Lunes, 9 Diciembre, 2019 - 18:41

Esperando la tormenta
Por Luis Rodríguez Martínez (*)

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042
Desde la realización de las PASO el país se encuentra paralizado, fenómeno explicable por la discontinuidad del ciclo político y las naturales expectativas generadas por el gobierno que encabezará Alberto Fernández. Los proyectos de inversión del sector privado de la economía y la obra pública en los tres niveles de gobierno (nación, provincias y municipios) están suspendidos; conviene desensillar hasta que aclare.
 
En los últimos días las noticias respecto de los movimientos tácticos del presidente electo, más la información sobre la composición del futuro gabinete, confirman la sospecha de que el poder real durante los próximos cuatro años llevará el sello y la impronta de Cristina Fernández.
 
Parte de los electores que dieron el triunfo al Frente de Todos incurrieron en la ingenuidad de suponer que Alberto comandaría todos los resortes del poder, relegando a Cristina a un puesto secundario. Craso error, la vicepresidente electa regresa a la centralidad política acentuando su perfil confrontativo e intolerante, como pudo apreciarse a propósito de la declaración indagatoria que prestó recientemente.
 
Tan recargada regresa Cristina, que dio instrucciones a la tropa de no aceptar las reuniones informativas de transición del poder en las diversas áreas de gobierno ofrecidas por la administración de Mauricio Macri. Ni que sus funcionarios tuviesen alguna peste o virus mortal del cual pudieran contagiarse; un infantilismo político que pagarán caro las nuevas autoridades que van a desconocer datos, estadísticas, información de gran importancia para iniciar su labor.
 
Habrá que acostumbrarse a un modus operandi político fundado en la imposición, el garrote, en cuyo diccionario están ausentes expresiones como “consenso”, “concordia”, “colaboración”. Factor de poder que no fuere complaciente con las ambiciones y proyectos del gobierno será sometido por la fuerza, la intimidación. Claro ejemplo es el campo -sector perseguido por motivos ideológicos durante el anterior gobierno K- que en la actualidad está liquidando su stock de cosecha y efectuando ventas a futuro ante la probabilidad cierta de que se incrementen las alícuotas de las retenciones a la exportación de granos.
 
Lo absurdo, rayano en lo grotesco y extravagante, es que una sociedad que entronizó en las urnas a la fórmula Fernández/ Fernández, antes que asuma el poder, se empeñe en adoptar todo tipo de recaudos defensivos, como dolarizar ahorros -caso de los particulares- imponer un colchón de precios -comerciantes y proveedores de servicios- liquidar existencias y concertar ventas a futuro -campo-, desarmar tenencias de Letras de liquidez del BCRA, como los bancos. El pueblo -que frecuentemente se equivoca- manifestó su preferencia por un determinado partido político e histéricamente recurre a todo tipo de subterfugios para preservar sus intereses económicos; y no se diga que se trata de “grupos concentrados”, “medios hegemónicos”, “capitales extranjeros”, pues el fenómeno comprende al ciudadano de a pie que pretende resguardar sus ahorros.
 
Daría la impresión que la sociedad se prepara para tiempos de agitación, de desencuentros, dentro de una atmósfera de estupefacción por lo que eventualmente puede suceder con la
macroeconomía, la renegociación de la deuda, sobremanera, con las inclinaciones autoritarias del kirchnerismo.
 
La ceremonia de asunción de mandato por los nuevos diputados estuvo signada por la algarabía de los integrantes del Frente de Todos que, en principio y aparentemente, lograron unidad como bancada comprendiendo todas las expresiones del “peronismo”.
 
Personalmente y a riesgo de equivocarme, pienso fue una puesta en escena que momentáneamente disimula la gran fragmentación ideológica y política que existe puertas adentro del justicialismo. No creo que la mayoría de los gobernadores abracen en su fuero íntimo el socialismo del siglo XXI enarbolado por Cristina y la Cámpora, tampoco que las huestes lideradas por Sergio Massa comulguen con la ideología y praxis política de esa corriente.
 
Esperemos que las disputas del partido no se hagan extensivas a la comunidad toda, porque en ese caso se avecinan tiempos de agitación social y rencillas sectoriales.
El deterioro moral de nuestra clase dirigente quedó expuesto con el salto que dieron tres diputados de la alianza Cambiemos hacia la bancada de Massa, con quienes votarán de manera coincidente los proyectos que se discutan en lo sucesivo en la Cámara; desprecio absoluto por el mandato que les dio el pueblo y traición de sus camaradas de partido.
 
