Domingo, 8 Mayo, 2011 - 19:10

Correo de nuestros lectores
Hacer política con vocación de servicio

No se puede ignorar que últimamente existe resabio a la clase política, se escuchan murmuraciones tales como: “ellos engordan sus bolsillos”, “se olvidan de la gente”, “son inoperantes y mentirosos”. Todas estas expresiones son fruto de la desilusión y de la bronca, pero no son válidas a la hora identificarlos a cada uno, pese a que el término “clase política” a veces sea en tono despectivo.

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Política, definida “como el arte de lo posible”, significa que quienes la transiten necesitan de una mente creadora para “hacer posible” aquello que la sociedad necesita y reclama. Aunque todavía quedan huellas de viejos errores, la herencia de doctrinas, puede decirse que comienzan a emerger figuras nuevas , los habrá oportunistas, los que hacen ruido pero no hacen anda, los que con serenidad hipócrita toman medidas nefastas, los verdaderos luchadores sociales que no claudican ante lo adverso, que surjen casi de la nada, y los que quieren trabajar para el país desde el estrado de la política, como herramienta de cambio.



Quienes toman las filas de su partido, o de modo independiente, lo hacen sobre una base ideológica, valores propios, con vocación de servicio, porque quieren, porque sienten, por convencimiento.



Actitud de servicio: “Convicción íntima de que es un honor servir, ser útil”. Esto es lo que se mide, desde la ciudadanía: si son o fueron útiles. Porque ejercer una función política es haber aceptado “gobernar o dirigir la administración del Estado en beneficio de la sociedad” y no en beneficio propio.



Transitaron nuestra historia, nacional como chaqueña, políticos de “pura cepa”, de vocación de servicio. Aquellos, los de la oratoria ronca exaltando a la multitud, y sus gestos quedaron grabados en la memoria colectiva.



Un funcionario público tendría que ser el que tome decisiones inteligentes en momentos críticos, y en tiempos de calma. Con ojos que vislumbren la tormenta, tal como desde un atalaya, poder mirar a lo lejos, y aventurar un horizonte posible, intuitivo, visonario.



Muchos podrán recordar en sus íntimos silencios, aquella vez que: “Cuando mi hijo estaba grave, él me recibió en su despacho, me escuchó con corazón de padre, y trató de resolverme el problema” o “Me acuerdo de él, cuando mi vivienda estaba bajo agua, nos dio una respuesta y se condolió con nosotros”, “Sin conocerme ante mi saludo, me tomó del hombro, caminó conmigo, y pude hablarle sin vergüenza”, “Cuando le dije a la guardia que lo esperaría a que terminara la reunión, salió y me atendió comprendiendo mi problema”. Comprender los problemas, esa es la clave.



Así ocurre, cuando el funcionario político no pierde el sentido de la gente, no discrimina, entiende el dolor o las necesidades ajenas, y reconoce estar en un espacio de poder para administrar y atender o hacer atender, porque cuenta con estructuras para dar respuestas oportunas.



Cuando existe el silencio, cuando se escudan detrás de escritorios inaccesibles, cuando sus teléfonos están apagados, cuando sólo se ocupan de lo “macro” o de un sector , se levantan voces ásperas y dolidas. Porque se sabe, que a ellos se los necesita y se deben a la sociedad, a nosotros, además de pertenecer a ella.



Aquellos que hacen de su espacio para tener solamente una oportunidad personal, defraudan a los más cercanos y lejanos.



Si se quiere defender la libertad, si se desea construir una sociedad sana, es necesario que tengan vocación de servicio por un futuro que prospere, con jóvenes sanos y preparados para un mañana, con niños con un hogar, lo que es sinónimo de pan y trabajo.



Deben ser custodios del bienestar, siendo responsables en la toma de decisiones, evitando las discusiones vanas de oportunismo electoral, que conllevan a cometer errores de arrastrar a todos a lo incierto, a lo imprevisto, y peor aún a una realidad donde la libertad se confunda con la anarquía.



La sociedad no cumple el rol opositor si no se vale de la crítica. Por eso se enoja, aplaude, apoya y pide políticos de vocación de servicio.
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