Miércoles, 23 Septiembre, 2020 - 18:37

Argentina contra el hambre y otras yerbas
Por Luis Rodríguez Martínez (*)

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Recordando algunos hechos que sucedieron antes de asumir la presidencia Alberto Fernández, me vino a la memoria la creación del Consejo Federal “Argentina contra el hambre”, que fue convocado por el entonces “presidente electo” para atender la desesperante situación social que heredaría del gobierno de Macri.
 
Como nos tiene acostumbrados el justicialismo, acudieron a la invitación presidencial una caterva de talibanes como Tinelli, Arroyo (luego designado en Desarrollo Social), Agustín Salvia (Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, léase Papa Francisco), Sonia Alesso (Ctera); Héctor Daer (CGT), Esteban “Gringo” Castro (CTEP), Estela de Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo) Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz), el empresario Funes de Rioja, Roberto Baradel, Gustavo Vera, Victoria Tolosa Paz, la chef Narda Lepes, Carlos Tissera y Edgardo De Petri.
 
“En ese contexto, Alberto Fernández y Marcelo Tinelli se emocionaron hasta las lágrimas y el presidente electo se comprometió a superar la grieta en la Argentina y terminar de una vez con el hambre” (Infobae, 15 de noviembre de 2019).
 
Recuerdo imágenes televisivas de la reunión inicial y me conmuevo recordando gente compungida por la caótica situación social, dispuesta a dejar su vida para combatir el flagelo del hambre (que sólo existe cuando gobiernan partidos diversos del justicialismo).
 
Esta “mise en scène”, digna de una película de Woody Allen, me enternece, presidente y bufón de la corte solidarizados por la paupérrima situación social generada por la administración Cambiemos. 
 
La lista de asistentes revela la virtud del peronismo de unificar sus huestes, sus grupos de choque, incondicionales, aunque el escenario montado sea una parodia burda, grotesca. Este servilismo, combinado con las pretensiones redentoras de la comisión, se estrelló contra la realidad; llegado Fernández al poder, no existe viento a favor, está ausente el yuyo maldito a más de seiscientos dólares la tonelada y, lo imprevisible, la pandemia que asuela al planeta iniciaba su camino de devastación.
 
Mágicamente, por el sesgo peronista de nuestro periodismo, de nuestra sociedad también, por qué no decirlo, el tema hambre desapareció de los titulares, obviamente, debido a que esa calamidad sólo puede ser puesta en los escaparates cuando gobierna el radicalismo, cambiemos o algún partido provincial.
 
¿No sería prudente inquirir respecto de las actividades que despliega esta “comisión”, las medidas concretas tomadas para paliar el hambre, el presupuesto que le fue asignado, la periodicidad con que se reúnen, los resultados a nueve meses de haber asumido el gobierno que la creó?
 
Nada de esto va a ocurrir, está tan domesticada nuestra sociedad que la crítica política es parcial, selectiva. Si hubiere detentado el poder Cambiemos, habría un seguimiento exhaustivo de la comisión referida, las críticas serían encarnizadas, los operadores de turno clamarían eficacia y rendición de cuentas.
 
Como todo el mundo sabe, pues las estadísticas oficiales lo reflejan, los niveles de pobreza se han incrementado exponencialmente, producto de la parálisis económica inducida por la pandemia.
 
Sin embargo, luego de tragarnos el sapo con la “comisión del hambre”, vemos que ninguna decisión política se adopta al respecto, que se trató de un simulacro tendiente a denostar al adversario político, el subterfugio para justificar los superpoderes que serían atribuidos a Fernández por la ley de emergencia N°27.541.
 
Otra de las estafas del actual gobierno fue la promesa de aumentar las jubilaciones, aumento que, de más está aclarar, jamás fue ejecutado. El incumplimiento de esa promesa electoral no se agotó con la denegación del ajuste jubilatorio, sino que, merced a las facultades que le concede la Ley de emergencia, los haberes fueron congelados y la movilidad supeditada al arbitrio presidencial.
 
Dijo Alberto Fernández en el debate presidencial preelectoral: “apuesto a un pacto económico y social, con congelamiento de precios por 180 días y aumento inicial de salarios. Buscaré incentivar el consumo para generar inversiones y empleo. Propongo reactivar las exportaciones”.
 
