Domingo, 22 Mayo, 2011 - 08:51

Todos eligieron igual
La política del dedo

El sistema de elección de candidatos deja una hipoteca difícil de levantar. Y una amplia lista de heridos. Cristina Fernández de Kirchner definió la designación del candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria de manera monárquica. Hubo misterio y dedazo junto a una espera que sometió a los tres aspirantes en danza –Daniel Filmus, Amado Boudou y Carlos Tomada– a una incertidumbre extrema e interminable.

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A esos ingredientes hay que agregarle uno más: la humillación a la que se vio expuesto cada uno de ellos en el procedimiento de la integración de las correspondientes listas de postulantes a legisladores porteños, cuya designación también fue una decisión absoluta de la jefa de Estado. Para ello, cada uno de los precandidatos a jefe de Gobierno debió entregar la nómina que proponía al secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, para que éste se las remitiera a Fernández de Kirchner. Así es como el licenciado Filmus, por lo pronto, ya se anotició de que en la lista de candidatos a la Legislatura ha quedado afuera un buen número de dirigentes de su cercanía a expensas de una presencia significativa de integrantes de La Cámpora.



Es sabido que Filmus estaba alejado de los afectos tanto de la Presidenta como de su entorno. Al senador porteño no se le perdonaba su postura rebelde en la Ley de Glaciares y lo que se consideró una falta de compromiso con los candidatos que Néstor Kirchner designó para la Ciudad en la fatídica elección del 28 de junio de 2009. En su disputa contra Boudou –Tomada siempre estuvo lejos de tener alguna chance–, uno de los apoyos más importantes que tuvo Filmus fue el del secretario general del Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh), Víctor Santa María. Con todo, el dato que inclinó la balanza a favor del designado candidato provino de las encuestas que mostraron en los diferentes sondeos que aparecía arriba de Boudou. El ministro de Economía tuvo una hinchada de peso: medio Gabinete apostó por él, y a eso hay que agregarle el acompañamiento del secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano. Curiosa postura la del líder de los camioneros: no se recuerda semejante apoyo de la máxima autoridad de la CGT hacia un ministro que se ha mostrado manifiestamente incompetente para poner en marcha un programa destinado a combatir los altos niveles de inflación que carcomen el poder adquisitivo de los salarios.



La pregunta que todos se hacen por estas horas es qué pasará con Boudou. “La Presidenta no lo va dejar en banda”, es lo que expresan varias voces dentro del oficialismo. Allí todo es especulación, ya que el pensamiento presidencial les es vedado a la mayoría de los funcionarios gubernamentales. “Néstor era tremendo, pero hablaba con todos; Cristina, en cambio, está cada vez más encerrada en un círculo que componen Zannini) y Héctor Icazuriaga (titular de la SIDE)”, expresa una fuente con despacho en la Casa Rosada. En estas horas, las especulaciones ponen al ministro de Economía cerca de la candidatura a vicepresidente.



Al margen de toda la expectativa generada por la definición del candidato del Gobierno para la Ciudad, la semana permitió apreciar la puesta en práctica de un verdadero operativo clamor en búsqueda del “sí” de la Presidenta a su reelección.



A Fernández de Kirchner se la vio más recompuesta, a pesar de lo cual hay que decir que entre sus médicos la preocupación no ha cesado.



“No hay plan B”, coinciden en señalar las distintas líneas del kirchnerismo. Por eso estos últimos días fueron de mayor tranquilidad. “Cuando la Presidenta se siente mejor, su candidatura está fuera de toda discusión”, expresa una voz del oficialismo que atiende en la Casa de Gobierno y que no tiene dudas de que Cristina Fernández de Kirchner se postulará para un segundo mandato. Esa misma voz señala tres razones fundamentales para esa decisión. La primera es que Daniel Scioli de ninguna manera garantiza la continuidad del pomposamente así llamado “modelo”. La segunda es que sin Scioli como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, las chances de Francisco de Narváez aumentarían sustancialmente, ya que Sergio Massa no asegura una victoria del kirchnerismo. La tercera es que no son pocos los que temen que si Fernández de Kirchner no ocupa la presidencia tendrán que prepararse a enfrentar instancias difíciles ante los estrados judiciales.



En el núcleo duro del oficialismo se sigue con la idea de prolongar indefinidamente la estadía en el poder de la jefa de Estado. A tales efectos, se piensa que si, como pronostican algunas encuestas, la Presidenta obtiene un triunfo arrasador, el operativo “Cristina eterna”, que necesitaría de una reforma de la Constitución Nacional, se debería lanzar inmediatamente de comenzado su segundo mandato. Como se ve, allí no hay límites.



En donde las aguas están también revueltas –y bien revueltas– es en el PRO. Allí todavía se sienten los efectos colaterales producidos por la decisión de Mauricio Macri de bajarse de la candidatura presidencial. Entre los más afectados están los que hicieron aportes económicos a esa campaña abortada. En paralelo, la interna está al rojo vivo. En su mecanismo de toma de decisiones, Macri ha exhibido un notable parecido con la Presidenta. Así es como la designación de la ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal, como candidata a la vicejefatura de Gobierno de la Ciudad, ha dejado heridas. Uno de los más desilusionados ha sido el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli. Otra de las designaciones que levantó polvareda fue la del rabino Sergio Bergman para encabezar la lista de aspirantes a legisladores porteños. Algunos se sorprendieron y otros directamente expresaron su disgusto con la decisión tomada por Macri. “Muchos hablan de un partido político diferente, pero lo cierto es que todas las definiciones terminan en el dedo de Mauricio”, expresaba una voz del PRO.



A fuerza de ser ecuánimes, hay que decir que lamentablemente “el dedo” ha sido el método elegido por la mayoría de los partidos políticos para la designación de sus candidatos a los distintos cargos electivos. Por eso, como reconoció un legislador porteño del kirchnerismo: “La reforma política sólo sirvió para que Altamira no llegue al 1,5%”. De ahí que las elecciones internas que se desarrollarán hoy en la provincia de Santa Fe constituyen un aporte muy importante a la construcción de un sistema que le permita a la ciudadanía, con su participación, no sólo elegir a los candidatos de los diferentes partidos políticos sino también mejorar la calidad de cada una de esas fuerzas. La necesidad de vencer la “dedocracia” –que hoy parece gozar de excelente salud– es uno de los mayores desafíos que enfrenta la vida política de la Argentina.



Producción periodística: Guido Baistrocchi
Fuente: 
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