Domingo, 15 Mayo, 2011 - 10:18

Correo de nuestros lectores
Cultura alcohólica y otras yerbas

“El vino, la bebida de los pueblos fuertes”. ¡Qué frase! No hasta hace mucho se la repetía. Quizás haciendo alusión a tiempos de antaño, con imágenes de hombres rudos, audaces. La letra de un chamamé reza “compadre que tiene el vino que usted al tomar comienza a sentirse hombre y empieza a hablar…”. De manera poética y bohemia se dice mucho: que algunos buscan sentirse hombres, otros “decir lo que no se animan a decir”, “animarse a lo que no pueden”, “olvidar lo que desean”, “ignorar lo que les pasa”.

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042




Ya no parecen fuertes, todo lo contrario, su debilidad los arrastra y en la bebida encuentran un buen recurso. Lo logran, pero a un costo personal muy alto. Así la ingesta de alcohol en abundancia logró instalarse en la sociedad seduciendo a los más jovencitos, como divertimento o por aburrimiento, y muchos quedaron atrapados lo que se considera una adicción, una dependencia, que los ahoga y los destruye convirtiéndolos en caricaturas humanas Son motivos de enojo, burla, humillación y de marginación social.



Va más allá del brindis o de un festejo Lamentablemente muchos se convierten en enfermos alcohólicos porque se intoxican y su estado los lleva a tener conductas como: abandono en su trabajo, desapego con su familia, falta de aseo, en algunos casos reacciones grotescas y violentas, y poco a poco va perdiendo sus pertenencias casi sin ser concientes, quedan dañadas sus relaciones familiares hasta automarginarse o ser rechazados.



Existen pocas Instituciones u organismos que se puedan acudir o ser rescatados, contenerlos o asistir a sus familiares, algunos no son accesibles al común de la gente, y los parientes o amigos deambulan muchas veces sin encontrar respuestas válidas o inmediatas. Todo se vuelve difícil y caótico. Pierden la familia, se desestabiliza el entorno, y quienes enfermaron sin saberlo viven anticipadamente su vejez y deterioro. La sociedad recibe el impacto de estas situaciones de pérdidas, el primer espejo es el de la Salud, el segundo reflejo lo da los bolsillos que se empobrecen.



Si bien hay grupos de autoayudas, ellos que alguna vez se sintieron “fuertes” ante un vaso de vino, muchos no tienen la voluntad ni el deseo de salir de esa prisión que los acosa y rechazan la ayuda.



El alcohol, es una droga legal, y es el culpable número uno de los accidentes e incidentes de violencia familiar. El Estado no pudo, no puede contra el consumo ni contra el expendio. Les han ganado la batalla. Las campañas de prevención hasta suenan ingenuas y conservadoras. Pero pareciera que “otras yerbas”, quieren igual suerte.



Así como beber es un acto voluntario, querer embriagarse con “otras yerbas”, también es una elección, aunque en algunas situaciones son por presión grupal. Se consideran distintos. Es cierto, el cristal desde donde miran la vida, es distinto, puede que sea irreal y hasta fantástico. Lo que comienza alegremente, puede que luego tenga padecimientos sin las asistencias que necesitarán a tiempo y con creciente demanda.



Algo ocurrió para que deseen tantos “fugarse de la realidad” o dibujarse una propia.

Tienen todos libre albedrío, pero ojalá puedan saber que están optando por su destino, o escapar de él a tiempo. Quienes lo rodean, mientras los ven dentro de sus burbujas, temen que sus vidas de convivencia se conviertan en un infierno.



Aquí el concepto de autoestima, satisfacción, felicidad, metas y proyectos, podrían ser clave para no necesitar el auxilio del alcohol u otras yerbas. El tema es más complejo, pero pensemos un momento lo que pasa por dentro.



(*) [email protected]