Martes, 19 Mayo, 2020 - 10:02

Cualidades de un buen juez
Por Adrián Maximiliano Gaitán (*)

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Este año, en nuestra provincia, la elección de los jueces y funcionarios del Poder Judicial se torna de suma importancia, no solo porque se deben concursar puestos subrogados, sino principalmente porque el órgano constitucional para la selección de los jueces, el Consejo de la Magistratura, debe decidir quién ocupara el lugar vacante en el Superior Tribunal de Justicia, lo que implica una ardua selección de aquellos postulantes que pretendan el cargo.

Los Abogados de la matricula el día 12 de junio elegiremos a nuestros representantes, quienes tendrán también un voto de importancia para dicha selección. Ya vimos el escandaloso sorteo que fuera anulado para elegir al representante de los jueces para ocupar el lugar correspondiente en el Consejo de la Magistratura, escándalo que por cierto fue generado y avalado por los propios jueces que integran nuestro sistema de justicia, y a quienes este Consejo debe elegir nuevamente.

Entonces, me preguntaba como profesional del derecho, que características o cualidades debe tener un juez para ser elegido y desempeñar fielmente su función, no me refiero a los requisitos constitucionales para postularse al cargo de juez, fiscal, defensor o cualquier cargo como funcionario del Poder Judicial de nuestra provincia, sino a las cualidades que debe tener la “persona” que va a ser elegida para ocupar un cargo tan importante para la sociedad.

En un Estado Constitucional de Derecho como el nuestro, podemos concebir al buen juez como la persona que tiene encomendada la función estatal de impartir justicia, para lo cual debe ser conocedor del Derecho, entendido como el conjunto de normas, compuestas de reglas, principios y valores que regulan la vida en sociedad. Además, debe propiciar el respeto a los derechos humanos y regir su actividad por los principios constitucionales de excelencia, objetividad, imparcialidad, profesionalismo e independencia, así como por los principios y valores de la Ética Judicial, a fin de que las controversias las resuelva de una manera justa, justificando su actuar ante las partes y la sociedad en general.

Su condición de servidor público le impone procurar una prudente disposición a brindar las explicaciones y aclaraciones que le sean solicitadas y resulten procedentes, sin duda, “elegir un juez supone habitualmente un proceso dirigido a establecer si cuenta con ciertas habilidades, conocimientos y valores, por eso hay algunos ciudadanos que no pueden pretender serlo”.

En ese sentido, diseñar un perfil del juzgador da la posibilidad de seleccionar a las personas consideradas más capaces para llevar a cabo la función estatal de impartir justicia, y en este sentido pretendemos que así sea quienes colaboramos como auxiliares de la justicia en el rol de Abogados de los litigantes.

Por ello, más allá de que la persona deba tener una sólida formación jurídica, la capacidad de interpretar, razonar y argumentar jurídicamente sus decisiones, la habilidad de identificar los conflictos sociales inmersos en los asuntos a resolver, una formación en valores que le permita realizar el trabajo judicial de manera independiente y autónoma, también son necesarias otras cualidades y valores a considerar que me permito esbozar a los fines de determinar el perfil del futuro juez que deba juzgarnos como integrantes de la  sociedad.

1. Vocación de servicio: Un buen juez debe tener claro que su trabajo es, a fin de cuentas, solucionar los problemas –de relevancia jurídica– de las personas. Que el juez comprenda su verdadera función, es un paso previo para que asimile que su trabajo es servir, sí, servir al ciudadano de a pie que ha tenido que solicitar –como último remedio– tutela jurisdiccional. Por el contrario, si la persona que accede a la condición de magistrado considera que es el Estado quien le debe servir, con los privilegios previstos para su cargo, el destino de su función, será muy probablemente el fracaso.

2. Empático: Esto supone “ponerse en los zapatos” del litigante. Sí, lo sé, es muy difícil, por la sobrecarga procesal, resolver los casos en los plazos legales, pero ello no implica de forma alguna que los procesos puedan estar indefinidamente sin solución o que esta última tarde más de lo razonable. Si el juez no comparte –siquiera en una pequeña parte– ese sentimiento de desesperación del litigante que lleva esperando largo tiempo por su sentencia, no podrá ser un buen juez. Es difícil identificar esta capacidad, pero valdría la pena hacer ese esfuerzo, porque de ello dependerá tener o no un juez sensible a la indignación justificada del ciudadano que no obtiene respuesta oportuna de la justicia.

3. Conocedor del Derecho: Existen conceptos, principios, normas específicas, que necesariamente deben estar en el radio de conocimiento de un buen juez. Se trata de cuestiones que son transversales a todas las ramas del derecho: el debido proceso, la proscripción del abuso del derecho y de la arbitrariedad, los derechos fundamentales, la cosa juzgada, partes de la constitución, dogmática, etc. Este conocimiento no solo permitirá al juez motivar debidamente sus resoluciones, sino que además legitimará su investidura para con sus colaboradores. En efecto, esa calidad de jefe o de superior de los auxiliares jurisdiccionales del órgano jurisdiccional, será sólo formal si no se evidencia en él un conocimiento del Derecho suficiente. No necesariamente se requiere que sea  erudito, pero no podrá sentarse en una audiencia, ante profesionales preparados del derecho y resolver de manera acorde al derecho vigente de manera adecuada.

4. Correcto e independiente: Un juez mediocre quiere quedar bien con aquellos que permitieron que se sentara en su despacho, buscará, por ejemplo, satisfacer con sus decisiones a los intereses de quienes sabe luego que lo evaluarán en el momento de ratificarlo, pierde, sin duda su independencia en el cargo, ya no depende de la justicia, sino de otros intereses, producto de su inseguridad como tal, como juez y como persona. Por el contrario, un buen juez sólo se guía, al dirigir los procesos, por su sentido de justicia, sin importar si con las decisiones que resultan de este, pueda generar una enemistad o cualquier inconveniente con los amigos o conocidos que se verán “afectados”. Lo correcto, implica ser sabedor de sus insuficiencias, para poder superarlas, y también reconocer sus cualidades y capacidades para emitir de la mejor manera posible sus resoluciones, observando un comportamiento probo, recto y honrado.

5. Sentido común: Tener sentido común implica actuar de forma razonable. Un juez no debe dejar nunca de actuar razonablemente, ni al manejar el personal que tiene bajo sus órdenes, ni en el trato con los demás profesionales, ni al resolver los procesos que dirige. Sin dudas que el conocimiento del derecho legitima la condición de líder del juez, pues esta condición refuerza cuando tiene una relación de trabajo correcta con sus subordinados, colegas y profesionales. Considero que en tanto no se acepte y exista consenso en que el juez cumple un papel protagónico en el éxito o fracaso de un juzgado, los males que aún padece el Poder Judicial no podrán ser sanados.

6. Humanitario: Se trabaja con personas, los casos no son solo números, hechos o intereses, en cada momento de su quehacer se debe estar consciente de que las leyes se hicieron para servir al hombre, de modo tal que la persona constituye el motivo primordial de sus tareas.

Las cualidades que he desarrollado en el presente trabajo me parecen trascendentales en un buen juez, no digo que son las únicas, pero son las que, desde mi experiencia, he visto y aprendido en magistrados excelentes de nuestra provincia.

(*) Abogado. Presidente de la Asociación Abogados Penalistas del Chaco