Sábado, 31 Octubre, 2020 - 11:02

Abogados: una extraña vocación por el fracaso
Por Aldo Daniel Ávila (*)

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La historia de los Colegios de Abogados es riquísima de narrar. Sobre todo, si de traiciones e incumplimiento de mandatos no escritos se trata.

Es que ninguno escapa a este taxativo axioma.

Se acercan las fechas de elecciones para renovar las comisiones directivas, en algunas circunscripciones judiciales de la Provincia, y ello implica, no sólo sustituir desde presidente para abajo sino, además, posicionarse en el espacio político o de poder que representa la institución.

Lo cierto es que los colegas, ya han comenzado a desandar el periplo que significa visitar la mayor cantidad de estudios jurídicos para la captación de lo que será, esta vez, seguro que esta vez, una verdadera comisión que luche por los intereses de los abogados, exclusivamente.

Todos los candidatos se han despojado de sus simpatías partidarias y son capaces de cualquier renunciamiento a favor de mejorar las condiciones de sus pares.

Nada de intereses mezquinos. Aquí nos une luchar de modo gremial por y para los abogados.

Palabras más, palabras menos, el libreto de ocasión.

La cuestión es que si profundizamos la propuesta vemos que en Sáenz Peña habrá tres listas en disputa por el manejo de la entidad asociativa.

O sea, de unidad ni hablar.

Se puede sin un consenso serio y creíble, conformar una comisión que se ocupe en forma exclusiva de los intereses que, dicen, será su único objetivo, incontaminado de la política partidaria? Sin que identifique a determinado espacio?

Cómo se lograría recuperar el prestigio y trascendencia de una asociación tan vapuleada en los últimos tiempos por la propia mala propaganda que ella genera?

Esto solo sería posible en un gran y sincero acuerdo.

Resistencia que es la primera circunscripción judicial va  en búsqueda de una subdivisión. Es decir, dividir lo que ya está dividido.

Es que, en  principio, esa comunidad pleitera se desmembró en  Consejo y Colegio, básicamente, por la disputa entre colegialistas y anticolegialistas –me refiero a la colegiación obligatoria para los que leen y no son abogados- y, ahora, esa división se da dentro mismo del Colegio de Abogados Resistenciano.

En Charata dónde se registra un fuerte cuestionamiento a su Presidente, quien destituyera del cargo a la Secretaria de la Comisión Directiva, electa por el voto de los asociados junto a él (Res. 01/20 de fecha 29/06/2020) y la suspendiera como asociada hasta septiembre de 2021, tuvo otro duro revés al ser declarado irregular e ineficaz, a los efectos administrativos, dicho resolutorio por la Inspección General de Personas Jurídicas de la Provincia (Res. 859/20).

En rigor, era el destino que merecía una resolución tan arbitraria como cercenadora de la inviolabilidad del derecho de defensa, cuestión que no puede ser desconocida ni por un estudiante de derecho.

Demás está aclarar que esto deriva, con mayor virulencia, en una desunión sin retorno.

Y, la verdad, no habla bien de los abogados.

Se verifica una incapacidad de dialogo cuya única explicación posible, quizás, sea que los últimos representantes han desarrollado gestiones con tan marcados personalismos que impidieron una convivencia superadora.

Todos, inevitablemente, fundacionales, promueven mecanismos que los identifique de tal modo que su, circunstancial, paso por el Colegio se escriba con la indeleble tinta de su impronta. Esperan una gratitud permanente, en el íntimo convencimiento de haber traído soluciones y nada más que soluciones, cuando, en verdad, no entendieron nunca el problema.

Hoy salen a reunir voluntades con la promesa -siempre incumplida- de que se trata de una lucha sindical desprovista de la menor connotación partidaria y prometen reformar todo lo que haya que reformar en pos de conseguir un mejor posicionamiento de la colonia abogadil.

Si bien el Colegio de Abogados es una persona jurídica pública de neto corte gremial, que representa a los profesionales que ejercen el Derecho. Tiene límites muy marcados frente a la estructura del Poder Judicial que es quien controla la matrícula de los letrados. Dicho de otro modo, hay reformas que serán impracticables y de dudosa aceptación.

Ello significa que, la única manera de provocar cambios es por la vía de un gran protagonismo enmarcado en un compromiso auténtico y desprovisto de cualquier otro interés que no sea la lucha por los intereses de sus asociados.

La pandemia que derivó en una dolorosa cuarentena en términos laborales nos encontró, como siempre, en un gran desamparo frente a las falencias propias del servicio de justicia que, valga recordarlo, estuvo ausente en dicha emergencia.

Trabajar en modo remoto significó un claro retroceso en la inmensa burocracia administrativa del Poder Judicial, que nos llevó a mendigar turnos y nos expulsó de nuestro natural lugar de trabajo que es el edificio de tribunales, donde se atrincheraron sus integrantes so pretexto de contraer el covid-19.

Con ausencia de ingresos fijos a la vista, fue un sálvese quien pueda.

Sin embargo, no se aprendió la lección y los Colegios de Abogados siempre reaccionaron a destiempo frente a las necesidades de sus miembros.

La realidad me exime de fatigosos comentarios, por todos conocidos.

Pero la desgracia no fomentó la unión, ahondó las diferencias.

Sabemos que el sistema de justicia tal como está seguirá ofreciéndonos más complicaciones y falta de respuestas inmediatas; ahí nace el desafío de quienes llevarán adelante la representación de los intereses no sólo de los abogados sino de quienes requieren de los mismos: los justiciables.

Se trata de la capacidad de ofrecer soluciones a los mismos, de la forma más operativa y eficiente que se pueda.

Esto requiere compromiso. Mucho y desinteresado.

Entenderemos, los abogados, alguna vez que no importa el color del gato sino que cace ratones?

Sabremos afrontar los verdaderos desafíos que nos depara la nueva normalidad de la profesión?

La aplicación de las recetas de siempre, nos condenará, una vez más, al fracaso.

(*) Abogado