No sé si en otros países el comportamiento de los diversos factores de poder (sindicatos, educación, intelectuales, asociaciones de empleadores, exportadores, industriales, comercio, campo, etc.) será similar al que exhiben en nuestro país, pero me cuesta creer que no tengan el mínimo sentido de pertenencia, de conciencia que la nación es una empresa colectiva, que hay una continuidad histórica que honrar.
 
Cuando los gremios de la educación de la provincia de Buenos Aires liderados por Baradel defendían en paritarias hasta una décima de inflación al negociar el monto de los salarios, ¿lo hacían defendiendo los intereses de los afiliados o el objetivo central era desgastar políticamente al gobierno de Vidal? Ahora, que el inefable gremialista dijo que las clases comenzarán normalmente en marzo, ha quedado en evidencia la intencionalidad política de los paros y movilizaciones que irritaron hasta el cansancio al pueblo de la capital federal.
 
El colmo del comportamiento corporativo, faccioso, lo da la CGT que propuso diferir las paritarias en señal de alineamiento político con el Frente de Todos, dejando a Alberto Fernández la facultad de otorgar por decreto los aumentos de sueldos. Subordinación lindante con el servilismo cuando el justicialismo está en el poder; beligerancia, agitación, intolerancia, cuando el
gobierno de turno es de signo político diferente.  
 
Mauricio Macri finaliza su mandato aclamado por sus seguidores en Plaza de Mayo, quienes representan a no menos de cuarenta y uno por ciento de los ciudadanos que votaron en los últimos comicios. Por contrapartida, es objeto de humillaciones gratuitas, injustificadas, por parte de los medios televisivos, donde se transformó en una suerte de deporte competir en quién puede ridiculizar con más sorna e ironía la figura del presidente.
 
No fue Macri un estadista formidable, pero tiene el mérito de haber gobernado con minoría en ambas cámaras del congreso, con el asedio permanente de los gremios y partido peronistas, la oposición solapada o a veces explícita de los radicales de izquierda, como Alfonsín y sus adláteres (créase o no, Alfonsín se reunió recientemente con Alberto Fernández para ofrecerle colaboración con su gobierno), una sequía que fue la mayor en cincuenta años y un contexto internacional agitado por la guerra comercial entre EEUU y China.
 
No creo, como se repite frecuentemente, que haya sido desafortunada la opción de Macri por una política gradualista en vez de shock; ¿alguien en su sano juicio puede concebir que en caso de haber aplicado cirugía mayor hubiere Macri terminado su mandato? La respuesta negativa cae de maduro.
 
Si no obstante haber evitado tomar decisiones gravosas para el pueblo argentino (salvo la imperiosa e impostergable actualización de tarifas), tuvo que soportar el poder de fuego del peronismo desde el primer al último día de su mandato, con más razón se hubiera incendiado el país si el programa económico hubiese sido draconiano.
 
Tampoco me sumo a los que juzgan la eficacia de la administración saliente tomando las estadísticas finales e ignorando que los datos de pobreza e inflación se agravaron notablemente cuando el justicialismo triunfó en las PASO. Fue precisamente esa señal negativa para los mercados lo que motivó una presión sobre el dólar que se tradujo en una devaluación del treinta por ciento. La pobreza se mide por el monto de los salarios en dólares, de allí el aumento de la pobreza señalado por la UCA (no por el INDEC) y la consecuencia de terminar Macri con datos negativos. En realidad, si tomamos los cuatro años de mandato, solamente en los meses posteriores a las PASO el porcentaje de pobreza superó al existente durante el último mandato de Cristina.
 
En el haber de Macri debemos computar haber generado en el país, en la comunidad nacional, una atmósfera de concordia que no tiene antecedentes en las últimas décadas. La prensa fue más libre que nunca, jamás existió destrato respecto de ningún político opositor, no hubo presiones sobre la justicia (tampoco mesa judicial), ni sometimiento de las provincias mediante la caja. Se derogó la ley de emergencia económica que permitía al Ejecutivo gobernar con más atribuciones que Felipe II (apenas asuma Alberto tendremos novedades sobre este tema porque el peronismo no se va a sustraer a la tentación de gobernar con la suma del poder público), la política exterior se orientó de manera pragmática sin fanatismo ideológico, los funcionarios rindieron cuenta de su labor cuando fueron requeridos por el Congreso o la prensa, el presidente jamás habló por cadena nacional y Argentina luego de mucho tiempo comenzó a ser respetada en el concierto de la comunidad internacional. Dios ilumine al próximo gobierno.
 
 
(*) Abogado.