Martes, 6 Noviembre, 2018 - 09:18

Exaltación de la extorsión y la traición
Por Esteban Branco Capitanich

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Hemos llegado tan lejos con la pérdida de identidad, con la desideologización, con la costumbre de mentir, con la impune manía de hacer fraude, que ahora resulta que quienes votaron un presupuesto escandalosamente antipopular y antinacional son mostrados como personas con valores, con espíritu constructivo, altruistas y sacrificados representantes de los traicionados.
 
 
Este es el modelo de políticos que se les trasmite a las generaciones jóvenes. Se puede mentir que seremos fieles al modelo de país que impulse nuestro partido o frente, y luego con amañadas justificaciones votar en sentido contrario. Que se puede aceptar la extorsión calladamente para lograr promesas de obras para la provincia. Es decir, aceptar la extorsión como parte el juego político.
 
Es insólito que se intente imponer, impúdicamente, que es válido y valioso el voto que hunde al país porque a una provincia se le prometan tales y cuales obras o recursos.
 
Se hace una exaltación de la traición que el gobierno nacional exige, extorsión mediante. Y se la defiende. Se la pretende mostrar como normal. Con ello se acepta que la voluntad popular no cuenta. No existe. El pueblo vota en un determinado sentido. Vota en el marco de preceptos doctrinarios e ideológicos para que sus representantes expresen esos intereses en el Congreso. Pero resulta que al momento de las grandes decisiones se excluye la política del debate y se colocan sobre la mesa montañas de dinero ficticio (promesas) que se repartirán según cada quién satisfaga el interés del ejecutivo, que expresa el interés de los buitres de la deuda, del FMI.
 
No son novedosos. En pleno estallido de la crisis griega, y viendo que hacer para escapar de las garras de la eurozona dominada por Alemania, Tsipas llamó a un plebiscito para que el pueblo decida y recibió como respuesta el lapidario comentario del ministro de economía de Alemania quién dijera: “que voten, no hay problemas, pero las reglas, son las reglas”. ¿Queda claro no? Esto es más o menos lo mismo.
 
Cientos de miles de millones de dólares que pagarán varias generaciones de argentinos con hambre, con miseria, y muchos con su vida, no importan. Importan las promesas, como la del ramal 3 del Belgrano Cargas, humo. Ahora, -tarde como siempre- productores vinculados a la FAA, patrocinadora del neoliberalismo gobernante, levanta su voz diciendo que el tren solo favorece a los grandes acopiadores, Algo que siempre se supo y que algunos advertimos públicamente en el momento oportuno mientras ellos apoyaban fervorosamente este cambio para peor.
 
¿Seguirán estos pequeños y medianos productores con delirios de ser “el campo”, aquel de Martinez de Hoz, Miguens, Etchevehere, votando más exclusión y miseria, para satisfacer los intereses de las minorías que admiran y a las que añoran pertenecer, mientras obran en contra de cualquier posibilidad de progreso propio?
 
¿Seguirá el gobierno provincial intentando descalificar a las diputadas Rach Quiroga y Masin por ser leales a quienes las votaron y denunciar la extorsión, mientras glorifica y muestra como modelos la traición y cobardía de Pertile y Mosqueda, por entregarse a esta orgía vergonzante de convertirse en marionetas sin alma?
 
¿Habrá aprendido la clase media que lo es porque hubo un gobierno que le colocó una escalera para que ascienda? ¿O seguirá pensando que nada tiene que ver la política ni el modelo de país que ésta impulse, y que todo depende del esfuerzo propio? Sí, esa clase media que todavía tiene el auto, pero camina, porque si carga combustible, no come. Esa para la que comer afuera, pasó de ser frecuente a ser un acontecimiento anual. Esa que de excursiones de fines de semana largos y vacaciones al mar o las montañas, vuelven a la pelopincho y el tereré. Esa que con su “sueldo medio” blandía tarjeta de crédito para comprarse celular, plasma, moto, auto, porque hubo un gobierno que “le hizo creer que se podía”. Y pudo, pero ya no puede.
 
¿Seguirá esa clase media votando fraudes como los Macris, Rozas, Carrios, Pértiles y Mosquedas, que los están sumiendo en la pobreza de la que habían apenas emergido gracias a los que les “hicieron creer” que era posible una menor desigualdad?
 
¿O necesitan caer aún más para darse cuenta que el “se robaron todo”, los “cuadernos”, y las fortunas enterradas, son la pantalla para quitarles lo que habían logrado con esfuerzo propio, pero también gracias a un modelo de país inclusivo, amplio, que con errores, pero con aciertos permitió que atesoren?
 
Quizás en la próxima elección, no votemos a sustitutos de esta gangrena. Ojalá apaguemos el televisor y encendamos el cerebro y la memoria, dejando de ser instrumentos obtusos de intereses criminales que no trepidan en defraudar, traicionar, robar, y destruir el país y el bienestar de millones de argentinos para enriquecer a una casta oligárquica antinacional servil a minúsculos intereses antipopulares.