Lunes, 30 Octubre, 2017 - 09:36

Abuso sexual en la infancia: el horror no prescribe y resiste al paso del tiempo

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Por: Heliana Guirado(*)

María Belén Duet tiene 36 años. A los tres, fue abusada sexualmente por Daniel Pacce, diputado nacional por el PJ entre 1987-1991. Hoy es una sobreviviente y decidió denunciar al ex político y a su esposa, Noemí Alvarado. Luego de varios obstáculos, ella y Rosalía Alvarado (sobrina de Noemí), pudieron finalmente iniciar acciones legales contra sus agresores. Belén cuenta su historia a Diario Chaco, para “salir de la sensación de víctima y pasar de la impotencia a la potencia”.

 

EL COMIENZO DEL HORROR

“La relación con Pacce comenzó porque mi mamá es docente y trabajaba en una escuela donde Noemí Alvarado era directora.

Nosotros éramos muy pobres en esa época y ella tuvo una actitud de protección hacia mi mamá. Y en realidad fue algo de ambas, porque mi mamá sabía que Pacce golpeaba a su esposa, entonces hacia causa común con Noemí”, cuenta Belén, pero afirma que “en ese momento nadie sabía quién era él, porque todavía no estaba ejerciendo funciones como diputado”.

“Fue así que se armó un grupo de docentes que se hicieron amigos y se reunían. Noemí en general era la anfitriona. Siempre había muchos chicos en su casa, porque todos tenían hijos”.

 

“RECUERDO TENER LA SENSACIÓN DE QUE ALGO ESTABA MAL”

Belén tenía tres años cuando sufrió los abusos y si bien “sucedieron varias cosas”, recuerda un hecho en particular, que lo define como el principio: “Pacce y su esposa tenían dos hijas más grandes, y yo tenía una fascinación con ellas, porque eran adolescentes. En ese mundo que a mí me fascinaba había una muñeca pepona de tamaño real.

Un día las chicas no estaban en la casa, así que yo quería ir directo a su habitación, para meterme en ese mundo de juegos que estaba al alcance de mis manos”, relata.

“La pieza de ellas estaba al final de un pasillo (y en el otro extremo, como si estuvieran enfrentadas), la de los padres y al lado el baño. Yo escuché que alguien se estaba duchando, pero a mí eso no me frenó, porque sólo quería llegar a la pieza y jugar”.

La persona que se estaba bañando era Daniel Pacce: “Abrió la puerta y me metió con él. Estaba completamente desnudo y me pidió que lo masturbe y otra serie de cosas que me indicó que haga”.

 

“Abrió la puerta y me metió con él. Estaba completamente desnudo”

 

La mente de una nena de tres años asoció ese hecho con “una especie de castigo, por lo que estaba por hacer, que era meterme a la pieza de las chicas, sin permiso”.

Luego de este “hecho bisagra”, la relación con el matrimonio “siguió un tiempo hasta el año siguiente”, y se terminó cuando Belén pudo expresar algo de lo que había vivido: “Yo me quedaba en la casa de mi maestra de jardín que era amiga de mis viejos. Un día ella me estaba bañando y yo le pregunté si alguna vez le había visto la cola a su marido. Eso la alertó y comenzó a indagar, hasta que le conté que yo le había visto la cola a Daniel”.

“A los tres años tenés alguna que otra palabra pero no tenés una descripción total del mundo. Intuyo que algo me generó espanto y lo expresé. Recuerdo tener la sensación de que algo estaba mal”, afirma.

Entre sus recuerdos alberga también “otras cosas”, ya que “ambos tenían objetos que eran llamativos, como una caja dorada con golosinas. Y ese era el premio que te daban por algo que pasaba en la habitación”. Además veían películas pornográficas conmigo ahí.

Otra vez yo estaba acostada en un colchón al lado de ellos, estaban viendo la película `El pájaro canta hasta morir` y me acuerdo que algo pasaba en esa cama”.

 

“Intuyo que algo me generó espanto y lo expresé”

 

Esas imágenes, se convirtieron en “un horror”, tiempo después: “A los doce años estaba mirando la serie Nueve Lunas, y ahí pasaron el caso de un tío que abusaba de su sobrina. En ese momento comienzan a caerme las lágrimas y empiezo a darme cuenta de algo. Le pido a mi hermana que me confirme si a mí me había pasado eso.

Desde ahí comienzo a reconstruir la historia, pero con muchas dudas y una sensación extraña, porque no me era tangible todo. Yo siempre lo hablé al tema y eso me ponía en jaque, porque me daba cuenta que no era una ficción. Así y todo, nunca salís de esa sensación”.

Hoy lo hablo y casi que me parece un cuento de terror, una película de esas que ves y estás esperando que termine”.

 

NOEMÍ “ENTREGADORA”

La denuncia también se realiza contra la esposa de Pacce: “Noemí nos entregaba. Siempre supo lo que pasaba. Ella nos metía en la habitación, y nos decía: `Anda que el tío te está esperando en la pieza`”.

Según explica la joven, Alvarado “reconoció lo que hacía su marido, porque mi mamá se lo contó y Noemí le decía que ella ya sabía que él era así y le dio un discurso de víctima”.

Esa complicidad se extendió hacia “toda la familia, que sabía lo que ellos hacían”.

 

LA DENUNCIA

Gracias a la modificación de la ley 27.206 (de delitos contra la integridad sexual), que suspende la prescripción de este tipo de actos, se dio inicio a la lucha que emprendieron juntas Belén y Rosalía, quienes compartieron sus historias. Hoy ambos casos “van juntos”.

 

“Noemí nos entregaba. Siempre supo lo que pasaba”

 

"Tocamos las puertas de muchos abogados prestigiosos, pero no tuvimos éxito. Hasta que nuestro abogado actual tomó el caso", cuenta.

Nosotras lo que queremos es sentar un precedente en Chaco”, afirma Belén.

 

“Hoy lo hablo y casi que me parece un cuento de terror, una película de esas que ves y estás esperando que termine”

 

 “Hoy por hoy lo que nos alienta es que se pueda visibilizar esto, para que haya una Justicia pública, porque además estamos convencidas de que a partir de que el nombre de él comience a circular, van a aparecer otras víctimas. Algunas ya lo hicieron, pero no quieren denunciar”.

Eso era una cacería y el tipo era voraz”, recuerda y piensa que “lo increíble es el hermetismo familiar que había. Sospechamos que ellos también lo padecieron".

 

Eso era una cacería y el tipo era voraz”

 

 “Nos cagó la existencia, sí y lo que te cala hondo es el desamparo. Toda la maldita vida cargas con el peso de ser una víctima”.

Hoy, Belén se encuentra en una constante lucha por sanar el alma: “Estoy intentando que haya más lenguaje en mi mundo para apasionarme por otras cosas y que la lectura de ese hecho no sea lo único posible. Sanar no es el olvido ni la anulación, es poder leer el resto del mundo”.

 

(*) Periodista