Miércoles, 18 Septiembre, 2019 - 15:58

Críticas a la clase política de España por su fracaso para formar gobierno

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Tras un nuevo fracaso en el intento de formar gobierno y con unas elecciones en el horizonte que no son garantía de que España saldrá de la crisis política en el que está sumida, los líderes políticos españoles fueron hoy blanco de críticas desde diferentes sectores ante el temor a una mayor inestabilidad.
 
El día después de confirmarse que habrá nuevas elecciones generales el próximo 10 de noviembre, mientras el Congreso de los Diputados de Madrid se convertía en el escenario de la nueva precampaña, con reproches cruzados entre los partidos a raíz de su propia incapacidad para acordar, los españoles conocieron con indignación el elevado costo que se estima que tendrán que pagar por la repetición electoral: 140 millones de euros.
 
La alcaldesa de Barcelona, la progresista Ada Colau, alertó de estas consecuencias a una ciudadanía que desde hace mucho tiempo desconfía de sus políticos.
 
"No! 140 millones de euros los necesitamos para vivienda, dependencia o educación. Los ayuntamientos llevamos años al límite con presupuestos del PP prorrogado. Que reduzcan los
costos electorales, que renuncien a la campaña electoral. Quien decide elecciones, que asuma el costo!", escribió Colau en Twitter.
 
En otro mensaje, la política de izquierda surgida de los movimientos sociales afirmó que "la responsabilidad de las nuevas elecciones es del Partido Socialista (PSOE) y muy especialmente de Pedro Sánchez -presidente del gobierno que buscaba la reelección-. Pero el fracaso es colectivo".
 
"Habrá que trabajar mucho y con mucha humildad para que la ciudadanía crea en la utilidad de las instituciones", advirtió a sus colegas políticos.
 
Por su parte, los líderes de los grandes sindicatos del país, Comisiones Obreras (CC.OO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), que abogaban por un acuerdo de izquierda entre el PSOE de Sánchez y Unidas Podemos, el partido de Pablo Iglesias, lamentaron la "oportunidad perdida" de manera "irresponsable" al tiempo que avisaron del riesgo a que la desilusión lleve a una desmovilización del electorado progresista.
 
El secretario general de CC.OO, Unai Sordo, consideró que fue una "burla a las clases populares" el escaso tiempo dedicado a alcanzar un pacto de gobierno y acusó a los políticos de "jugar a la ruleta rusa" con las nuevas elecciones. Su compañero de UGT, Pepe Álvarez, señaló en declaraciones a Radio Nacional de España (RNE) que "lo peor que puede pasar que no haya una participación alta".
 
También el presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) Antonio Garamendi, acusó a los políticos españoles de dar un "espectáculo bastante lamentable" en vez de buscar un clima de estabilidad que permita crear empleo y riqueza.
 
De hecho, el dirigente empresarial aconsejó a la clase política que tome como ejemplo la negociación de los convenios colectivos entre los sindicatos y la patronal, que cada año se sientan a negociar, tras remarcar que la incertidumbre política genera desconfianza y "está provocando ya que se retraiga la contratación indefinida en un 19%, cuando el año pasado crecía a un 20%".
 
El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado a principios de septiembre, revela que la política no despierta pasiones entre los ciudadanos de España, siendo el sentimiento de "desconfianza" el más citado en un 34,2%, seguido del "aburrimiento", con un 15,8%, y el tercero la "indiferencia", con un 13,2%.
 
Aunque en el momento en el que se hizo la encuesta todavía no se había despejado la incógnita de si habría nuevos comicios, un 10% respondió que no volvería a votar ante una repetición electoral, producto del hastío.
 
A raíz de una reforma introducida en 2016, cuando se da una repetición electoral la campaña dura ocho días en vez de los 15 habituales. Además, no se podrán publicar proyecciones electorales durante los cinco días previos a la cita electoral, mientras las subvenciones que reciben los partidos para la campaña se reducirán en un 30%.
 
La incógnita de cara al 10 de noviembre estará más que nunca en el nivel de abstención y, por lo tanto, en cómo se traduce la frustración de los españoles en las urnas tras votar por cuarta
vez en cuatro años, algo inédito en democracia.