Martes, 30 Junio, 2020 - 18:40

Abogados: Pechos Fríos
Por Aldo Daniel Avila (*)

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Creo que la expresión “pecho frío” proviene del lenguaje futbolero, pero no tengo la certeza. 
 
Lo que sí sé, es que la misma se utiliza cuando los jugadores del balón pie carecen de actitud frente al equipo rival. Cuando no ponen lo que hay que poner para llegar a la victoria o remontarla si están siendo derrotados. 
 
Se condena la pasividad, la indolencia. La falta de carácter. Que se acepte con resignación algo que, quizás, podría ser modificado si la actitud fuera otra. O, al menos, dejar a salvo la dignidad. 
 
Dejaron todo en la cancha, dirá el hincha satisfecho aún en el fracaso, porque fue testigo que, transpiraron, la camiseta. 
 
Que, en la contienda, no se guardaron nada. 
 
Si transpolamos esta ilustración al estado en que se encuentra el ambiente tribunalicio. Más precisamente, de quienes viven de pleitear, los abogados, verán que son muchas las similitudes. Y no, para mejor. 
 
Desde que comenzara la cuarentena eterna fueron nulos los  progresos obtenidos para flexibilizar las medidas que impidieron e impiden el normal desarrollo de nuestro trabajo, única fuente de ingresos en la mayoría de los supuestos. 
 
Por un lado, están los que se dedican a elevar notas de reclamos al Superior Tribunal de Justicia. Petitorios que, siempre, tienen un mismo destino: sujetarse a lo que dispone el Ejecutivo. Acomodar los tantos para que todo siga como hasta ahora. 
 
Es muy difícil que un magistrado o funcionario entienda cabalmente la problemática -no es una crítica solapada- en razón de que, como cualquier empleado público, tienen sus haberes asegurados a fin de mes.  
 
Están afrontando un aislamiento sin riesgos. Sin apremios. 
 
Dicha desigualdad es notoria. Y, se amplifica con el correr de los días y la imposibilidad del adecuado ejercicio de nuestra actividad. 
 
Muchos colegas se han vuelto jurisconsultos de la noche a la mañana y nos invitan a una serie de cursos por teleconferencias que han saturado los grupos de whatsaap, facebook y demás redes.  
 
Estos cursos virtuales de muy dudosa participación (algunos hasta se superponen entre sí) han provocado un bombardeo de información de la que es difícil obtener un rédito genuino, ya que la mayor parte de los colegas se devana los sesos pensando en cómo sacarle jugo a las piedras, de tan dura que se puso la calle. 
 
No tengo pretensiones académicas, sólo graficar la realidad.  
 
Lo cierto es que, hasta tenemos que soportar que el Sindicato de Empleados Judiciales del Chaco (SEJCh) nos maltrate con afirmaciones falaces y malintencionadas. Gremio cuya máxima representante no sólo es una denunciadora serial, sino que se encuentra indagada y embargada por supuesta estafa a sus propios pares, careciendo de toda autoridad moral y demostrando una falta de escrúpulos alarmante. 
 
Ahora bien, ¿que hicieron los abogados y las instituciones que nos nuclean? 
 
Notas de rechazo a las “descalificaciones” del SEJCh, cuando, en realidad, se trata de una bravuconada que se sostiene en la mentira para obtener cuanto antes la fijación de la feria judicial que les permita seguir descansando en forma remota o salir del “confinamiento” domiciliario a que fueran sometidos. 
 
Transcribo la misma palabra utilizada en esa proclama repleta de imprecaciones. 
 
La única solución posible, a ese comunicado descomedido y artero, es la retractación.  
 
De lo contrario, habrán dicho lo que querían decir logrando su objetivo. Lo demás, se convertirá en meras expresiones de ocasión. El daño está consumado.  
 
Ello significaría, sin más, remitir una carta documento o tomar drásticas medidas que, como conocedores del derecho, sabemos que pueden impetrarse. 
 
Es preferible, parece, mantener las formas. 
 
Por eso, la opción fue dirigirse –a través de las Asociaciones respectivas- como trabajadores y trabajadoras del derecho que reconocemos la labor de los magistrados y magistradas, los funcionarios y las funcionarias, los trabajadores y las trabajadoras del poder judicial, que más se parece a un trabalenguas que un rechazo a las descalificaciones sindicalistas.  
 
Dejemos de lado la redacción que estuvo a cargo de un grupo de reconocidos abogados, pero muy lejos de cualquier mención en el mundo de la lingüística. 
 
Es el temor a no ser políticamente correctos.  
 
¿Alcanza con esta actitud? Sabemos que no. 
 
A la mayoría de los colegas no sólo no les alcanza el dinero para llegar a fin de mes o para cubrir los gastos, sino, tampoco, con este tipo de señales. 
 
El Superior Tribunal los llamará por enésima vez para explicarles lo que ya resolvieron de antemano y saldrán frustrados pero contentos. Y ese logro, será retransmitido a todos sus representados para que vean que se encuentran gestionando. Que están haciendo todo lo que dijeron que iban a hacer y que no es poco.  
 
Se han conseguido escasas mejorías desde que comenzó este forzoso aislamiento. Incluso para el interior que no tenía casos que indicaran focos de contagio, en su momento. 
 
Es verdad que hubo innumerables notas elevadas al STJ, pero cuando no hay respuestas concretas, en algún punto, hay que darse cuenta que algo no está funcionando. No se puede gestionar el cacareo.  
 
Si un camino resulta inconducente, se toma otro. 
 
Los médicos hicieron visible su reclamo. Los comerciantes, también. Los docentes, en su  oportunidad. 
 
Los abogados, no. 
 
Mientras tanto el Juzgado Civil y Comercial Nº 6 de Resistencia, sentencia contra el máximo tribunal de la provincia y deja expuestas sus falencias en un extenso y duro fallo, por el malogrado sorteo del representante de los Magistrados al Consejo de la Magistratura (Expte. 2954/20). 
 
Los abogados somos incapaces de recurrir a la justicia para conseguir lo que por el diálogo y el “consenso” es, a la vista, imposible? 
 
Están resignados a que ni siquiera nos permitan ingresar al edificio de Tribunales que no es propiedad de los empleados, ni del sindicato, ni del propio Superior Tribunal en razón de que todos hemos hecho un aporte, por mínimo que fuera? 
 
Van a permitir que cualquier sindicalista, nos endilgue la participación en hechos de los que somos ajenos? 
 
Pasamos a ser un rebaño no inmune, pero obediente. 
 
Por eso, al ver como se posicionan frente a la adversidad, nuestros representantes, tengo la misma sensación del hincha cuando a su equipo le están ganando por goleada y los jugadores no reaccionan.  
 
La camiseta se transpira. El amor por el equipo se lleva en el corazón.  
 
De lo contrario. Sos un pecho frío. 
 
(*) Abogado
Presidencia Roque Sáenz Peña