Lunes, 9 Mayo, 2011 - 07:23

Correo de nuestros lectores
La manteca se derrite, los mantequitas y mentecatos también

Los partidos políticos, todos, empezando por el oficialismo, siguiendo por todos los demás e incluyendo especialmente al mío, la UCR, están actuando con un autismo y una falta de realismo impresionante. El oficialismo actúa como si ya fuera ganador de una elección que, al menos por ahora, es a los candidatos y dirigentes supuestos, a los únicos que interesa, opinan y no se preocupan por otra cosa, ni mucho menos por las verdaderas urgencias del pueblo, al que descuidan enormemente, llenándolo de promesas y falsas esperanzas, que, una vez pasadas las elecciones, desaparecen como por arte de magia.

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Los mismos dirigentes del peronismo, o por lo menos, muchos de ellos, me manifiestan su disconformidad, el autoritarismo y su malestar por los enfrentamientos, la soberbia y el abandono que sienten, tanto de los principios, como de ellos mismos, por parte de los jerarcas que se apropiaron de las estructuras, que ellos mismos habían creado o sostenido y en las que habían depositado sus ideales sinceros y esperanzas.



Se sienten defraudados, traicionados. Pero lo manifiestan en voz baja, en secreto diría. Que nadie se preocupe, no voy a revelar sus nombres ni sus cargos ni nada que los comprometa a ustedes ni a los de mi partido. También son muchos, actúan y piensan igual.



Todos agradecen que diga lo que ellos no pueden decir. Todos hablan de Rozas, diciendo en privado las cosas que legalmente yo no puedo decir en público, pero al igual que la inmensa mayoría de los chaqueños, los que quieren una Provincia mejor, los que estarían dispuestos a votar a un radicalismo limpio, saben y sienten de qué se trata. Todos hablan de los rechazos que les produce el sólo escuchar su nombre.



Cosas parecidas, muy parecidas hablan de Capitanich. También lo hacen susurrando. Cuando ellos están presentes, disculpen mis amigos, actúan como mantequitas y como mentecatos serviles y adulones. No se dan cuenta que con esa actitud convalidan todo lo que detestan en privado. Por ese camino no se llega a ningún lado, sólo conduce al mayor sometimiento, a la mayor humillación.



Este es un momento de valientes, la sociedad reclama a quienes se sientan dirigentes, que sean y actúen como personas auténticas, con valor para enfrentar a los hombres que haya que enfrentar y a las situaciones que las estadísticas y el Gobierno se niegan a reconocer. Las vemos y las vivimos a diario con estupor y tristeza.



La violencia creciente, la pobreza, el narcotráfico, la corrupción, el desempleo, el clientelismo, y toda la problemática que no han atendido, en una etapa favorecida por un crecimiento sostenido, por más maravillas que hablen, está a la vista de todos.



Así como todos vemos que hay sectores, como el campo, que están pasando por una época de bonanza enorme, que llena algunos bolsillos y permite que se hagan cosas que nunca se deberían tolerar, sabemos que no dura para siempre y que hay que transformar ese crecimiento en desarrollo, que hay que transformar la política y darle un sentido ético, principista, lo que no impide que para lograrlos se actúe con el necesario pragmatismo y se busquen los consensos, la paz social, los reencuentros, la verdadera y no simplemente declamada justicia social.



No se trata de izquierdas ni derechas, esas son concepciones del pasado y que cada tanto intentan imponer, como falsas divisiones, algunos interesados en descalificar a los otros.



Es posible y deseable que a una época de desenfreno ético e institucional suceda otra de mayor compromiso con la moderación, que permita reconstruir ese valor que se llama democracia republicana. Una democracia republicana que esté al servicio de todos y no de algunos pocos que hablan en nombre de todos, pero actúan en nombre de sus propios intereses personales o partidarios, para que nada cambie en realidad.



La apatía de los dirigentes, su conformismo, su falta de valor para liderar esos cambios reclamados, su falta de valor para, con independencia de criterio, y sin pensar en ventajas o desventajas personales, reclamar a viva voz los cambios que se expresan bajito y con miedo.



Muchos de los que hablo en este momento, actúan como la mujer golpeada, sometiéndose cada vez más al maltrato, poniendo en riesgo la propia supervivencia y la supervivencia misma de los principios por los que muchos luchamos toda nuestra vida.



Veo el esfuerzo que realizan los integrantes de la fórmula Nikisch-Polini. Yo mismo he decidido expresarles mi apoyo, pese a que he dejado varios mensajes en su despacho al senador Nikisch, para ofrecerle, de manera mucho más concreta y coordinada, lo que puedan necesitar, nunca he recibido respuestas, como si temiera que fuera a pedirle algo. Antes me cortaría la lengua.



Es precisamente el no deber nada a nadie, ni el andar buscando puestos, ventajas personales ni integrar listas, que comprometan mi propia libertad para decir lo que pienso, la que me permite, sin pelos en la lengua, decir lo que creo correcto y que, afortunadamente, he comprobado personalmente que no soy el único y la enorme cantidad de personas que sienten igual.



Es el escuchar a quien puede opinar distinto en algunos aspectos, el no encerrarse y respetar las diferencias, especialmente si son leales y sinceras, lo que les dará la fuerza necesaria para encarar una campaña difícil y sucia. Sólo de la búsqueda afanosa de consensos, aunque sean los mínimos e indispensables saldrán las posibilidades ciertas de un futuro mejor y duradero.



Unos hablan del "modelo" pero no explican si hablan del de Moyano, del de D´elía, del de Hebe de Bonafini, del de La Cámpora, del de Moreno, del de Chavez o del de quién. Otros hablan del proyecto de país, mientras discuten candidaturas y no dicen cuál proyecto, cuál plan. No se sigan equivocando, no se sigan burlando.



Creo que es hora de expresar públicamente todo eso que muchos dirigentes políticos y personas que no son siquiera militantes, pero se interesan en lo público, dicen en privado.



Hacerlo sería dar valor a nuestras convicciones, ayudar verdaderamente a la fórmula que apoyamos, brindándole el sustento que seguramente necesita explícito, para sí actuar con todo el vigor y la energía que las circunstancias requieren y que hasta ahora no han podido demostrar ni transmitir, pese al enorme esfuerzo que realizan. Seguir actuando como mantequitas y como mentecatos no sirve para nada.



(*) [email protected]