También podría pensarse que premió a los funcionarios que no tocó, tanto en las carteras más sensibles -Salud y Educación- como en las que responden políticamente al gustavismo (y eso que meses atrás una cuarentena de jefes comunales le pidió a Peppo en Villa Ángela que les cortara los víveres). 
 
UNA TREGUA MUY PERONISTA
Los cambios del viernes permiten imaginar cómo se acomodan las alianzas dentro de esa trinidad política –la de Mingo, Coqui y Gustavo– en lo que parece configurar una tregua muy peronista para disputar el poder con el histórico adversario. 
 
Si anduvieron tres años como gatos, por lo visto se estaban reproduciendo. Y si no hay tregua o si alguno la traiciona, habrá un gozoso y dantesco espectáculo este año.
 
En definitiva, el operativo reelección de Domingo Peppo parece darse así: sin referentes de renombre en los cargos clave, de manera que será él mismo quien capitalice las buenas obras por hacer; funcionarios confiables para invertir en lo social y que esa ayuda no termine en las manos equivocadas; un plan de trabajo pensado para afianzarse en lo territorial con la convicción de que cada intendente reciba lo justo; y la tranquilidad de desentenderse de la administración del día a día gracias a la coordinación interna de colaboradores de su riñón. Básicamente eso.
 
Cuando Domingo Peppo dio a conocer el nuevo Gabinete, no faltó el que auguró una derrota segura en 2019. No viene mal una segunda lectura. 
 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.