Miércoles, 13 Septiembre, 2017 - 19:21

Actriz porno argentina denunció a Facebook por censurarle una foto

 
Martía Riot, tal su nombre artístico, reclama que vuelvan a publicar el contenido porque “no viola los términos y condiciones” de la red social. Riot también es feminista y militante de AMMAR.
 
A través de un amparo ante el Juzgado Civil N° 100 a cargo del juez subrogante Alejandro Verdaguer, Riot y sus dos abogados, Alejandro Mamaní y Jimena Gibertone, esperan que la Justicia argentina se expida a favor de la libertad de expresión.
 
“El 11 de agosto subí a Facebook una foto de una sesión artística que hicimos con otros trabajadores sexuales. A los 15 minutos me la eliminaron y bloquearon la cuenta por 30 días, aunque no se veían mis pezones ni había desnudos”, le contó Riot al diario Clarín.
 
 
“No puedo visibilizar las distintas acciones y actividades que estamos llevando adelante junto al sindicato de trabajadoras sexuales del cual soy parte (Ammar) ni puedo responder los mensajes que recibo día a día; muchos son consultas o pedidos de ayuda por violencia de género o discriminación”, se quejó.
 
La Carta Documento remitida a la sucursal de Fabook en el país, una SRL, no tuvo respuesta, ya que en la empresa se defienden diciendo que sólo son una representación comercial. “Entonces, con un grupo de abogados involucrados en la defensa de los derechos humanos decidí actuar judicialmente”, dijo.
 
 
Con más de 25.000 seguidores en Facebook e Instagram, y más de 30 mil en Twitter, así como una columna sobre trabajo sexual y feminismo en el programa de radio de Sebastián Wainraich, Riot hace una auténtica militancia, por lo que la medida de Facebook la afecta en muchos sentidos. 
 
“Desde los 14 años uso internet como herramienta para comunicar y expresarme. Constantemente me he tenido que enfrentar a censuras y a diferentes ataques. Mi primera cuenta de Facebook fue eliminada por múltiples denuncias a una campaña que hacía contra la censura de los pezones femeninos”, recuerda.
 
Según uno de sus abogados, Alejandro Mamaní, que es especialista en derecho informático, las acciones contra Facebook suelen ser caras, porque defender la libertad de expresión implica un costo tan elevado que termina en el avasallamiento de los derechos de los particulares.
 
 
“El caso de María tiene la particularidad de que al ser una comunicadora militante de los derechos humanos la afectación es múltiple. Y como además pertenece a un colectivo tan estigmatizado como las trabajadoras sexuales, la baja de contenido y bloqueo a su perfil plantean un doble daño. Y Facebook, como cualquier otra empresa que está en la Argentina, debe respetar los derechos de los usuarios”, asegura.
 
La otra abogada de María, Jimena Gibertone, asegura que se vulneraron arbitraria, ilegítima y manifiestamente derechos reconocidos constitucionalmente. Para ella hay una persecución y discriminación a una referente de un colectivo vulnerable y altamente estigmatizado.
 
De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su informe “Estándares para una internet libre, abierta e incluyente”, de marzo de este año, los actores privados tienen la responsabilidad de respetar los derechos en línea, lo que incluye no restringir la libertad de expresión. Y los Estados tienen la obligación de adoptar políticas públicas y leyes que garanticen los derechos humanos.
 
 
"Facebook tiene una política hipócrita y discriminadora y una doble vara para medir ─se queja María Riot─. Muchas veces denunciamos páginas con violencia de género, agresiones explícitas, pedofilia, machismo y grupos que incitan al acoso. Y en general tardan días darlos de baja. O nos notifican que no incumplen las normas, y las páginas, perfiles y grupos siguen ahí”. 
 
ASÍ SE EXCLUYE EN FACEBOOK
Julieta Arosteguy, feminista y magíster en Filosofía por la Universidad de Virginia (Estados Unidos), subraya que en las redes sociales no se encarna "el ideal de democracia deliberativa, en el que todas las personas podemos exponer nuestras opiniones y debatir en igualdad de condiciones hasta llegar a un acuerdo que respete las diferencias. Hay mecanismos de exclusión de las opiniones menos populares".
 
 
Y sucede una paradoja, advierte: "Como explica tan bien el filósofo Zygmunt Bauman, en las redes sociales no nos comunicamos, no nos escuchamos, no dialogamos. Si no nos gusta lo que alguien dice, no nos preocupamos por entender y exponer nuestras razones en contrario. Simplemente, dejamos de seguir a esa persona o la bloqueamos o, lo que es peor, la denunciamos. Y estas autoridades anónimas, Facebook o Twitter, que no sabemos quiénes son ni a qué intereses responden, se convierten en el árbitro último de un bien fundamental de la democracia: la libertad de expresión”.
 
Fuente: 
Clarín.