Hasta estos días, ni acuerdo social ni salariazo. Empero, tuvimos:
 
·         Tentativa de expropiación de una empresa insigne de exportación de granos y aceite como Vicentín;
 
·         Proyecto de reforma judicial;
 
·         Impuesto a las grandes fortunas;
 
·         Quita de un punto de coparticipación a CABA por decreto de necesidad y urgencia;
 
·         Escarceos en el funcionamiento del Congreso;
 
·         Fuga de empresas hace tiempo radicadas en el país;
 
·         Negación del “mérito” como motor del progreso personal y movilidad social;
 
·         Parálisis absoluta de la obra pública (no entiendo por qué no puede, con los protocolos pertinentes, operar);
 
·         Reclamos policiales, etc.
 
 
 
En relación a la protesta protagonizada por la policía de la provincia de Buenos Aires, en forma inmediata el peronismo denunció maniobras desestabilizadoras, ataques a la democracia, a la unidad nacional y la respuesta de la tibia oposición fue refirmar la vocación institucional de Cambiemos y sumarse al presidente en “apoyo a la democracia”.
 
Esa ingenuidad no tiene explicación; el simple hecho que varios patrulleros policiales tocando bocinas, batiendo bombos, rodeasen la quinta de olivos, motivó que insignes representantes de Cambiemos se alinearan junto al presidente “defendiendo la democracia”.
 
¿No es esto infantilismo político? Porque cuando Cambiemos detentaba el poder era permanentemente hostigado por los factores de poder aliados del peronismo y jamás sus líderes hicieron causa común con Mauricio Macri. 
 
Ante el intento de modificar la fórmula de actualización de las jubilaciones, calificada inmediatamente de injusta y regresiva por el justicialismo, las organizaciones sociales arrojaron toneladas de piedras frente al Congreso, donde su bancada entorpecía el desarrollo de la sesión. ¿Alguna fuerza política habló de “unidad nacional”? (peronismo mutis por el foro).
 
Durante los cuatro años que gobernó Juntos por el Cambio diversos colectivos, todos aliados al justicialismo, acosaron en forma vertebrada, unificada, al poder establecido.
 
No se limitaban a exponer reivindicaciones, sino lisa y llanamente abogaban por la cesación del presidente, a más de transformar la Capital Federal en un caos.
 
¿Pidió el Frente de Todos (F.T.) moderar los reclamos, la virulencia de la protesta, invocando unidad nacional?
 
Cuando, luego del triunfo en las Paso del F.T., los indicadores económicos comenzaron a desmadrarse producto del “riesgo peronista”, la respuesta fue sugerir el valor del tipo de cambio (el dólar a sesenta pesos está bien, decía Alberto Fernández) y pedir asamblea legislativa para adelantar el traspaso del poder. ¿Hubo apoyo o solidaridad del justicialismo con un gobierno que estaba a menos de dos meses de finalizar su mandato?
 
¿Remontándonos en el tiempo, con la resolución 125, que aumentaba las retenciones a las exportaciones de soja a proporciones confiscatorias, generando tensión en el país, cortes de rutas, desabastecimiento, le vino a la memoria al peronismo la unidad nacional?
 
No puede haberla mientras gobierne el país el kirchnerismo, pues se han encargado de sofocar cualquier intento de calmar los ánimos y propiciar que la vida política discurra por carriles democráticos. No puede haber entente, y si la hubiere, ¿sobre la base de qué valores?
 
¿El estatismo, la corrupción, la centralización del poder, el autoritarismo, la destrucción del federalismo, la confrontación permanente, el agravio continuo a las demás fuerzas políticas? OBVIAMENTE, SOBRE LA BASE DE ESOS PRINCIPIOS NO PUEDE HABER CONCORDIA.
 
No es factible consensuar políticas con quienes han consagrado el único sistema de gobierno que funciona con un solo poder, el ejecutivo, en occidente.
 
Y esto no es producto del Covid 19, pues la ley de emergencia que rige fue sancionada por el congreso a poco de asumir Alberto Fernández, antes del advenimiento de la epidemia y el confinamiento obligatorio; desafío a quienquiera que señale un país con similar degradación institucional.
 
No se trata de poner obstáculos innecesarios a la administración Fernández/ Fernández, pero la oposición debe actuar con firmeza que es lo que su electorado reclama y espera.
 
(*) Abogado.