Martes, 13 Octubre, 2020 - 10:18

Argentina en camino a su propia revolución francesa
Por Juan C. Starchevich

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Deshojando el siglo veinte
entre bravucones y genios,
entre esperanzas y fracasos
y al límite de su resistencia...

Abriendo el siglo veintiuno
el hombre llora su propia herencia.

El hambre y la desesperación llevan al hombre débil a cometer locuras. ¿Hay que cambiar de gobierno o el gobierno debe cambiar? El pueblo, como mansas ovejas, se deja conducir incluso por los que nada entienden de rebaños, pero hay algo que los falsos pastores no han advertido: estas ovejas piensan, razonan y tienen voluntad propia. Son capaces de ver, mirar y admirar, aunque al mismo tiempo son frágiles y pueden perder la fe, la esperanza y el amor.

Hoy se puede hacer un pronóstico sin mucho esfuerzo racional de nuestro futuro inmediato en función de la realidad presente en nuestro país: se cierran las fábricas, comercios, producción y trabajo. Se gasta el dinero en consumo y en ahorros oscuros. ¿Habrá dinero para sueldos en el 2021? ¿Tendrá algún valor el dinero ahorrado cuando ya no nos queden recursos ni alimentos?

Los gobernantes y su corte están provocando en forma muy peligrosa al pueblo haciendo ostentación de riqueza en un país cada vez más necesitado y conducido al fracaso. La esperanza nace y se fortalece cuando se camina rumbo a un objetivo bien planeado en un proyecto serio de gobierno, de lo contrario nadie puede tener esperanza en la nada. Aun así, solo experimentamos un progresivo deterioro del país y sus instituciones. Oficialismo y oposición, juntos hacen el gobierno, juntos adquieren la misma responsabilidad.

María Antonieta ostentaba lujos y caprichitos muy caros en una Francia que se hundía en la miseria, hambreada y desesperada en el reinado de Luis XVI, su esposo. Las mansas ovejas se transformaron en horribles bestias de grandes garras y dientes muy afilados.

Cuando los funcionarios del Estado utilizan sus recursos para fines individuales, sean reyes o políticos, en un pueblo que intuye el borde del abismo que nadie tema un golpe de Estado, eso es muy pequeño comparado con este tipo de revolución.

No puede haber esperanza en un pueblo donde sus gobernantes predican la cultura de la muerte. Rompieron la alianza con Dios e hicieron una alianza con el demonio. Expulsaron a la Iglesia Católica del Estado e incorporaron con fuertes presupuestos a la ideología de género, del odio y del asesinato de los niños en los vientres de sus propias madres.

La fábrica del nihilismo es la única empresa que crece y se fortalece cada día más haciendo que la gente ya no crea en nada, esto incluye a la política y sus instituciones, también hace que el pueblo pierda la fe y vaya aprendiendo a odiar, obteniendo como resultado un pueblo sin fe ni esperanza ni amor.

En Francia se manifestaban con banderas, luego ya no eran banderas sino garrotes y fuego, sin líderes, una anarquía total.

Los que siembran vientos cosechan tempestades. Los que siembran odio, su propio desprecio y los que siembran muerte, su propio infierno.

El pueblo argentino debe volver a Dios para así recobrar la fe, la esperanza y el amor. Fuera de Él solo existe la desesperación, la nada, la oscuridad.