Jueves, 26 Mayo, 2011 - 10:13

Opinión de nuestros lectores
Un 25 de Mayo distinto

El 25 de Mayo de 1810 el pueblo salió a la calle, quería cambios, necesitaba cambios. Por supuesto no salieron todos, muchos se oponían. No importa si eran muchos o pocos los que estuvieron y los que no estuvieron, allí, ese día, se inició una gesta revolucionaria que duraría décadas duras, difíciles, allí, ese día, nació el germen de la Patria.

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Ayer, 201 años después, conmemoramos esa fecha. El Chaco, aunque especialmente Resistencia, se vio sacudido y alegre por festejos que, aunque sea por un día, lo alejaron de los problemas cotidianos. No todos pudieron estar presentes, muchos porque no quisieron, algunos porque no consiguieron llegar.



Algunos se acercaron por su cuenta, ante un hecho novedoso, ante una fiesta que debería ser de la unidad y de la reconciliación, de la tolerancia, de la pluralidad, de la apertura de caminos hacia un futuro de esperanza; otros fueron llevados en muchos micros y camiones, con banderas que no eran las de la Patria, es cierto, eran las del oficialismo y ocuparon los mejores lugares y se hicieron notar y escuchar con sus apoyos, más que los propios discursos. Muchos de los que concurrieron a ver a la Presidente y a los ministros, como a tantos funcionarios nacionales, provinciales, municipales, no pudieron verlos, muchos comentan que ni siquiera consiguieron escucharlos. Igual no era lo importante, ni siquiera hablaban de la Patria ni de lo que se conmemoraba. Probablemente hubiera sido muy interesante conocer en persona, a lo lejos, a una Presidente, sin pensar siquiera si era buena o mala, sin pensar en diferencias.



Tampoco estuvo la gente para escuchar los lamentos de una viuda, ni el lloriqueo por el muerto, comprensibles por cierto, pero hay momentos en que por lo reiterados, pierden el valor y la credibilidad de lo espontáneo, causan el efecto inverso, cansan y saturan los oídos, agregan tristeza a las desesperanzas.



No importa, era un día de fiesta. Muchas veces los pueblos, saturados y aturdidos de tanto fragor político, de tantas angustias cotidianas, se cansan y necesitan la distensión que producen las fiestas.



Nuestra Provincia tuvo dos motivos para alegrarse, por un lado la expectativa por la presencia del seleccionado Nacional, el que, además, nos regaló un triunfo muy esperado. La gente estuvo allí por la curiosidad, porque no sabe cuando ocurrirá de nuevo



El Tedeum fue sólo para algunos privilegiados. En el acto frente a la Plaza, pese a que no se recordó lo que se conmemoraba, pese a los egoísmos, pese al sentido partidario de los discursos, pese a los inconvenientes que sufrió la ciudad durante los preparativos, todo eso perdía valor ante el poder disfrutar de un 25 de Mayo distinto.



No son muchas las oportunidades que tenemos los chaqueños de participar de este tipo de fiestas.



Es una lástima que los gobernantes, y también muchos dirigentes de la oposición, no supieran comprender el valor que tiene una alegría, especialmente para quienes tienen pocos motivos para experimentarlas. No era necesario estropearlo con otro acto político, de los que todos están cansados y no les interesa. Ni siquiera importaron los costos ni que se taparan realidades que cada dia nos duelen, las mismas que seguramente mañana o pasado volverán a verse, en ese y en otros lugares.



Lo novedoso eran las presencias y no los discursos repetidos.



Un día de fiesta no va a cambiar la realidad de nadie, la realidad la vivimos todos los días, sabemos de los problemas que nos aquejan, de la inseguridad, de la inflación, de la falta de oportunidades, de la corrupción, de las mentiras e injusticias que padecemos cada día. Sabemos del desinterés, el egoísmo, la falta de comprensión y solidaridad, de las falsas promesas, no es necesario que nadie nos los recuerde, no somos tan bobos como piensan, no somos la maleable plastilina que piensan.



Necesitábamos ese 25 de Mayo que vivimos ayer, hoy ya pasó, hoy retomamos nuestra vida y nuestros sinsabores.



Cada uno va a seguir con sus ideas y con sus sentimientos, algunos continuaremos hoy mismo con nuestros reclamos, otros con lo que consideramos sus grandes mentiras de proyectos virtuales, nadie va a resultar engañado por un acto.



Ya lo sé, todos notamos que era más un hecho pensado en las conveniencias partidarias que en la gente. No importa, fue un 25 de Mayo distinto y lo necesitábamos. Hoy continúa la realidad, nuestra realidad. Podemos enfrentar un poco mejor nuestras angustias. Y aunque algunos pretendan transformarlo en réditos políticos, hay un pueblo que lo vivió de una manera totalmente distinta, alejada del interés de dirigentes con enanismo mental, egoístas y tramposos, que hasta intentan lucrar con una difícil y rara y siempre bienvenida sensación de alegría.



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