Viernes, 31 Julio, 2020 - 21:07

Bandera blanca en todos los sectores
Por Juan C. Starchevich (*)

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042
En algún tiempo no muy lejano se militaba en los distintos partidos políticos con fe, conciencia y una gran esperanza de elevar un proyecto con esa fuerte convicción de afirmar ser el mejor método o camino a seguir por un pueblo en su conjunto. Cada sector se esmeraba en enrolar a todos los otros por estar seguros de haber encontrado la mejor respuesta al hombre, su cultura, su destino. Aparecieron grandes hombres y mujeres en nuestra historia argentina, hombres y mujeres capaces de elaborar un proyecto que desde distintos modos concurrían a una mejor forma de vida para todo un pueblo sediento de evolución y grandeza. Verdaderos líderes que solo hacía falta seguirlos, auténticos estadistas que miraban al pueblo y al futuro con la razón y el corazón en esa vocación de hombres y mujeres del destino. Personas que no perdían el tiempo en odiar ni guardar rencores pues era demasiado tentador para ellos materializar ese mejor país que se mostraba en esa visión que los lanzaba como saetas al infinito.
 
Era tan simple que tan solo se debía luchar por el triunfo del partido que tenía una ideología como alma y conductores como espíritu haciendo un cuerpo grande y bello con todos sus militantes que hacían de brazos, piernas, ojos, oídos, un cuerpo completo joven y despierto. Los partidos políticos han muerto, ya no tienen alma ni espíritu; Piernas y brazos entumecidos, ojos apagados, rostro pálido; Zombis que dan miedo, carne podrida y maloliente. Los cuervos y carroñeros se juntan para devorarlos, le comen los ojos, las vísceras, el corazón. Solo le dejan las piernas para que militen y los brazos para que voten.
 
Existe una corporación de fulanos que han matado a los partidos políticos y sus organizaciones para no ser controlados en sus negocios corporativos privados bajo el nombre de gestión de gobierno; utilizan el nombre de los partidos políticos, sus recursos y los ciegos idealistas que sostienen las velas esperando que el muerto resucite.
 
Organización es la respuesta de volverlos a la vida. Una organización diferente ante una realidad única que jamás ha pasado en nuestra historia es la primera vez que grupos de fulanos han tomado los partidos políticos con el fin de adueñarse de por vida y dejarlos como herencia a sus propias descendencias familiares. Las bases deben organizarse impidiendo la presencia de los fulanos por ser los únicos enemigos de los partidos políticos, del pueblo y de la democracia.
 
Las bases peronistas y radicales, esos que están en sus casas y no tienen alguna función en el gobierno ni gremios ni sindicatos, conviene que guarden temporalmente sus banderas de todas las agrupaciones sectoriales, de tal modo que todos los peronistas se unan bajo una sola bandera del peronismo, que los radicales hagan lo mismo bajo su propia bandera radical para luego de esto todos tomemos una sola bandera en común, nuestra bandera argentina.
 
Un cabildo abierto nos hace falta, pero un cabildo abierto organizado diferente al histórico donde las organizaciones de todas las bases exijan cuentas a los fulanos que han convertido al Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial en directorio privado, levantamanos y obsecuentes.
 
Para que la democracia sea verdadera y funcione como tal, todos los candidatos deben ser propuestos por las bases, por los vecinos, por el pueblo con proyectos realizables con objetivos y modos de ejecución. Ya no debe permitirse auto candidaturas ni puestos por el dedo de los fulanos, tampoco conviene tomar algún candidato de esos mismos montones porque es como subirse en otro caballo de la misma calesita.
 
Si las bases políticas y pueblo en general no asumen la responsabilidad de organizarse y dialogar seriamente con todos los sectores entonces esto solo empeorará y crecerá grandemente el desasosiego y la angustia en toda la sociedad.
 
Escuchen, discutan, lean, opinen y actúen. Hay que recuperar la provincia, la nación y nuestro propio destino.
 
(*) Ingeniero.