Lunes, 19 Octubre, 2020 - 13:35

En Corrientes nacieron crías de guacamayos rojos en libertad, pero una murió por intromisión humana

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Por Horacio Torres (*)

La excelente noticia de este nacimiento -en el primer proyecto que intenta devolver a la naturaleza una especie completamente extinta en Argentina-, se vio empañada por la muerte de uno de los pichones, probablemente porque las aves fueron alimentadas con semillas de girasol, por una persona irresponsable.

Desde que fueron reintroducidos en Cambyretá los primeros ejemplares, los graznidos del Guacamayo Rojo, que alguna vez inundaron de colores los cielos del norte argentino, se sienten ahora con más intensidad en el Parque Iberá: una pareja de ejemplares identificados como Nioky y Sopa,  sacó adelante una nidada de tres huevos, que eclosionaron y dieron lugar al nacimiento de los primeros pichones silvestres y en libertad. Un acontecimiento inédito que no sucedía en la naturaleza, hace aproximadamente 150 años en nuestro país.


Foto: Matías Rebak.

Haciendo un poco de historia el 29 de octubre de 2015 se produjo la primera suelta de Guacamayos Rojos criados en cautiverio en la Provincia de Corrientes. El proyecto coordinado por la Fundación Rewilding Argentina cuenta con la colaboración del Ecoparque de Buenos Aires, la Fundación Temaikén y el Gobierno de la Provincia de Corrientes, distintos clubes de observadores de aves y el Centro de Custodia de Vida Silvestre Aguará, de Paso de La Patria.

En los últimos dos siglos, tres especies de guacamayos se extinguieron en nuestro litoral. Los más grandes y vistosos, el Guacamayo Rojo o “guaá-pytá” para los guaraníes, y el Guacamayo Violáceo o “guaá- hovy” fueron habitantes de los campos con isletas de selva, palmares y las selvas que acompañan los ríos de las provincias de Corrientes y otros sectores del Noreste Argentino (Formosa, Chaco, Santa Fe, Misiones y Entre Ríos).

El uso de guacamayos por parte de los pueblos originarios y criollos tanto para su consumo, compañía y para ornamentos, la captura y venta de los mismos por parte de los europeos como mercancía, formó parte de un proceso de defaunación que incluyó a otros animales de la fauna silvestre como el tapir, pecarí de collar, oso hormiguero, lobo gargantilla, y el yaguareté.


Foto: Horacio Torres.

El regreso del majestuoso Guacamayo Rojo como una especie vistosa de características espectaculares, no solo sirve como atractivo para los visitantes que llegan al Iberá en búsqueda de experiencias gratificantes de ecoturismo. Esta ave emblemática es de gran importancia porque cumple un rol ecológico clave como dispersor de semillas, manteniendo la diversidad de los bosques nativos.

LA PERLA NEGRA

Las comunidades de la zona norte del Parque Iberá (Ituzaingó, Apipé, Loreto, Villa Olivari) han sido claves en el éxito de este proyecto, comunicando el avistaje de ejemplares cada vez que visitaban estos pueblos, y convirtiéndose en guardianes de las aves.

Sin embargo no todas son buenas noticias. También hay de las otras que sirven como ejemplo de lo que NO se debe hacer. Retomando la historia, lo bueno es que  Nioky  y Sopa tuvieron tres polluelos que nacieron con vida. Lo malo es que uno se murió antes de abrir los ojos, sin causa aparente. Lo alarmante es que cuando se le hizo la necropsia al polluelo fallecido se encontró que el estómago y el buche estaban repletos de semillas de girasol, algo que no debería suceder en un ave silvestre.


Foto: Horacio Torres.

Justo en esos mismos días, una operadora turística de Ituzaingó, que además es guía de turismo del Parque Nacional Iberá, y que fue también coordinadora de un club de observadores de aves de esa ciudad, exhibió en sus redes sociales imágenes donde se la veía cebando a los guacamayos con bandejas de alimentos en las que utilizaba semilla de girasol, en un emprendimiento ecoturístico de su propiedad donde recibe turistas.  Advertida esta situación, fue informada en dos oportunidades por coordinadores del proyecto de reintroducción de la especie, por el retroceso que significa su conducta. Sin embargo, la mujer hizo caso omiso y continuó con su irresponsable actitud.


Foto: Horacio Torres.

Previamente a su liberación, los guacamayos rojos debieron ser reeducados durante meses para aprender a vivir en libertad en la naturaleza, lo que supone obtener por sus medios sus propios alimentos. Facilitar alimentos significa una afectación a su libertad, para regresarlos a su anterior condición en la que el ave vuelve a ser víctima del mascotismo. Si los guacamayos rojos solo se alimentan de girasol provisto por el hombre dejan de cumplir su importante rol ecológico de dispersores de semillas y regeneradores de bosques.

Pero lo más delicado de todo es que además el girasol es altamente dañino porque contiene una gran concentración de aceite, que a muchas aves genera adicción y que a largo plazo les ocasiona la muerte. Definitivamente no es una buena dieta, mucho menos para un pichón recién nacido. También se pudo comprobar que el padre de esta nidada de  guacamayos iba a comer de esas bandejas de girasol, con las que alimentaba a sus crías y a la hembra que continuaba en el nido.


Foto: Horacio Torres.

No se puede asegurar a ciencia cierta que esta sea la causa de la muerte del pichón. Lo verdaderamente preocupante es que esta mujer después de ser advertida por el daño que estaría ocasionando su accionar, volvió a reincidir con su conducta, según sus propias publicaciones y testimonios de participantes de sus excursiones de avistaje.

Sus ambiciones económicas además, representan una competencia desleal para otros guías de observación de aves, que no buscan manipular la conducta de una especie, con este tipo de artilugios. De esta situación fueron informadas las autoridades de Fauna, Parques y Reservas y de Turismo de la Provincia de Corrientes.


Foto: Horacio Torres.

El involucramiento de la comunidad es algo deseable como factor clave para la conservación de las especies. Pero debe ser de forma responsable, como el de la mayoría de las personas vecinas al Parque Iberá. Ayudar implica plantar árboles nativos, reportar los avistajes de guacamayos y hablar con los vecinos para que los respeten. Muchas son las cosas que podemos hacer como sociedad para colaborar: pero nunca matarlos, capturarlos o alimentarlos. 

(*) Periodista ambiental.

PARA COMENTAR EN FACEBOOK HACER CLICK ACÁ