Sábado, 1 Junio, 2019 - 11:31

De memes a decapitaciones: Faceook revela el trabajo oculto de sus revisores de contenido

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"Péguenle más, también es hincha de RiBer ----", dice una frase sobre la foto de un hombre visiblemente golpeado, tirado en el suelo, con sangre sobre la cara y la camiseta. ¿Una broma? ¿Una incitación a la violencia? A más de 10 mil kilómetros de Buenos Aires una persona decide si esa imagen seguirá publicada en Facebook o será eliminada.

Después de clasificar esa foto, una tarea que le puede llevar entre uno y tres minutos, tal vez evalúe la imagen -y el contexto- de una esvástica tatuada en la piel, el texto de una ironía mal interpretada, un meme sobre Macri, la pertinencia de que se vea una teta en la panorámica de una manifestación frente al Congreso, un anuncio encubierto de venta de drogas o cualquier otro contenido reportado por algún usuario de la red social.

Cómo él, o como ella, un grupo de personas revisa las 24 horas desde Barcelona los contenidos denunciados en Argentina y les aplica las Normas Comunitarias, un compendio de reglas que definen lo que se puede y no se puede postear en Facebook y regulan temas como desnudez, bullying, abuso sexual infantil, discursos de odio, venta de drogas o de armas, propaganda terrorista, spam y violencia.

"Siento que estoy haciendo algo bueno. Creo que estoy ayudando, contribuyendo de alguna manera a hacer cosas positivas. Y a establecer un nivel de convivencia digital que te permita seguir disfrutando de las redes sociales", confesó un joven de origen ítalo-venezolano, cuya identidad permanece anónima por cuestiones de resguardo.

Pero "no todo lo que vemos es siniestro ni feo ni degradante", aclaró, y siguió: "la gran parte de los contenidos al final se terminan ignorando porque no tienen realmente una base válida para proseguir con la denuncia. Muchas veces se denuncia cualquier cosa, como una foto que salió mal. O una foto que sacó el compañero que está al lado y no me gusta".

"Por ahí pasa una semana en la que no te toca nada" violento, completó en diálogo con Télam y otros tres medios latinoamericanos un argentino, joven, como la mayoría de quienes trabajan allí.

Desde este centro y otros 19 repartidos alrededor del mundo, un equipo global de 15.000 miembros administra la censura online, una tarea tan polémica como novedosa con la que Facebook hace equilibrio entre la presión estatal de cuidar la seguridad de las 2.300 millones de personas que se conectan cada mes y garantizar el derecho a la libertad de expresión (allí donde existe).

La decisión de abrir las puertas de este lugar por primera vez muestra la intención de la red social de trasparentar la toma de algunas de sus decisiones más complejas, un contrapunto con el secretismo que imperó en la empresa hasta que el año pasado cuando estalló el escándalo con Cambridge Analytica.

Los 800 revisores del centro en Barcelona -que funciona desde hace un año- trabajan 38 horas semanales, tienen un salario inicial de 25 mil euros anuales y no se les requiere un nivel de formación en particular, sino una serie de aptitudes de lenguaje y psicológicas.

"Hay colombianos trabajando aquí, mexicanos, peruanos y gente de todos lados", describió un revisor mexicano, quien explicó que "se necesitan personas que entiendan que cuando te dicen 'oye cabrón' no te lo están diciendo en forma despectiva, sino que te están diciento '¿cómo estás?'. Se necesitan personas que entiendan el idioma de cada país de forma nativa".

Su tarea les permite sentir en tiempo real el pulso de lo que se discute en la red social que, como describió una revisora peruana, "según la actualidad del país, tiene tendencias. Cada país tiene su trending topic".

En Argentina son "las elecciones y el aborto. El aborto ahora paró un poco, pero es uno de los grandes temas", describió un joven con acento porteño.

"Y el feminismo. Sobre esto hay chistes atacando de un lado y del otro. Tenés bullying y muchas denuncias a gente que cuenta historias sobre cosas que le pasaron. Hay gente que denuncia las tapas de los diarios porque no le gustó la nota... es raro y hasta tonto", señaló.

Cada caso que evalúa es un "tíquet" que se genera por el reporte de cualquier usuario o tras la apelación de un contenido mal eliminado por los sistemas de inteligencia artificial, un filtro automatizado que analiza los contenidos en el momento en que se suben.

De alguna u otra forma, la naturaleza de su trabajo puede afectarlos y por eso los revisores están asistidos permanentemente por un grupo de seis psicólogos que organizan actividades variadas (meditación, baile, yoga) en horario laboral tanto "para liberar estrés como para sentirse más cómodo en el trabajo", describió uno de los profesionales.

Para el revisor ítalo-venezolano, "una de las grandes ventajas que tiene este trabajo es que uno cierra, y ya. Seguís con tu vida, el trabajo se queda aquí".

Fuente: 
Télam