Domingo, 17 Diciembre, 2017 - 19:32

El Papa cumple hoy 81 años, ¿cuál es la verdad sobre el pasado de Francisco?

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Por Vidal Mario (*)

Hoy cumple 81 años un viejo zorro de la iglesia católica argentina, que por una circunstancia extraordinaria, la de ser Papa, ahora vive en Roma: Jorge Mario Bergoglio.
 
Técnico químico, profesor de Literatura, hincha de San Lorenzo, admirador de Shakespeare y Dostoiesvki, tímido, solitario, introvertido, enigmático y polémico, el 21 de febrero del 2001 el papa Juan Pablo II  lo  convirtió en el primer jesuita que en quinientos años llegaba a cardenal primado de la Argentina.
 
Como arzobispo de Buenos Aires, primero, como cardenal después, éste ex simpatizante de la Guardia de Hierro peronista se dedicó a hacer cosas para dejar atrás su contradictoria conducta en los tiempos de la dictadura que se instaló en el país en 1976, y para tender un manto de olvido sobre su Iglesia.
 
Una Iglesia que pactó y convivió con esa dictadura. Como él mismo lo admitió.
 
Una de las oportunidades en que lo reconoció fue el 9 de octubre de 1999, al encabezar el traslado de los restos del asesinado sacerdote tercermundista Carlos Mugica del cementerio de la Recoleta hasta la Villa 31.
 
En esa ocasión, pidió: “Oremos por los asesinos materiales, por los ideólogos del crimen del padre Carlos, y por los silencios cómplices de gran parte de la sociedad y de la Iglesia”.
 
También lo admitió ante los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti: “Hay que ser realistas, nadie debe lavarse las manos. Estoy esperando que los Partidos políticos pidan perdón, como lo hizo la Iglesia”, les dijo.
 
“Desviaciones hubo”, añadió. Algunas de esas desviaciones fueron tan profundas que, según sus propias palabras, “muchos curas no merecemos que crean en nosotros”.
 
LA MARCA DE UN SECUESTRO
En realidad, ni él pudo escapar de las sombras de ese pasado argentino donde todo fue sangre, locura y violencia. A él también lo acusaron de cómplice.
 
Un secuestro lo marcó para siempre: el de los curas villeros Orlando Yorio y Francisco Jálics.
 
Suspendidos “ad divinis” y separados de la Compañía de Jesús, de la cual Bergoglio era Provincial, fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976, apareciendo cinco meses después, desnudos y drogados, en un campo de Cañuelas.
 
El objetivo de los secuestradores era Yorio, acusado de cuadro montonero. Hasta el día que murió en Uruguay, el 9 de agosto de 2000, afirmó que Bergoglio los entregó.
 
“Estábamos totalmente desprotegidos y nuestra situación era comprometida. Le pedimos ayuda pero nos respondió que no tenía poder para defendernos”, le dijo el ex cura villero a la periodista y escritora Olga Wornak.
 
En un texto que Yorio escribió para leer en un seminario de formación teológica realizado en Jujuy en febrero de 1997, recordó que el hoy Papa les quitó el permiso de ejercer el sacerdocio, “y a los cinco o seis días nos secuestraron”.
 
Emilio Mignone, fundador del CELS y padre de una desaparecida, también denunció que fue él quien entregó a Yorio y Jálics, razón por la cual no le hablaba.
 
El jesuita Luís Pérez Aguirre, fundador del Servicio de Paz y Justicia en el Uruguay, aportó esta declaración: “No tengo buenos recuerdos de Bergoglio; no tengo nada que ver ni con él ni con su manera de actuar en la dictadura. Nos conocimos hace muchos años, y hay situaciones desagradables que prefiero olvidar”.
 
Pero otros lo defendieron. Por ejemplo, Marta, hermana del padre Carlos Mugica, asesinado por Montoneros, según unos, por la Triple A, según otros.
 
“Es cierto que está muy cuestionado dentro de la Compañía de Jesús, y seguramente algunos tienen la razón. Pero yo pregunto si los hombres como él no tienen derecho a cambiar, a modificar cosas de su pasado”, apuntó.
 
“Aquellos años fueron terribles para todos, y todos cambiamos. ¿Por qué Jorge no puede cambiar?, ¿por qué razón ahora no puede pensar diferente?”, añadió.
 
También lo defendió el cura franciscano Antonio Puigjane, preso tras el copamiento al cuartel de La Tablada. “No sé lo que hizo en el pasado y tampoco me interesa. Escuché historias que dicen los jesuitas, pero yo me quedo con lo que Jorge es ahora, con el tipo maravilloso y humilde que conozco”.
 
Bergoglio nunca se defendió de las acusaciones relacionadas con Yorio y Jálics. “No quiero ceder a los que me quieren meter en un conventillo”, argumentó.
 
Recién en el 2010 declaró que él no los echó de la congregación, no los desprotegió, que habló dos veces con Videla y dos veces con Massera por ellos y que, pasado todo esto, mantuvo excelentes relaciones con Jálics, de origen húngaro.
 
CASTIGADO, EN CÓRDOBA
En relación a otro capítulo de su vida, tampoco nunca se supo por qué la Compañía lo sometió a un duro castigo, que comenzó en 1990 y terminó en 1992. Durante dos años lo mantuvieron virtualmente secuestrado, sin hablar con nadie y en la más absoluta soledad en una casa de los jesuitas en Córdoba.
 
