Lunes, 21 Septiembre, 2020 - 11:51

Colegios de Abogados: ¿institucionalidad en decadencia?
Aldo Daniel Ávila (*)

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Luego de un prolongado e inentendible letargo, los Colegios de Abogados de diferentes circunscripciones judiciales decidieron expresarse públicamente, solicitando medidas que permitan mejorar el trabajo que, a diario, deben cumplir las y los abogados y que, por otra parte, desnudan las lamentables y paupérrimas condiciones en que se encuentra el servicio de justicia y los arcaicos mecanismos que se disponen para acceder al mismo.
 
Esta coincidencia en hacer visible el displacer que provoca desempeñarse en estos escenarios, no significa que exista una uniformidad de criterios o posiciones, acerca de cómo proceder en esta emergencia, en que se han dilapidado más de seis meses con el argumento del riesgo sanitario o la preservación de la vida, pero que, también, de algún modo, han extendido certificados de defunción a actividades, proyectos y posibilidades de reclamos en pos de solucionar conflictos.
 
Es que la justicia estuvo ausente de manera obscena, desde que comenzó esta cuarentena sin final.  
 
Salvo, claro está, que pretendan convencernos que el trabajo, de manera remota, es efectivo y equiparable al modo presencial.}
 
La respuesta es un rotundo no. No para los abogados. 
 
No para esta profesión que tiene características diferentes a cualquiera otra.
 
Sin embargo, los Colegios de Abogados que nuclean a todos los letrados y que están constituidos, precisamente, para luchar por objetivos gremiales y/o en beneficio de todos sus miembros han entrado en severas crisis cuya solución, por ahora, no se percibe en el corto plazo.
 
Se dieron, históricamente, casos en que los presidentes de los Colegios de Abogados utilizaron el cargo, como trampolín para lanzarse a otras actividades. La política, por ejemplo.
 
Y esos malos hábitos, aún se mantienen.
 
Pero, ni siquiera esta conducta sería motivo de reproche en tanto no pierdan de vista los intereses de los asociados. El problema es que, muchas veces, no se puede quedar bien con dios y con el diablo.
 
Ser presidente de la entidad asociativa implica, entre otras cosas, ir y pararse frente a un magistrado/a y recriminarle actitudes o desempeños que afectan a sus representados.
 
Y en ese punto, la tarea deja de ser placentera. 
 
Por supuesto que no se piensa en ello (o no quieren hacerlo) cuando son meros candidatos, porque no se llega con una plataforma programática, ni precedido de pergaminos que aseguren su idoneidad. Se llega a través del apoyo político.
 
Que, por otra parte, es la única posibilidad. Gana la cantidad, no la calidad. El mérito ha dejado, definitivamente, de ser un factor determinante.
Hasta las reglas del marketing juegan con más preponderancia que haber sido un conspicuo referente de la profesión. 
 
Este axioma se da en todos los ámbitos de nuestra sociedad, hoy por hoy. Así lo pone de manifiesto la realidad. 
 
Lo concreto es que en estos tiempos, son más los desencuentros que las coincidencias entre sus integrantes y quienes nos representan. 
 
Pruebas al canto:
 
En Sáenz Peña (II Circunscripción) los asociados, desde hace más de cuatro meses, pedían visibilizar sus reclamos con acciones concretas y de mayor repercusión. No tuvieron eco en los directivos.
 
Pero repentinamente, en forma inconsulta y, por ende, arbitraria, la presidencia fijó día y hora para concurrir a Tribunales a exigir atención irrestricta para todos quienes ejercen el derecho (sic).
 
¿Cuál fue el resultado de dicha convocatoria? Previsible. Un fracaso. 
 
Menos de 30 profesionales concurrieron a la cita. Lo importante es el mensaje, balbucearon algunos, admitiendo su decepción.
 
En Charata (IV Circunscripción) existe un marcado desacuerdo entre lo que piensa la mayoría de sus integrantes, y la presidencia. 
 
Esta última coincide con la posición que pregona evitar la actividad presencial en resguardo de la integridad física. Pero lo que omite quien sostiene este mensaje, es que no necesita de la profesión para subsistir en la crisis. Ni siquiera en la normalidad que no extraña. 
 
Estas marcadas discrepancias llegaron al extremo de  expulsar a la secretaria de la Comisión Directiva, no sólo en el cargo para el que fuera elegida, sino, incluso, como asociada de la institución hasta el 30/09/2021. En un hecho inédito que no guarda precedentes, por lo menos, en los últimos 30 años y con argumentos, entre otros, de crear un grupo de whatsapp y haber expresado, públicamente, “tener ideas y pensamientos distintos al Colegio de Abogados que integra”. No es un buen ejemplo de respeto hacia el pensamiento plural.
 
Firma la resolución del 29/06/2020, su propio presidente, quien, a la vez, fuera condenado por violencia de género según Expte. 34/19 de la Cámara de Apelaciones Civil y Comercial de Charata. Sanción disciplinaria que consiste en un apercibimiento bajo advertencia de mayores sanciones.
 
Es obvio que está cuestionada su autoridad moral.
 
¿Será por eso que muchos colegas, por fuera de la institución, han elevado una nota de fecha 17/09/2020 al STJ pidiendo mayor flexibilidad en el modo de trabajar?
 
¿Sienten los colegas charatenses, estar representados por esta conducción?
   
En Villa Ángela (III Circunscripción) la intervención es una cuestión de tiempo. 
 
No sólo han hecho una protesta de escaso acatamiento. Están intimados desde 2015 por Personas Jurídicas a realizar una convocatoria a asamblea, incumpliendo el perentorio aviso. Su último ejercicio contable, presentado, data de 2004. 
 
Toda una señal de displicencia e irresponsabilidad.
 
Los colegios están tornando evidente una falta de liderazgo y una imposibilidad de generar acuerdos beneficiosos de manera organizada y efectiva.
Priman los intereses personales o políticos por sobre el bienestar general.
 
Alientan, con conciencia plena, un futuro ominoso.
 
El marco institucional que nos marcara el camino a seguir y fuera motivo de notables luchas y grandes conquistas para quienes ejercemos la abogacía, ¿está en decadencia?
 
O, tan sólo, este conjunto de desacoples, responde a una crisis pasajera?
 
(*) Abogado