Lunes, 30 Diciembre, 2013 - 09:19

Por Santiago Piñero (*)
Crisis de las modernas teorías del castigo penal (Parte I)

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Diariamente vemos y oímos justos reclamos de la población frente a los beneficios de los cuales gozan ciertos ciudadanos no obstante haber sido verificada la comisión de un delito de su parte y si a esto le sumamos que la única solución que encuentran los legisladores consiste en aumentar las escalas penales del delito cuestionado, creo que vamos por mal camino. Quisiera referir al respecto algunas consideraciones teórico prácticas que tal vez ayuden a comprender el fenómeno.

La ciencia penal iluminista nació con la necesidad de imponer límites al absolutismo del terror imperante en la edad media. Por aquel entonces el poder punitivo se ejercía desde la cabeza del estado de manera absolutamente arbitraria y sin barrera alguna que lo contenga. Con la llegada del siglo de las luces se eleva a primer plano la situación del ser humano-ciudadano por sobre el poder estatal y eclesiástico.

Sin desconocer las obvias bondades del nuevo sistema, creo sin embargo que ciertos aspectos no se han visto tan beneficiados por este influjo racionalista y se encuentran en plena crisis hace ya tiempo.

Los teóricos iluministas, entre otros aspectos, intentaba agregar una cuota de racionalidad a todo lo referente a las decisiones de gobierno. En este sentido, en cuanto al derecho penal importa, desde el ámbito académico y forense se produjeron importantes modificaciones tanto en lo que hace a los motivos que habilitan la intervención punitiva estatal (a), como en lo referente al alcance y función que debería cumplir dicha intervención (b).

a) En cuanto a lo primero, se comenzó a esbozar lo que luego se denominó Teoría del Delito: Un saber sistemático extraído de la ley penal, convertido en supuestos conceptos generales de base lógico dogmática aplicables a la totalidad de los casos posibles.

b) En cuanto al segundo aspecto, se sustituyeron las antiguas concepciones absolutas del castigo por nuevas referencias de carácter racional utilitarias, llamadas Teorías Relativas.

A primera vista esta exposición podrá parecer meramente ilustrativa y anecdótica, sin embargo muchos institutos jurídicos actuales que tienen aplicación cotidiana en nuestra sociedad encuentran su gestación y motivación en aquellas doctrinas.

Retomemos lo referido en relación al punto b). La evolución del pensamiento penal demuestra una lucha constante a lo largo de la historia entre quienes legitiman el poder punitivo y quienes pretenden limitarlo. De estos enfrentamientos van gestándose diferentes ideas acerca de la fundamentación del poder de castigo perteneciente, desde la Edad Media, de manera exclusiva al Estado.

Hasta la aparición del mencionado racionalismo iluminista, las corrientes imperantes se denominaban Absolutas o Retributivas. Se basaban en imperativos categóricos y no admitían comprobación empírica posible, lo cual daba origen a su denominación. Básicamente, pretendían asignarle al castigo una función valorativa trascendente: Justicia. El delito perpetrado por el ciudadano había quebrado el orden jurídico y la pena aplicada resultaba la manera adecuada de componerlo. La consecuencia lógica de este tipo de posturas era que ningún delito debía quedar sin sanción. Máximos exponentes de estas corrientes fueron Immanuel Kant y Georg Wilhelm Friedrich Hegel.

Podríamos decir que este tipo de filosofía describía un castigo que, cronológicamente, “miraba hacia atrás”; no le interesaba tanto su función hacia el futuro sino más bien reparar o retribuir el daño ya causado.

 

(*) Abogado