Jueves, 12 Diciembre, 2019 - 11:19

Charly García cerró el año con un majestuoso show en el Luna Park

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“No existe una escuela que enseñe a vivir”, canta Charly García en soledad, frente a su teclado y con la indómita luz blanca posada sobre su figura. El Luna Park vuelve a estallar, como ya lo había hecho casi una hora atrás cuando se retiraba -caminando- del escenario a la espera de los bises, que en realidad fue uno solo y se hizo rogar, pero valió la pena.

“Desarma y sangra” fue el broche de oro de otra noche mágica en el templo del boxeo, sitio que fue testigo de tantas jornadas memorables para el deporte, la música y también para el propio cantante. Si bien ya había tocado en agosto pasado en ese estadio, cuando uno piensa en Charly en el Luna no puede dejar de venírsele a la mente la despedida de Sui Géneris en 1975.

Mucha agua pasó debajo del puente y nuestro Charly -ganador de mil batallas- sigue allí, en los primeros planos. Este miércoles presentó en ese mismo lugar “La torre de Tesla: una analogía de utopía” y, otra vez, emocionó a grandes y jóvenes.

Acompañado, como de costumbre, por Rosario Ortega, en coros; Fabián “El Zorrito” Quintiero, en teclados; y los chilenos Kiuge Hayashida, en guitarra; Carlos González, en bajo; y Toño Silva, en batería; dejó todo en otra noche inolvidable.

El telón se levantó a las 20:52 y ahí se lo vio a Charly, vestido con un saco negro, anteojos rojos y de buen humor. “No llores por mi Argentina” fue el primer tema. Con guitarra eléctrica en mano, el ex Serú Girán quería demostrar rápidamente que se iba a tratar de un concierto bien rockero.

La gente inmediatamente se puso de pie -así seguiría todo el show- y para “Yendo de la cama al living” el protagonista de la noche volvió al teclado mientras en las pantallas se veía el gol de Diego Maradona a los ingleses en el Mundial ’86. El jueves pasado, esas imágenes también se observaron en el concierto de Andrés Calamaro mientras “El Salmón” interpretaba “Estadio Azteca”.

Pero volvamos al Luna y a Charly. Luego del segundo tema, no tardó en llegar la primera gran ovación de la noche. El “Olé, olé, olé, olé, Charly, Charly” retumbaba desde todos los sectores del estadio. Esa aclamación del público dio lugar para que el músico contara lo que se venía: “Voy a hacer ‘In the city that never sleeps’, una canción que hice hace poco. Estoy componiendo mucho y cobrando menos”, dijo de forma risueña y desató las carcajadas de los fans.

Tras “In the city”, llegó la clásica “Cerca de la revolución”, otra vez con guitarra en mano. Lo distinto -respecto a otros conciertos recientes- es que se puso de pie para tocar este tema. Además, se acordó de su amigo Keith Richards y desencadenó la segunda ovación.

El público disfrutaba cada comentario del cantante y el artista estaba de muy buen humor e incluso cargaba a sus compañeros: “No se acuerdan la lista de temas los hijos de puta”, disparó. Más risas. Ahí llegó el momento de “King Kong”, canción que viene interpretando en sus últimos shows y que pertenece a su disco Kill Gil.

Luego llegó “Lluvia”, la primera que iba a cantar de su último álbum, Random, del que llamativamente no hizo “La máquina de ser feliz”. Después fue el turno de “Asesíname”, pieza en la que sobre el final se puso a dirigir a la gente, lo que provocó una nueva ovación generalizada.

Antes de interpretar “Rivalidad” (también de Random) contó la historia -vinculada a esa canción- que viene narrando en sus últimas presentaciones en vivo. “Tenía una vecina que me tiraba huevos podridos y le hice este tema. Espero que lo haya escuchado y esté muerta”. Más risas del público cómplice.

La lista de temas seguiría intercalando viejas composiciones con las más nuevas y es por esa razón que llegaron pegadas “Parte de la religión” y “Otro”. Sobre el cierre de este último, Charly volvió a hacer reír a todo el estadio: “Soy el rey de la bachata porque la vendo más barata”, lanzó.

El recital continuaba su curso y era el momento de “Canción de dos por tres”. Aquí vale la pena destacar que García se paró para saludar a los músicos (le dijo algo al bajista Carlos González) y la gente. Luego se sentó en una silla ubicada en el medio del escenario y otra vez le alcanzaron una guitarra. Era el momento de volver a ponerle rock a la noche. Interpretó “El aguante”, estuvo un rato parado, hasta pateó el micrófono de pie -como en los viejos tiempos- y la gente estalló.

Antes del descanso, se hizo un tiempo para hacer la siempre emotiva “Rezo por vos” y volvió a subir la temperatura con “Demoliendo hoteles”. Allí nuevamente reventó el Luna Park. Charly se volvió a parar y hasta bailó con Rosario Ortega, quien se lo llevó caminando hacia los camarines.

Ya eran las 21:48 -habían pasado 56 minutos de recital- y comenzaría la larga espera para verlo de nuevo en acción. Previo a su regreso, hubo tiempo para que gran parte del público cantara canciones a favor de flamante presidente Alberto Fernández y hasta muchos entonaron la marcha peronista.

El tiempo pasaba, Charly no volvía y la gente empezaba a pensar que quizás no habría nada más en la noche. Sin embargo, cuando las esperanzas se desvanecían, a las 22:36 volvió al escenario para tocar “Desarma y sangra”.

“¿Todavía están ahí?”, preguntó, dándose cuenta de que había pasado mucho tiempo. Y empezó a cantar: “Tu tiempo es un vidrio, tu amor un faquir, tu cuerpo una aguja, tu mente un tapiz...”. Ahí estaba nuevamente él, en soledad y frente a su teclado para derramar sus últimas gotas de talento en otra noche mágica. Valió la pena la espera para escucharlo brillar una vez más.

Fuente: 
Infobae