Domingo, 29 Mayo, 2011 - 08:41

"Es la provincia, estúpido"

La suerte de la alianza entre la UCR y De Narváez en parte quedó echada el día que Alfonsín decidió competir con Cobos por la candidatura a presidente radical. La muerte de su padre transformó inicialmente a Alfonsín en un gran candidato para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, territorio en el que siempre actuó, cuando Cobos era el político no K con mejor imagen y en el radicalismo se hablaba con orgullo de que tenían dos candidatos: uno para la Nación y otro para el principal distrito electoral del país, sin el cual es casi imposible ganar las elecciones nacionales.

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Pero cuando Alfonsín creyó que la gobernación le quedaba chica, el radicalismo se quedó sin candidato ganador en la provincia de Buenos Aires. Nadie puede aspirar seriamente a ser electo presidente sin contar con un candidato que pueda conquistar la gobernación que aporta el cuarenta por ciento de todos los votos nacionales.



¿Habrá comprendido Margarita Stolbizer, la otra candidata radical al gobierno bonaerense y quien miró con simpatía el corrimiento de Alfonsín de la provincia a la Nación, que eso no dejaba la candidatura provincial vacante para otro panradical?



¿Y comprenderá Pino Solanas que a Binner, aunque haya resultado ganador de la interna del socialismo de Santa Fe, le cuesta cortarse solo porque sin la alianza con los radicales su partido pierde la gobernación de su provincia?



Por su parte, De Narváez sí pudo comprender lo que venía sucediendo.



Adiós PRO. Es cierto que las continuas marchas y contramarchas de la candidatura nacional del PRO dejaron libre a De Narváez. Pero es más probable que su acercamiento a Alfonsín sea la causa más que la consecuencia del abandono de Macri, quien ya venía viendo a su ex aliado independizarse cuando hace dos años le ganó al propio Néstor Kirchner y hasta llegó a soñar con su candidatura nacional.



La misma pérdida de popularidad que tras la muerte de Néstor Kirchner afectó el espacio de la centroderecha, desde el Peronismo Federal hasta el PRO, hizo tanto que De Narváez se acercara al radicalismo como que Macri comprendiera que sus posibilidades de triunfo a nivel nacional eran nulas.



Una sociedad volcada a la centroizquierda no deja espacio ganador para los mismos discursos que todavía cautivaban mayorías hace dos y cuatro años, cuando el PRO ganó en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires aliado al Peronismo Federal.



La lógica de De Narváez parece más previsible: se trata de un pragmático que puede estar tanto en el peronismo como en el PRO. ¿Por qué no con el radicalismo, entonces? De hecho, hace algunos años integró la comitiva de empresarios en un viaje oficial de Néstor Kirchner.



R de Ricardo. La lógica de Alfonsín se fue haciendo más evidente con el paso de los meses: primero, terminar de sacarse a Cobos del medio usando la preinterna con Sanz. Luego, al propio Sanz sin siquiera precisar cumplir con la interna.



El que parecería que nunca entendió fue Macri, quien se aferraba a Sanz y, caído éste, fue a visitar a Aguad a Córdoba preguntándose: “¿Por qué el límite soy yo? ¿Por qué si Alfonsín pacta con De Narváez no puede también pactar conmigo?”. Sin tampoco comprender que Alfonsín, para tener posibilidades de triunfo a nivel nacional, precisaba de la provincia de Buenos Aires y no de la Ciudad, un distrito que aporta cuatro veces menos votantes. Parafraseando el grito de Clinton a Bush padre en su campaña presidencial, parecería decirle: “Es la Provincia, estúpido”. Lo mismo por lo cual Menem hizo alianza con Duhalde para vencer a Cafiero, o Kirchner con Duhalde para ganarle a Menem. Desde Rosas, siempre la provincia de Buenos Aires puede torcer el destino del país.



Paralelamente, el PRO terminó con el mismo vacío de la UCR: un solo candidato ganador para dos puestos. Al irse Alfonsín a la Nación, dejaba sin fuerza al radicalismo en la Provincia; al irse Macri a la Nación, pasaba lo mismo en la Ciudad porque ni Michetti ni Rodríguez Larreta podían ganarle a Filmus.



Voluntad y fortuna decía Maquiavelo que precisaba el príncipe. Falta ver qué proporción de suerte tuvo Alfonsín para ir dejando a tantos competidores en el camino: Cobos, Sanz, Macri, Pino y quizá Binner. Pero si quedarse casi como único candidato opositor fuera obra de su astucia, habría superado entonces el papel de “hijo de”.
Fuente: 
Perfil