Sábado, 17 Octubre, 2020 - 20:38

Exaltación a las madres
Por: María Elena Vargas (*)

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A nuestras madres, a nuestras madres antepasado, nuestras abuelas, a cada una de las mujeres que habiendo concebido en su propio cuerpo el milagro del hijo o habiendo elegido parirlos desde el alma y el corazón dan a luz cada instante con amor inefable, único, trascendente.

El lenguaje, las palabras, no alcanzan a expresar tantas cosas, no llegan a comunicar el espíritu, aun así me atrevo al humilde ¡Gracias… gracias… gracias!

Humildad dije, que viene de humus, la parte más fértil de la tierra. Las madres, como la tierra, crean fertilidad. Reinas o mendigas, todas en el delicado gesto de reconocimiento, de aceptación de lo trascendente, se vuelven faro y generosamente, con su cuerpo, alumbran.

Desde el lugar en que estén, Cielo o Tierra, se convierten en el faro que nos guía bondadosamente. No estoy hablando de realización de grandes cosas. No son necesariamente cosas monumentales aunque todas son para el asombro: El coraje de vivir y vivir para otros, muchas veces olvidadas de sí misma; el coraje de confiar en sus propias fuerzas y propios recursos.

¿Puede llevarse a cabo una empresa tan grande, la empresa de criar hijos, sin coraje?. ¿ Sin sensación de sentido profundo que justifique tamaño esfuerzo?.

Tomémonos unos minutos y en silencio pensemos en las madres: No importa cuál sea su historia, cuán profundo sea su sufrimiento, sus desdichas, sus pérdidas. Los animo a pensar quién es, para cada uno, el mejor y más grande modelo de servicio. Modelo de servicio en estado puro. Quien se ubica en primera línea cuando hay peligro y no por obligación sino por generosidad, porque tienen ganas de dar.

La vida es una espiral ascendente. En ese tránsito somos hijas, madres, tías y abuelas. Más allá del tiempo de aprendiz o de la suma de experiencias, de las etapas, un día miramos hacia atrás y desde este lugar vemos en perspectiva. No todo es agradable o grato. A veces un temblor suave, otras un huracán o terremoto. Las crisis… los conflictos… todo lo que es inherente a la vida.

Allí están ellas con integridad y sabiduría. Extraordinarias. Constructivas y amorosas, haciendo camino, aprendiendo siempre.

Yo ahora agradezco por cada madre, familiares o amigas, gringas o de comunidades ancestrales, presentes y ausentes.

Madres semilla, madre entrega y abrazo, madres nido, madres inspiración, madres de la justicia, madres del dolor, madres esperanza. Mamá maestra, mamá compañía, mamá chamana, las que nos cura con menta y yerba buena, mamá canto y poesía.

Madres todas, poderosas en la tarea impecable de aportar armonía al paisaje del camino, heroína de nuestro viaje al universo.

Gracias Mamá. Gratitud eterna. Hoy, presencia homenaje y recuerdo.

(*) Diputada Provincial por el Bloque Justicialista.