Viernes, 27 Mayo, 2011 - 10:13

Pasión de multitudes, en primera persona, y encima de local

Era un espectáculo para no perderse. No solamente por el nuevo estadio, sino porque venía a jugar a la capital chaqueña la Selección Nacional de Fútbol. La gente, la tribuna, saltar, gritar, la odisea de entrar. Tantas banderas juntas, en un día también significativo para los argentinos. No se podía faltar a un acontecimiento de esa naturaleza, y encima de local. Los primeros momentos, el de las preguntas: “¿y por qué saca el arquero?, ¿qué hace ese ahí?, ¿por qué no le sacó la amarilla?, por qué ahora sacan de aquel lado?. Después, el de las afirmaciones, que venían de la propia euforia: “¡corré, nena, corré!, ¡referí botón!, ¡no le dejen la pelota al arquero!, ¡salí de ahí, salí de ahí!, ¡tu arco está del otro lado!”.

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Una experiencia que quedará en el recuerdo, el de haber visto que hay cosas que existen fuera de la televisión. La de entender muchas cosas que se ven desde lejos, que a veces parecen incomprensibles, pero que cobran sentido solamente cuando se experimentan en primera persona. Sobre todo eso de la “Pasión de Multitudes”, encima de local.



Haber presenciado el espectáculo futbolístico que ofrecieron las selecciones argentina y paraguaya hace dos días. Las plateas llenas, las butacas que vibraban, los hinchas que nos poníamos de pié al mismo tiempo con cada llegada al arco. El grito, la ovación, los pedidos y reclamos al técnico.



El enojo, las celebraciones. Todo parte de un todo que tuvo peso propio, más allá del que se le daba de lejos: es decir que nada de todo lo que se anunció de un tiempo a esta parte hubiera tenido sentido si lo vivido no se hubiera convertido en una verdadera fiesta.



Broche de oro por dos: no solo el resultado favorable al equipo local, sino el comportamiento de las personas que asistieron.