Domingo, 15 Mayo, 2011 - 10:12

¿El mejor oficio del mundo? Andá

En el clásico chiste de Paz y Rudy del miércoles 11 está el dibujo de dos representantes del gobierno de Estados Unidos. Uno de ellos dice: “Mr. President hizo una dura advertencia”. El otro le pregunta: “¿A Khadafy, Al Qaeda, Hamas…?” “No, al periodismo -responde el primero-. Está harto de que confundan ‘Obama’ con ‘Osama’”.

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A esa confusión dentro de poco podría agregarse el peruano Ollanta Humala. Malala ya no: ¿se acuerdan de ella? Fue la anterior pareja de Mauricio Macri, el que ahora baila al ritmo de Gilda. La letra de la célebre “La bamba” dice que para bailarla “se necesita una poca de gracia”. Pero éste es un don que en la vida se distribuye muy cautamente. Es preferible no hacerse el gracioso sin gracia y dejar que la gracia la hagan los graciosos. Luis Juez, por ejemplo. Siempre que sea entre sus íntimos y después del asado. Por mi parte espero no ser el ejemplo desagraciado.



Es extraño el azar del lenguaje y los nombres. Obama también se llama Hussein. Para no equivocarse por la proximidad fonética, en lugar de Osama-Obama lo más fácil es decir Bin Laden. Aunque algunos legitiman que no es Bin sino Ben. Era, claro. Pensar que como las aguas de los mares fluyen y hoy la ola que está allá está acá, quienes estén ahora retozando en el mar quién sabe se tragan un sorbo del ex terrorista más terrorista del mundo. Vaya a saberse qué gusto tiene.



No quisiera desalentar al lector: pero estoy tratando de eludir el lugar común de referirme al éxodo y disfunción de tantos candidatos políticos. La política no se merece tanto huidismo ni profuguismo.



El periodismo ha instalado esa palabra “bajarse” cuando un candidato sin chance declina seguir postulándose. “Se bajó”, entre los machos y hembras de la especie, tiene un significado intencionadamente obsceno. Se sabe que subir una ladera es más difícil que bajarla. Lo mismo es en la intimidad de los cuerpos.



Supóngase que se trate de una candidata que se retira de la campaña; decir que fulana “se bajó” suena menos sutil que decir en la mesa “bajativo”. A estas alturas de las bajadas ya no se sabe cuántas más podría haber en la cada vez más raleada “cama redonda” política. No hace falta ser sexólogo para entender que esa fantasía sexual llamada “cama redonda” es una experiencia ardua para pocos. Es duro resistir la promiscuidad en tan poco espacio y más duro si en el momento del clímax el actuante recupera la conciencia y observa por ahí el trasero peludo o la panza glotona de otro actuante confundida entre otros cuerpos ajenos. Es lo que está pasando con todos estos ensamblajes fantásticos carentes de toda calentura -no ya de amor que es algo abandonado tras las peripecias de conseguir alguna compañía- y carentes siquiera de convicción para encarar la fantasía en lugar de atribularse y andar rogando que no los metan en excesos.



Es curioso esto de los límites y excesos: ¿Cuál sería el límite o el exceso para Ricardo Alfonsín? Si dentro de sus geografías ya tienen a Oscar Aguad, a Gerardo Morales, a Ernesto Sanz y a Silvana Giudici. ¿Más todavía? Si continúan extendiendo los límites no van a parar hasta pedirle consejos a Keiko Fujimori. ¿Y los límites de Pino Solanas, cuáles serían? Tengo una duda: ¿Los de la rebelión de los pueblos originarios arrasando las plantaciones de soja o la de los piromaníacos de trenes suburbanos ideales como escenografía de películas demagógicas?



Lo que sí sé es cuál es el límite de alianzas del gobernador Hermes Binner. ¿Adivinen? Es el péndulo. Esperar que el péndulo pare. Se va a pasar toda la vida porque no para. Binner es como uno de esos visitantes del Panteón de París. Se la pasan mirando el péndulo de Foucault que hace un siglo y medio va de un lado hacia otro y parece que será así eternamente. No crean que me olvidé del límite máximo que aceptaría Elisa Carrió. Es el de su “Yo”. Si se baja, se mata. Es sensato que siga agarrada allá arriba a sí misma.



En tanto algunos candidatos que se bajan por falta de chances, en realidad al bajarse se suben porque al menos ascienden mediáticamente unos días.



Habrán notado que el tema de los medios ya está instalado en los medios. Últimamente se advierte una escalada de refutación en los periodistas de medios dominantes contra los periodistas no dominantes que venían dominándolos deschavando sus mentiras. Ahora los ex periodistas neutros se arrebatan de color y empiezan a interpelar a los políticos de la oposición que se bajan. Del árbol caído todos hacen leña. Temerosos de perder el resto de capital simbólico, los periodistas no militantes, no oficialistas, no ligados al poder sino nada más ligados al dinero que se les paga y al patrón privado que más los premia, empiezan a coquetear con entrevistas duras a políticos a los que hasta ayer les ponían una blanda alfombra. Y ahora cacarean cuando hasta ayer piaban. Se sienten defraudados por los “bajistas” que fueron empujados a subir sin tener condiciones de escaladores. Los periodistas de los medios dominantes aprovechan las ominosas retiradas para clavarles sus colmillos y así aliviarse de cuando a esos “bajistas” les pasaban la lengua ascendente por los genitales.



Se atribuye a Gabriel García Márquez la frase de que el periodismo “es el mejor o el más maravilloso oficio del mundo”. ¿Y dar a luz a una criatura, salvar a un desahuciado, criar hijos en medio de la miseria, poner el cuerpo para que no muera un cobarde y evitar una guerra qué son, oficios menos maravillosos que el periodismo? Andá. Sigan, arrogantes periodistas. Créanselo. Los que no se lo van a creer son sus receptores. Porque aunque Roma no fue destruida en estos días como predecía un nigromante, no hay ninguna garantía de que el periodismo siga sosteniéndose sobre vigas tan aparentes y vulnerables.
Fuente: 
Revista Debate.