Martes, 24 Diciembre, 2019 - 16:24

Consumo de drogas: Un problema de educación
Por Alfredo Rodríguez (*)

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La condena del consumo de drogas por parte del Estado en Argentina y los resultados obtenidos nos demuestran que el sistema ha fracasado. Para terminar con el narcotráfico y el consumo problemático no hay que poner el acento en la persecución y el castigo. Hay que crear una sociedad consciente apuntando a fortalecer el sistema educativo, porque la represión como método es obsoleta. 
 
Si nos ponemos a analizar los indicadores de consumo en nuestro país en base a las estadísticas publicadas por SEDRONAR (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico), tenemos varios factores en los que enfocarnos. Una de las cuestiones preocupantes es que la edad de inicio en el consumo de marihuana sigue bajando y el mercado de cocaína local es proporcionalmente cercano al norteamericano.
 
Por otro lado, según un informe publicado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA) existe una migración evidente de delincuentes comunes hacia el narcomenudeo. La droga ilegal más consumida en nuestro país y en la región es la marihuana, y en los últimos años se viene dando un ascenso importante en el porcentaje de quienes la consumen según la CICAD. A su vez, sabemos el poder que tiene como introductoria a otras drogas más fuertes y destructivas, como la cocaína.
 
Datos alarmantes del Observatorio Argentino de Drogas señalan que entre quienes iniciaron el contacto con la marihuana a los 17 años o antes, el 30 % presentan consumo abusivo y más del 46% consumen estupefacientes frecuentemente. En cuanto al consumo de cocaína, desde el sistema de salud señalan que ha crecido desmedidamente y no distingue clases ni niveles socioeconómicos. La diferencia es la calidad y la forma de ingerirla, las personas de nivel socioeconómico más bajo consumen paco y pasta base.
 
A su vez, ha crecido el número de personas que buscan ayuda en los centros de tratamiento a los consumos problemáticos. Según un sondeo de SEDRONAR en el año 2017, cerca de doscientas mil personas solicitaron atención y entre ellas, casi 10.000 eran menores.
 
Frente a esto, el Estado decide reforzar la represión y la persecución. No hay un sistema de contención para los consumidores y el presupuesto que se ocupa para “combatir” el problema claramente excede el límite de lo que se ocupa para prevenir. El verdadero negocio para el narcotráfico es la prohibición y la represión. 
 
RESPONSABILIDAD ESTATAL 
 
Considero que los Estados son cómplices e ignorantes. No tienen en cuenta el valor humano, solo se manejan por estadísticas y percepciones personales, usando políticamente el slogan de “el flagelo de las drogas”. Tal flagelo no existiría con un sistema de educación fuerte, que privilegie la formación de consumidores conscientes y ciudadanos responsables. 
 
Una educación en la que no prime la lucha de clases, sino el entendimiento de clases y personas, para que no puedan utilizar más, como siempre hacen, la división como elemento de control. El modelo de nuestros vecinos, los uruguayos, es ilustrativo de cómo con políticas públicas fuertes se pueden disminuir las consecuencias negativas del consumo de marihuana. 
 
En el citado país, se legalizó el consumo de marihuana el 10 de diciembre de 2013 y el Estado monopolízó la provisión de esta droga, la cuarta más utilizada allí. Para acceder a la compra, los usuarios deben registrarse, ser uruguayos y mayores de 18 años. Se permite el autocultivo con restricciones y se puede comprar certificada por el Ministerio de Salud en farmacias. De esta manera, Uruguay le quita parte del negocio al narcotráfico y controla el acceso para proteger a los menores.
 
En este sentido, estoy de acuerdo con la legalización del consumo de drogas porque, si no, se deja a los chicos solos en vez de enseñarles a tomar decisiones por sí mismos. Se debe trabajar articuladamente e interdisciplinariamente en políticas para el sistema de salud y educación, así también como para seguridad sin represión, y promover espacios de esparcimiento artístico y deportivo sanos. Hay que transformar la educación para que las personas no sean objetos sino sujetos.
 
Eso sí, en la transformación y transición a la legalización del consumo tiene que haber pasos. Se necesitan cambios estructurales en el sistema judicial, de salud y de educación, porque si no, vamos directo al fracaso y sería un gesto político simbólico y vacío que encierra la verdadera intención de demostrar que la legalización es perjudicial. El verdadero flagelo es el tráfico ilegal de drogas y el abandono que hace el Estado de nuestros jóvenes. 
 
(*) Docente universitario y creativo publicitario.