Lunes, 3 Diciembre, 2018 - 12:33

El G20 es un éxito porque garantiza que nada cambie
Por Esteban Branco Capitanich

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Se dice que los países que integran el G20 suman el 66% de la población mundial, y el 85% del Producto Bruto Interno (PBI) también mundial. Pero los que tienen poder entre los 20 no son más de 4. Los 16 restantes hacen de coro y 190 países tienen prohibido acercarse cuando éstos disfrutan de unas de las 24 horas más absurdas para un mundo serio y responsable.

Lo que no se dice es que también expresan a las ¾ partes de la humanidad que pasan hambre, mientras los 4 hacen un despliegue de poderío político, económico y bélico
que resulta obsceno y hasta pornográfico si tenemos en cuenta esa tremenda realidad.
 
 
El G20 es una puesta en escena para lucimiento de los dueños del planeta. Y tiene como uno de sus objetivos dejar en claro quién manda en el mundo (Trump lo hizo con un gesto, que puede parecer una tontera, pero es simbólico: tiró el audífono al piso deliberadamente en lugar de devolverlo en mano, Sabía muy bien que estaba al lado de Macri, que no de Néstor ni Cristina, los que seguramente no le hubiesen aceptado en silencio semejante falta de respeto).
 
 
Un G20 donde participan países como India, Ruanda y Argentina entre otros, con altos índices de pobreza y pavorosa desigualdad, y que ninguno de sus representantes exija el cese de la explotación mediante distintos recursos, como la usura internacional, el lavado, la timba financiera global, el cambio climático cuyo freno nadie acciona fuera de lo verbal, es una exposición impúdica de hipocresía. No ocurrió con Cristina en 2011 quién planteó frontalmente los principales problemas del mundo dominado por los 4 y exigió, con el famélico acompañamiento de los cipayos de siempre, la modificación de las condiciones y reglas que regulan la desigualdad.
 
 
¿De qué acuerdos se habla? De los que firman los cuatro grandes entre ellos y obviamente incluyen al país anfitrión, siempre cuidando, que es lo más importante, que nada cambie. Es fundamental que no haya intrusos que pretendan que sus pueblos coman. Pero la “gran prensa” destaca como un gran éxito el G20, que duró 24 horas, la mayoría de las cuales pasaron por presentaciones, agasajos, recepciones, comidas y dormidas. ¿Cuál es el éxito? Que nadie interrumpió esa nada con un bombazo. Que el cinismo fue la vedette en todo momento y así se selló un acuerdo que nadie piensa cumplir salvo en pequeños detalles.
 
Asimismo los mismos medios anuncian hoy que el país que realizó tan exitosamente la reunión del G20 perdió en estos tres años del gobierno de Macri nada más ni menos que 100 mil empleos. Y no se menciona que endeudó a todos, incluidos esos desempleados en 200 mil millones de dólares que nadie sabe dónde fueron a parar. O sí. Pero de eso no se habla.
 
Aumentó la pobreza, el desempleo, bajaron los sueldos, subieron las tarifas y la comida, bajaron las jubilaciones y aumentó la riqueza de los ricos. Pero el G20 es un éxito.
 
Este gobierno que organiza con éxito éste encuentro donde hay más cipayos que patriotas, no tiene el mínimo interés en mejorar la calidad de vida de las mayorías. Porque de esas mayorías viven las corporaciones que respaldan a estos ejecutores. Y porque esas mayorías deben ser pobres, lo más pobre posible, para que la transferencia de la renta sea la norma, y se acepte por éstas como eso: normal.
 
La prueba de todo esto es que después de casi 20 años de G20, el mundo está peor. Hay más desigual, es más violento, es más insolidario, con líderes cada vez más prepotentes y amenazantes. Y unos pocos países cada vez más poderosos rodeados de pueblos miserables que son el carbón que alimenta las calderas que iluminan ese pequeño y deshumanizado primer mundo.