Domingo, 15 Mayo, 2011 - 11:23

Correo de nuestros lectores
El sentido de las palabras

Luego de escuchar el discurso de la Presidente, me quedé pensando en sus palabras y recordé a uno de mis profesores de la Facultad que solía decir que el mensaje franco era aquel en que hay una cohesión entre lo que se piensa con lo que se dice. Ya que cuantas veces decimos cosas que son la antitesis de lo que pensamos o de lo que sentimos. Pero lo hacemos para evitar confrontaciones o situaciones no deseadas.

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Ya que palabras son el medio de comunicacion junto con los gestos. Sin embargo el ser humano puede con la palabra expresar amor como generar una reacción en el otro a partir de un término inadecuado. O de una afirmación vehemente.



El lenguaje rebela la conciencia desnuda del interlocutor que se viste con las palabras. Cada letra enlazada en cada frase encierran emociones, expresan sentimientos. Pero cuando la exacerbada combinación de términos y gestos encienden las pasiones mas oscuras u ocultas o encierran mensajes poco claros o ambiguos se genera la duda y las mentes embriagadas de fanatismo sólo entiende lo que considera absorbido por su ceguera, pero no ve más allá del mensaje. Es decir entiende lo que cree entender.



Esa herramienta que vivifica la comunicación a veces también esconde dobles mensajes, expresiones cifradas de abstracciones y simbolismos.



No existen las buenas o malas palabras. Todo depende en el contexto en que se lo diga y como se lo diga. Se puede desarrollar un mensaje claro sin ser promiscuo en adjetivaciones prejuiciosas.



A través de la palabra se rebela "el ser", el decidirse "a ser", el negarse "a ser". Me resonaron fuerte las palabras de Cristina: "No estoy muerta por volver a ser presidenta". Pareciera que sus decisiones pendulan entre lo que quiere y lo que el mundo que la rodea quiere que sea. Está como trabada en esa dualidad, donde las responsabilidad que asumió va generando, construyendo la trama perfecta de lo que se "desea ser" frente al poder asumido y lo que "quiere ser" como individuo independiente. Sentí que hablaba como Cristina, no como Presidente.



Habla de hipocresía y surgieron entre líneas otras palabras, presiones, extorsiones, acuerdos, negociación, dilaciones que conducen a seleccionar entre los intereses propios y los deseos mancomunados del entorno.



Lentamente se relaja y se explaya en cada frase, de pronto se emociona. Conduce un mensaje que esconde su propio deseo, "quiero hablar con sinceridad", dijo. Un deseo propio que ella lo reclama y acompaña subrepticiamente en sus dichos, que no acepta extorsiones ni explotaciones, y que es manifestado como un eco de deseos colectivos, por el bien del pueblo.



Pero si enhebramos cada palabra del mensaje expresado podemos reconocer lo que el "ser individual" mas allá del personaje quiere resaltar en contraste con lo que el sujeto colectivo espera que resuelva porque lo representa en sí mismo, en su investidura.



En este dilema, ¿cuál será la decisión final? Creo que en aquellas palabras Cristina está hablando en primera persona ("Yo no me muero por ser"), quizás porque los consecutivos problemas de salud le estan advirtiendo que debe detenerse. Ahora desde la perspectiva partidaria y del entorno que la presiona, el mensaje sería "yo debo ser candidata", siempre y cuando ella marque las reglas del juego -términos que dejó claros-.



Esto es atreverse sin presiones a "llegar a ser lo que los demás esperan" o lo que su responsabilidad le reclama, sin condicionamientos. Deberá entonces decidir con libertad plena, o será con esa libertad que le da el "ser poder ", y aún a costa de su propia salud. Aunque para ello tenga que enfrentar al coloso de los camiones.



(*) [email protected]