Jueves, 17 Septiembre, 2020 - 20:54

Fuga de capitales durante el macrismo
Por Luis Rodriguez (*)

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A propósito de comentarios efectuados por amigos en redes sociales, relativos a la afirmación que Macri fue el artífice de la fuga de capitales, “se la fugaron toda” dicen a coro irritados, voy a ensayar una explicación rudimentaria respecto de lo que se considera “fuga de capitales”.
 
“Hay distintas definiciones del fenómeno. La más amplia se refiere a todas las divisas (es decir, dólares) que salen del sistema financiero nacional. La más acotada, en cambio, se trata de los dólares que salen de las fronteras del país.
 
O sea, según qué medición se use, el concepto de “fuga” puede incluir tanto el envío de fondos al exterior para realizar inversiones como la tenencia de dólares que están en la Argentina, pero fuera del sistema financiero, por ejemplo, dólares en cajas de seguridad o atesorado en hogares”. (portal chequeado.com).
 
Según el delirio kirchnerista, amplificado por Página 12, la deuda que contrajo el estado nacional en el mandato de Macri debe ser vinculada con la salida de divisas del sistema financiero, de tal forma que los aproximadamente setenta mil millones de dólares fueron a parar al bolsillo del “Gato” para ser repartido entre supuestos e ignotos amigos.
 
Semejante barrabasada, sustentada en la mala fe, en la infamia, es repetida como latiguillo en las redes sociales para transmitir subliminalmente la idea que Cambiemos es de la misma catadura moral que el justicialismo en su peor versión, el kirchnerismo.
 
No soy entendido en economía, pero si nos ajustamos al concepto comúnmente aceptado de “fuga de capitales”, es evidente que la salida de divisas obedece a múltiples causas: pagos al exterior de empresas radicadas en argentina, inversiones efectuadas por privados en el extranjero, compra de los ciudadanos para ahorro, atesoramiento (son los dólares que, se dice vulgarmente, están bajo el colchón).
 
En Argentina, el último rubro es el principal, habida cuenta que sus habitantes, persuadidos que la moneda nacional es papel pintado, pues permanentemente es devaluada, compra dólares como reserva de valor. Tenemos una economía bimonetaria donde el dólar cumple la función referida precedentemente.
 
Es tal la ridiculez de la acusación “se la fugaron toda”, que nadie en sus cabales le asignaría importancia, si no fuera porque ha sido proclamada a viva voz, con indignación, por mentes preclaras del justicialismo y azuzada por medios adictos como Página 12.
 
El proceso de fuga de capitales no es nuevo en nuestro país, se fue acentuando con la volatilidad y crisis argentinas. En el primer mandato de Cristina la “fuga” ascendió a 69.075 millones de dólares, contra 72.449 millones de la misma moneda que salieron del sistema financiero durante la presidencia de Mauricio Macri (estadísticas suministradas por el Banco Central).
 
El derrame de divisas sólo pudo ser detenido por Cristina en su segundo mandato merced al cepo cambiario, que es precisamente el artilugio al que recurre en estos momentos porque las palomas están alzando vuelo en este país.
 
Mal que le pese al actual gobierno, el control de cambios (cepo) no es gratuito; la anomalía tiene como contrapartida una aguda recesión, porque la industria nacional necesita insumos importados para producir, a punto tal que es deficitaria en 30.000 millones de dólares anuales.
 
Esto se traduce en parálisis productiva industrial, reducción de importaciones, reducción del capital de trabajo (desocupación), baja del intercambio comercial, cierre de la economía. El cepo del segundo mandato de Cristina generó una recesión de la cual Argentina todavía no puede recuperarse.
 
Para dimensionar la estafa e ignominia de la acusación “la fugaron toda”, basta traer a colación la investigación sugerida por Horacio Verbitsky, factótum de Página 12, sobre las personas que compraron escandalosas sumas de dólares mientras ejercía el poder Cambiemos.
 
Para sorpresa del autor de la iniciativa y sus secuaces, la lista de los “fugadores” proporcionada por el BCRA no es encabezada por Macri y sus amigos, sino por la familia Eskenazy, banqueros de Santa Cruz beneficiados por Néstor con la concesión gratuita del 25 % de las acciones de YPF, acusados reiteradamente de ser testaferros de los Kirchner (cien millones de dólares sustraídos al sistema financiero).
 
En la lista de malditos personajes que protagonizaron la fuga se encuentran los principales empresarios ligados al peronismo y kirchnerismo: varios socios de Cristóbal López; los Ick de Santiago del Estero; Pablo Gutiérrez y Eduardo Escasany del Grupo Banco Galicia; Claudio Belocopitt de Swiss Medical, asociado con Daniel Vila y José Luis Manzano en el Grupo América TV.
 
La pseudo fuga de capitales se incrementa vertiginosamente cuando el partido que gobierna es proclive a confiscar depósitos o canjearlos por bonos de cobro diferido y el partido del primer trabajador tiene antecedentes de estas prácticas perversas.
 
Por ese motivo, por la aversión al “riesgo peronista”, no al riesgo argentino, como dice Fernando Iglesias, se fugaron 2.600 millones de dólares en diciembre de 2019, mes inaugural del tercer mandato de Cristina Kirchner y su delegado Alberto Fernández.
 
No es acaso paradójico que izquierda y kirchnerismo se escandalicen por la fuga de divisas acontecida durante el gobierno de Macri, cuando en el primer mes de Fernández/ Fernández se fugaron en un mes 2.600 millones de dólares, y recientemente se reimplantó el cepo cambiario que encubre, si no me equivoco, una devaluación de sesenta y cinco por ciento (al día de hoy, el dólar oficial Banco Nación $ 79,25 y “solidario” $ 130,76).
 
Dejando de lado la fábula del “se la fugaron toda”, las siguientes estadísticas son ilustrativas del destino que Cambiemos dio al endeudamiento contraído con el exterior:
 
El 64 % de los 70.586 millones de dólares (MD) de aumento de la deuda fue empleado en pagos excepcionales, por única vez, de deudas dejadas por los Kirchner; entre las cuales se destacan:
 
15.736 MD a los holdouts (juicio perdido en el tribunal de Griesa);
 
14.783 MD en la restitución de coparticipación a las provincias;
 
3.079 MD para solventar cajas de jubilaciones provinciales en quiebra;
 
2.351 MD por Gasplus y Petróleoplus;
 
2.192 MD en el plan Gas Bono;
 
760 MD a Cammesa;
 
932 MD en juicios perdidos en el CIADI; y
 
436 MD en deudas energéticas con Bolivia y Paraguay, etc.;
 
Por un total de cuarenta y cinco mil trescientos veintinueve millones de dólares (U$S 45.329). Estadísticas tomadas de “El medioevo peronista y la llegada de la peste”, Fernando A. Iglesias, pág. 216, editorial Libros del Zorzal, Buenos Aires, Argentina.
 
En buen romance, los créditos tomados por la administración Macri tienen una asignación verificable, respaldada por documentación oficial.
 
Lo que también es conveniente aclarar es que la decadencia argentina ha motivado que, lo que se conoce como “fuga de capitales”, haya devenido un mal endémico, común al de muchos países del tercer mundo; por eso, difícilmente acontezca en naciones avanzadas con economías sanas y equilibradas.
 
Todos los gobiernos peronistas padecieron fuga de divisas y tampoco pudo sustraerse a esa fatalidad el gobierno de Mauricio Macri, no obstante haber sido pro mercado y empresa.
 
(*) Abogado. Presidencia Roque Sáenz Peña.