Martes, 31 Octubre, 2017 - 08:31

Abuso sexual en la infancia: cuando la familia se convierte en el lugar más peligroso

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Por: Heliana Guirado (*)

Rosalía Alvarado es la otra mujer que (junto a María Belén Duet), denunció al ex diputado Daniel Pacce y Noemí Alvarado, sus tíos, por los abusos sexuales que sufrió cuando era una nena. Hoy, cuenta su historia a Diario Chaco, para visibilizar esta problemática, definida como “un balazo en el aparato psíquico”.

Si bien no recuerda exactamente, explica: "Creo que los abusos sucedieron cuando tenía seis años, ya que a esa edad volvimos a Resistencia, porque hasta los cinco años y medio vivíamos con mi familia en Paso de los Libres. O sea que ellos entraron a mi vida a partir de ese momento. Noemí es hermana de mi papá”.

Ella y María Belén Duet (quien también contó su historia a Diario Chaco), formaban parte de las múltiples reuniones que se realizaban en la casa del matrimonio, que auspiciaba de anfitrión entre sus amigos y familiares. En ese lugar sucedieron los hechos que marcaron sus vidas para siempre.

“Nunca pude expresar lo que me pasaba. A la primera persona que se lo conté fue a quien hoy es mi esposo, por las dificultades que tenía para relacionarme con él. Mucho tiempo después hablé con mi hermano”, cuenta.

 

"NOEMÍ ERA PERVERSA"

"Rosalía recuerda entre varios hechos, uno que la marcó: “Una vez, Noemí me mandó al campito de club Hindú con Daniel, a buscar a una de sus hijas que supuestamente estaba ahí porque jugaba al hockey. Pero era mentira. Llegamos y no había nadie. Cuando volvimos a su casa, la chica estaba en la vereda con sus compañeras.

Ella dijo que se había confundido. Ahora que soy madre me doy cuenta que eso era mentira, porque una mamá sabe perfectamente donde está su hija”.

“Esa vez tomé conciencia de que algo terrible me podía pasar y tuve un ataque de pánico, el primero de muchos que vinieron después”, cuenta.

 

"A la primera persona que se lo conté fue a quien hoy es mi esposo, por las dificultades que tenía para relacionarme con él"

 

El papel de la hermana de su padre fue fundamental para que los abusos se consumaran, ya que “ella fue la entregadora. Armaba todo, nos metía ahí. Me dejaba sola con él un buen rato y después entraba y se acostaba en la misma cama con nosotros”.

“Ella era perversa y gozaba con todo lo que pasaba”, afirma.

 

"Tomé conciencia de que algo terrible me podía pasar"

 

“Uno de los lugares donde sucedían los abusos era en la parte de arriba de la casa, donde había una construcción que estaba parada”, sigue Rosalía. “Y como ahí siempre había chicos, recuerdo que yo jugaba con una nena que se llamaba Victoria. Cuando nos encontramos, ya siendo adultas las dos, me dijo que ella se acuerda perfectamente de que siempre que jugábamos juntas, Pacce me buscaba y me llevaba”.

 

“NO ABUSAN MÁS DE MI”

Hubo un día en el que Rosalía decidió que nadie más abusaría de ella: “El día que murió mi papa dije basta. Pacce y su familia fueron al velorio, y cuando lo vi entrar me quebré y me largué a llorar. Salí de ahí y fui a buscar a mi hijo. Cuando llego a casa me cae la ficha y digo: en realidad el que no tiene que estar ahí es él. Así que le pedí a mi marido que lo saque.

“Hasta acá llego, no abusan más de mí”, sentenció.

 

HABLAR, SANA

Rosalía está segura de que hablar tuvo en ella un efecto “sanador”.

Cuando pudo contar lo que le pasaba, decidió quería iniciar acciones legales. Según cuenta: “No siento odio ni bronca, pero sí la necesidad de plantearle esto a la Justicia y decirle que lo que pasó no tendría que haber pasado, porque es un delito, te destruye la vida y los responsables son ellos. Nada más”.

Comenzar a actuar penalmente en un caso de tal complejidad, requirió realizar averiguaciones, preguntar, indagar. Fue así que se cruzó con un fiscal federal en causas de Derechos Humanos: “Fue el primero que me abrió la cabeza y ahí me enteré que había pactos internacionales que me protegían”.

 

“Ella era perversa y gozaba con todo lo que pasaba”

 

En medio de este camino, se pone en contacto con María Belén: “Descubrir su historia me abrió una luz de esperanza, porque enterarte que alguien más pasó por lo mismo, con la misma persona, afianza los recuerdos que tenés”.

Así, ambas realizaron la denuncia de manera formal, el 15 de junio de 2016, por el delito de “abuso sexual agravado”. La misma se ejecuta con el amparo de tratados internacionales que protegen los derechos de las niñas y niños.

Esto además pudo ser posible gracias a la modificación de la ley 27.206 (de delitos contra la integridad sexual), que suspende la prescripción de este tipo de actos.

En el documento se expresa que “el abuso sexual infantil es una de las peores formas de maltrato”, interpretado como “un balazo en el aparato psíquico”, por la licenciada Irene Intebi.

El abogado de Rosalía y Belén confirma que “el principal cómplice en estos casos es el silencio, porque el mismo abusador utiliza recursos para infundir temor, además de otras estrategias como decirte: te hago esto porque te quiero, esto es algo que compartimos los dos, etc.”

El niño no tiene manera de mentir sobre la sexualidad adulta, no hay manera de que invente cosas que no conoce. No entiende lo que pasa pero percibe la violencia”, agrega.

 

“MÁS FUERTE QUE NUNCA”

Rosalía es consciente de que Pacce y su esposa la confundieron, la ultrajaron y le mostraron “las dos caras”, porque “por un lado te hacen estas cosas y por otro son los tíos generosos que te dan regalos”.

 

"El niño no tiene manera de mentir sobre la sexualidad adulta, no hay manera de que invente cosas que no conoce"

 

Sin embargo, y a pesar de haber conocido la parte más dura de la violencia infantil, se aferra a lo único que sirvió para amortiguar el dolor: “Me sobró amor, el que me dieron mi mamá y mi papá”.

Ese amor la protegió y la puso en el lugar en el que está hoy, “más viva y más fuerte que nunca”.

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