Eso le provocó un profundo deterioro físico y psíquico, comprobado por su médica Selva Tissera.
 
El sacerdote Guillermo Ortiz, quien fue a verlo, ofreció éste testimonio sobre su visita: “Sentía mucha pena por él, se pasaba horas sentado en la galería de la casa, mirando el vacío con la mirada perdida. Muchas veces tuve miedo que se estuviera volviendo loco o que intentara alguna cosa rara”.
 
El castigo incluía lo peor que le puede pasar a un jesuita: sacarle toda misión. Mataba el tiempo escribiendo reflexiones, que años después fueron publicadas.
 
Herméticos como son, los jesuitas nunca revelaron el motivo del forzado aislamiento. Algunos dijeron que fue por los “errores” cometidos en los 70. Otros aseguraron que fue por la cacería de jesuitas llevada adelante por Juan Pablo II.
 
En otro orden, tampoco se le perdonó a Bergoglio haber traspasado la Universidad del Salvador a la Guardia de Hierro, sector peronista alineado con Perón en su lucha con Montoneros y, luego de su muerte, con Isabel y López Rega, “guardianes” que después encararon una cacería de brujas entre profesores y alumnos de la Universidad.
 
Sus defensores dijeron que dicho traspaso no fue culpa suya sino que obedeció a un mandato enviado desde Roma por el General de la Orden, Pedro Arrupe.
 
Sus detractores tampoco le perdonaron que el 26 de noviembre de 1977 el rector de la Universidad, Francisco Piñón, militante de la Guardia de Hierro, le entregara a Eduardo Emilio Massera el título de “Doctor Honoris Causa”.
 
Volviendo a aquel castigo a que fue sometido, hasta hoy no hay una persona que haya dicho la verdadera causa de aquel confinamiento. Sólo Dios y él lo saben.
 
Su obligado encierro cordobés terminó en 1992 cuando el arzobispo de Buenos Aires, Antonio Quarracino, aunque no comulgaba con sus ideas, lo trajo como su obispo auxiliar.
 
Un gesto que él jamás olvidó. Nueve años después, al enterarse que se lo había nombrado cardenal primado de la Argentina, fue a la tumba de Quarracino, en la Catedral Metropolitana, y puso sobre ella un ramo de rosas blancas.
 
“EL PERÓN DE LOS PAPAS”
Para el año 2001, en que lo eligieron cardenal, lejos habían quedado ya aquellos oscuros años 70 en que era un ángel para unos y un demonio para otros.
 
Se convirtió en el caudillo de una Iglesia que buscaba desesperadamente dejar atrás su pasado de colaboradora de la dictadura, y volver a abrazarse con sus fieles.
 
Bergoglio inauguró una nueva época de marcada independencia de todo poder político, y de opción por el trabajo social a favor de los que menos tienen.
 
Procuraba demostrar que era uno más del pueblo. Se lo veía comprando en los supermercados, viajando en colectivo y en subte, y lavando los pies de los enfermos en los hospitales.
 
Todavía se recuerda cómo reaccionó ante unas palabras del ultraconservador obispo de Lomas de Zamora, Desiderio Collino, quien manifestó el 21 de mayo de 2000, durante una misa en la Basílica de Luján, su deseo de que “los periodistas que critican a la Iglesia contraigan un cáncer de pulmón”.
 
Otro, el vicario de Mercedes, Buenos Aires, sugirió durante otra misa realizada tras difundirse una investigación de Lanata sobre maltrato de menores, que a los periodistas críticos de la Iglesia se les debería practicar una lobotomía.
 
El siguiente Día del Periodista, Bergoglio ofició una misa de desagravio, donde pidió perdón en nombre de la Iglesia por tan desafortunadas expresiones.
 
Sus enemigos decían que todo eso lo hacía “por pura demagogia, pura política”. Es que a pesar de todo seguía teniendo enemigos, incluso dentro de su misma Orden.
 
Uno de ellos, director de un instituto de la Compañía que funcionaba en el barrio de Belgrano, señaló: “Es un desesperado por el poder, ambicioso, calculador, intrigante y conspirativo. Todo lo que hace es con una intencionalidad política, como Menem. Es peligroso, y si te colocas en frente te destruye”.
 
En sus homilías, tiró misiles contra Carlos Menem, de la Rua, Duhalde y Kirchner.
 
Tan fuerte era su cuestionamiento al gobierno de Kirchner que algunos llegaron a considerarlo un líder opositor. Para no verlo más y para escuchar homilías más dulces a sus oídos, Kirchner llevó los Tedeum a otras provincias.
 
Tal vez haya sido obra del Espíritu Santo, como sostienen algunos hombres de fe.
 
El hecho es que el 18 de marzo de 2013 se convirtió en el primer Papa que salía de América del Sur.
 
Para su amiga Alicia Barrios, es el “Perón de los Papas”.
 
La periodista lo definió como “el mejor alumno de Perón, quien desde algún lugar del cielo debe estar monitoreando, orgulloso, a este hijo pródigo”.
 
(*) Vidal Mario es historiador y periodista.

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