Viernes, 2 Marzo, 2018 - 15:23

Aborto: ¿Sí o no?
Por Mariano Sebastián Moro (*)

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Tema conflictivo si los hay. Como todo no tiene una sola respuesta, ni un solo perfil. Acá se cruzan las ideologías, las religiones, las leyes,  la experiencia personal, las marcas en el alma, los deseos, las frustraciones. Es enriquecedor pero muy difícil avanzar en un dialogo social  manteniendo cierta objetividad, sobre todo en sociedades como la nuestra con una impronta autoritaria de gobiernos dictatoriales y adoctrinamientos populistas que conspiran contra el análisis crítico y en lo posible objetivo. En redes sociales, radios, tv, etc, se repiten discusiones sobre el tema donde es muy poco probable no escuchar acusaciones cruzadas, gritos y dictámenes absolutos que trascurren visiones religiosas o hermenéutica casera de leyes vigentes o emblemas de reivindicación de minorías postergadas: incluso acusaciones de manipulación con fines políticos.

Tratando de no entrar en tales diatribas, buscando una punta del cabo como para dar algunas ideas, lo primero que surge es que estamos ante una situación social con mucha efervescencia. Ahora esta efervescencia tiene causas y consecuencias, afecta a distintos sectores de la sociedad, de diferente manera. Por un lado afecta a quienes entienden que la vida comienza con la concepción en el seno materno, y consecuentemente desde la concepción está la presencia de otra persona, un incapaz de hecho, cuya existencia incluso está sujeta a la condición de nacer con vida, pero persona al fin, con los mismos derechos que cualquier otro habitante de la Argentina. Esta postura tiene tres vertientes, quienes lo sostienen desde la ciencia, quienes lo hacen desde la ley y por fin quienes lo sostienen desde la fe religiosa.

Por otro lado están quienes analizan el tema desde la perspectiva de la mujer que lleva en su seno a esta persona en gestación, y cuyo tránsito genera infinidad de consecuencias traumáticas cuando la gestación es no querida. Problemas de índole económico, social, familiar, de salud física y psíquica, e incluso de autodeterminación personal. En principio, al constituir un delito, el aborto obliga a quienes lo realizan a recurrir al circuito clandestino, involucrando a la mujer que lo solicita, al médico o idóneo e institución que lo realiza, quienes enfrentan la posibilidad de un proceso penal; pero por sobre todo quienes carecen de recursos suficientes para asegurar condiciones mínimas de seguridad, expuestos asía ofertas en condiciones insalubres con consecuencias graves para la persona y para la sociedadpor las proyecciones estadísticas de mortalidad.

Además de la cuestión sanitaria, está la reivindicación de un sector social que sostiene el derecho de la mujer que porta el embrión a  decidir voluntariamente si consiente o no la gestación, a su arbitrio, basándose en que el cuerpo es suyo y tiene la libertad de permitir o no su participación en el proceso de gestación.

Vemos que son muchas las aristas del tema, de las que solo he señalado algunas en forma muy sintética. Sin perjuicio de ello podemos hacer algunos planteos iniciales. En principio, el primero que tenemos que enfrentar es el último mencionado. ¿Tienen las mujeres el derecho unilateral a decidir si el embarazo sigue o no a voluntad, por el único hecho de ser su cuerpo el que contiene el embrión? A esta ardua pregunta la respuesta inicial  es “no”, porque la ley no concede tal derecho como principio. ¿Hay que cambiar la ley en este aspecto? Acá tenemos que atender al proceso de gestación, sin duda que es un proceso complejo, en el que participa no solo la mujer, sino también el hombre - aunque su participación sea menor en términos temporales- y además la persona por nacer e indirectamente las sociedad en su conjunto, que también tiene un claro interés comprometido. De hecho es la mujer quien pone su cuerpo pero no es la única. O sea que hay derechos y obligaciones de todos quienes participan en el proceso, queriendo o no queriendo, y entre ellos la persona por nacer.

En este aspecto se cita generalmente el Código Civil y Comercial que en su parte pertinente señala que el comienzo de la persona es desde la concepción, pero está sujeta a la condición de nacer con vida. Esto no quiere decir que se puede interrumpir voluntariamente la gestación porque aún no nació. Lo que el derecho señala es que la persona existe desde su concepción, sujeta a la condición de que su gestación no se frustre por causas naturales, porque de hecho, la persona por nacer, persona con derechos civiles, tiene derecho a nacer, esto es a transcurrir el periodo de gestación y tener chance de nacer. Si esta chance se elimina voluntariamente se comete un delito y se dañan derechos de quien no tuvo la chance.

En este estado tenemos que referirnos a un aspecto central en el derecho argentino, cual es que ningún derecho es absoluto, porque los derechos están instaurados en miras al bien social, por cuanto los derechos individuales ceden o tienen límites cuando afectan a la sociedad en su conjunto.  Es por ello, que si bien es cierto que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo, tal derecho es relativo, porque su cuerpo forma parte del esquema de reproducción social, con lo cual este argumento pierde fuerza. No solo por ello, sino porque además, también hay otro cuerpo involucrado que es el del por nacer, que no es de la mujer aunque se geste en su seno.

Cambiando radicalmente de perspectiva, el problema social que genera la prohibición del aborto, las muchas muertes por mala praxis también están en el centro de la escena. Ahora la pregunta es ¿cómo lo solucionamos?. Podemos enfrentar un problema de dos formas, suprimimos las consecuencias o tratamos las causas. En este caso hay quienes proponen legalizar el aborto para así disminuir la mortalidad y los problemas de la clandestinidad. Seguramente sería así, disminuirían las muertes de mujeres por abortos complicados, pero no los abortos.  De esta forma se pone bajo la alfombra todo el cuestionamiento previo sobre los derechos del por nacer del padre, y de la sociedad en su conjunto a proteger a sus integrantes. Por esto no es la única forma de enfrentar el problema. De alguna manera las graves deficiencias del Estado y el servicio de salud y educación son los principales actores y responsables de esta situación extrema.

Más allá de estos y otros cuestionamientos, lo que entiendo y he sostenido en general en relación a la cuestión penal, es que las penas de privación de libertad, propias del régimen penal y carcelario de hace trescientos años no son la respuesta ni la solución a la cuestión criminal, y mucho menos en el caso que nos trata, donde los actores se encuentran involuntariamente comprendidos en un proceso que hunde sus raíces en las cuestiones más profundas del ser humano.

(*) Director del movimiento ambientalista Una Tierra.