Lunes, 20 Mayo, 2019 - 11:58

Al nacer el niño, la madre podrá exclamar: “¡Lo hicimos entre el niño y yo!”
Por Analí Rey (*)

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Siempre es una alegría poder difundir el trabajo obstétrico y mucho más en ocasión de celebrarse la “semana mundial del parto respetado”. La OMS declara a la partera como un recurso humano valioso, que realiza enormes aportes a la salud de las madres y recién nacidos y al bienestar de la comunidad toda.

El destacado rol obstétrico para una experiencia de parto positiva (OMS, 2018), nos obliga asimismo a reflexionar sobre la otra cara del parto respetado, un flagelo que aumenta dramáticamente en el país y se denomina violencia obstétrica.

Si bien el objeto de estas líneas es distinguir la lucha por un trato humanizado en el proceso de parto, es necesario y oportuno recordar, en tanto que somos responsables de la atención en el embarazo, parto y puerperio de bajo riesgo, los innumerables casos de mujeres que fueron víctimas de violencia obstétrica.

Comprender el proceso y reflexionar acerca de los elementos que influyen en la generación de violencia obstétrica es poder desenmarañar esta conflictiva, pensar estrategias de prevención y alzar libremente las voces para expresar a la madre: ¡El poder de parir esta en vos!

Bajo este lema, se llevaron a cabo los festejos a través de distintas actividades como charlas, encuentros y difusiones en referencia a la ley Nº 25.929, de aplicación tanto en el ámbito público como privado, conocida con el nombre de “Derechos de padres e hijos durante el proceso de nacimiento o ley del parto humanizado”, promulgada en el 2004 y reglamentada en el 2015 para todo el territorio nacional. Los derechos que asisten a la mujer descriptos en la Ley, se encuadran en la etapa que va desde el embarazo hasta el posparto, pasando por el trabajo de parto y parto.

Ésta resalta las siguientes consideraciones: a toda mujer le asiste el derecho a ser informada para poder optar, ser tratada con respeto, amabilidad, de modo individual y personalizado, garantizando su intimidad, respetando sus pautas culturales y religión.

Tener derecho al parto natural, respetando los tiempos biológicos y psicológicos, evitar medicalización o prácticas invasivas innecesarias. Estar acompañada por una persona de su confianza y elección, ser considerada sana respecto al proceso de nacimiento, respetándose el derecho a recibir tanto líquidos como alimentos y sobre todo a ser protagonista en el proceso parto.

Luego del nacimiento, a permanecer junto a su hijo en lo que se conoce como internación conjunta siempre que fuera posible, recibiendo información y asistencia en lactancia y puericultura como así también de los efectos adversos en cuanto al consumo de drogas, tabaco y alcohol.

En este sentido, el enfoque del parto como un asunto de derechos ha creado oportunidades para nombrar las injusticias y visibilizar la violencia institucional, cuestionar y reclamar por cambios concretos y más amplios. (Erdman, 2015).  En este sentido, Osorio (2018) representante de “Las Casildas” expresa que, a pesar de la existencia de una ley de parto respetado en Argentina, aun hoy no se observan los beneficios de esta herramienta, por lo que, como lo afirma Villanueva-Egan (2010) el reconocimiento de los derechos no necesariamente garantiza las condiciones para su ejercicio efectivo.

Entonces ¿Cómo continua esta reflexión? Dejour (1998) introduce el concepto de la dimensión humana en el trabajo, como aquella que es capaz de ajustar, reordenar e inventarse a partir de lo real.

Así, haciendo uso del isomorfismo, la atención de partería es capaz de “ajustar, reordenar e inventarse a partir del proceso de atención”, la asistencia fundamentada en el respeto, adaptada a las necesidades de las mujeres y fortaleciendo las capacidades de las usuarias, es una cualidad que contribuye de manera fundamental para una mayor satisfacción en la experiencia del parto y la alta calidad de los servicios de salud materno-infantiles. (Renfrew, McFadden, Bastos y colaboradores, 2014).

De allí que se puede decir que: ”Humanizar la atención es reconocer que en la relación profesional-usuario hay más de dos personas con sus necesidades, potencialidades, expectativas y patrones de interacción”. (Manual de atención personalizada en el proceso reproductivo, 2008)

En la provincia del Chaco la actividad obstétrica se encuadra dentro de la Ley 823 G (ex Ley 4.134), que rige el ejercicio profesional de la partería.  Así entre alguna de sus incumbencias respecto a la atención obstétrica en el tiempo de embarazo los incisos “a”, “b”, “k” expresan… “Ejercer la partería: su formación le permitirá dar a la madre el cuidado y las orientaciones necesarias durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el periodo puerperal normales. Asistir bajo su propia responsabilidad, el embarazo, trabajo de parto, parto, alumbramiento y puerperio normales. Efectuar preparación psicofísica para el embarazo, el parto, la lactancia, el puerperio, integrando y/o coordinando equipos multidisciplinarios.

Haz bien tu trabajo, sin presunciones ni teatralidades. Facilita el curso de lo que está ocurriendo y no lo que tú crees que debería estar ocurriendo. Si tienes que tomar la iniciativa, dirige la acción de manera que la madre reciba ayuda, pero sin que pierda su libertad y responsabilidad. Al nacer el niño, la madre podrá exclamar con razón: "¡Lo hicimos entre el niño y yo!” ¡Porque el poder de parir esta en vos!

(*) Licenciada en Obstetricia.