Miércoles, 14 Noviembre, 2018 - 12:33

El fúbtol será feminista o no será
Por Mónica Santino (*)

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La selección argentina de fútbol femenino se clasificó para el Mundial de Francia 2019 luego de 12 años sin participación en la máxima competencia internacional. 
 
Esta es la noticia más destacada. Pero qué representa esta clasificación?. Qué significa un estadio repleto como ocurrió en el partido de ida el jueves pasado en cancha de Arsenal?. Qué es lo que viene ocurriendo de un tiempo a esta parte al fútbol de mujeres en Argentina?.
 
Hay, existe, un movimiento social nunca antes visto en relación al deporte más popular. Calificarlo de moda o boom pasajero suena casi a una falta de respeto para las miles de pibas y mujeres que se atreven a calzarse botines y entrar a la cancha, las que alientan a sus clubes en las tribunas, las que ejercen periodismo deportivo, las que juegan con sus hijas en las plazas, las que participan en torneos, ligas y distintas competencias en todo el país. Son las que se animaron, son las que ya no escuchan los chistes y los desprecios. Son todas las que de la cancha no salen nunca más.
 
Resultaba de una emoción única ver en un mismo estadio, volviendo a la noche soñada vivida en Sarandí, a las pioneras del fútbol femenino, las primeras generaciones que se atrevieron en completa soledad y luchando contra todo, a niñas que recién arrancan acompañadas por su familia, a ex jugadoras de no hace tanto, banderas en los alambrados que cantaban visibilidad, feminismo y presencia. Una jornada inolvidable.
 
No es para menos. Se celebra colectivamente el ingreso a la larga lista de reivindicaciones pendientes, el deporte, el derecho a jugar. A poder bajarla de pecho y poner la pelota bajo la suela. A mirar toda la cancha y pasársela a la que está desmarcada. A festejar un gol después de muchos toques. A ser nosotras.
 
Entonces la marea verde también es futbolera. Por derecho propio. Porque le corresponde. En tiempos políticos y sociales tan complejos se tiene bien claro que las batallas se libran en la calle, en las casas, en las camas y en las canchas.
 
Esta generación de futbolistas mujeres mezcla en la selección la experiencia de jugar en ligas internacionales prestigiosas con las jugadoras del campeonato local. Tiene un envión anímico único. Tiene ambición. Y lo más importante en el fútbol y en cualquier actividad humana: hay grupo.
 
Que no nos nublen la vista si en algún momento llegan los resultados deportivos adversos. Nuestro camino no es el de súper fútbol que deglute a los varones jugadores. Disfrutemos el juego más bello del planeta. El que nos empodera. El que como dicen las pibas de La Nuestra Fútbol Feminista en la Villa 31, nos permite pararnos en la cancha como en la vida.
 
El fútbol siempre fue feminista. Reparte poder entre un equipo, nadie gana un partido en soledad. Demuestra que cada singularidad es importante. Construir colectivamente para transformar es lo que enseña permanentemente. El que sobra al rival, teje artimañas tarde o temprano se queda afuera. Con todo eso no tenemos nada que ver. Salimos del vestuario para cambiarlo todo. De las canchas no nos sacan nunca más.
 
Saber los nombres de las pibas de la selección, inventar cantitos, llenar tribunas, juntarnos a ver el partido esta noche son las acciones para dar una batalla cultural que recién empieza. No estamos de moda. Donde existe una necesidad hay un derecho dijo una de las mujeres más importantes de la historia argentina. Y de ese material estamos hechas. No nos frenan sacándonos los pañuelos verdes porque habrá otra compañera para reponerlo. No nos frenan quitándonos la pelota. Habrá otra compañera para recuperarla. Sin nosotras nunca más. 
 
(*) Ex jugadora de All Boys. Fundadora y directora de la escuela de fútbol femenino "La Nuestra Fútbol Femenino" ubicada en el barrio porteño de Retiro.
Fuente: 
Télam

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