Martes, 15 Octubre, 2019 - 17:56

De madre y abuela

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Ser abuela es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de una mujer que decidió tener hijos y, esta vez en un papel muy diferente de la maternidad aunque con sus puntos de coincidencia.

Es otra vez pasar por esa sensación inexplicable, cuenta Matilde, de amar y cuidar a una persona como a ninguna otra y ser una pieza clave en una familia. Es una aventura doble, todo viene por dos, sentimientos y trabajo, aunque desde otra mirada. Con mayor experiencia, relajada, con miedos ya superados aunque más consciente sobre la importancia de la vida y la crianza.

Como abuela moderna, Matilde también participa de la crianza y el cuidado de sus nietas. Para ella, el trabajo y la dedicación siempre son lo mismo pero amplificado por la experiencia y la suma de los años.

“Una ya no tiene la misma edad y las circunstancias de la vida no son las mismas que cuando fue madre”, dice recordando hace 33 años cuando fue madre por primera vez. Y recuerda: “Quería tener hijos, inclusive más, pero después me di cuenta que por circunstancias de la vida no iba a poder”. “Los crié con mucha dedicación y amor”, celebra sobre sus años de madre y cuenta que, ahora, “con la experiencia, se da cuenta de que el trabajo es full time para una madre”.

Para una abuela también y doble. “Cuando me tocó ser abuela, es como que ese amor, esa dedicación, esa sensibilidad se exacerbaron”, retrocede hacia el nacimiento de sus nietas, del que ya también pasaron algunos años.

Con la llegada de sus nietas, Matilde revivió  la infancia de sus hijos. Los primeros pasos, las primeras palabras, los juegos, las canciones y los berrinches. La salidas al médico, los remedios caseros, los abrazos y peleas. La escuela, los amigos y las tareas.

Mientras su nieta juega a su alrededor, con la mamadera que ella le preparó, vuelve al inicio y repite que “con los años, una está más sensible y el esfuerzo también pesa un poco más”. Y, lo más importante, “sé es mucho más consciente de la educación y el valor de una vida humana”.

Matilde magnificó toda la importancia de la vida de sus hijos y como contrapartida al trabajo de la crianza lo “siente más” pero, aun así, no deja de repetir que “el amor es doble”.

Autor: 
María Paula Quiroga